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28 9 08 HORIZONTES cen a unos 20.000 campesinos. Algunas de estas sociedades no son nada conocidas, elaboran poquísimas botellas (de 12.000 a 40.000) pero de un champán excelente. Aquí se elabora vino para 338 millones de botellas que se venden en todo el mundo, algunas a precios astronómicos. Tanto en Reims como en los pueblos de los alrededores (unos 320) de la ribera del Marne, donde están los viñedos que parecen jardines, hay infinidad de diminutas y desconocidas bodegas que invitan al visitante a degustar y comprar. Todo es un puro souvenir de vinos y marcas. Ahora son tiempos de vendimia. Los campesinos adoran al sol casi tanto como los egipcios, pues sus rayos son la mejor medicina que puede tener la uva para alcanzar el grado de alcohol necesario para que se produzca el milagro, porque el champán es casi un milagro, no en vano el método champenoise que caracteriza este vino) salió de la mano (y por casualidad) de un monje, Dom Perignon, que, en agradecimiento, las bodegas de Moët Chandon han dado nombre a uno de sus mejores caldos. La maduración de la uva necesita, por su peculiar clima frío y por la falta de luz, más tiempo que en otras regiones, hasta el punto de que hay que esperar una semana de sol para conseguir un grado más de alcohol. Esto lo dice todo, como el extremado cuidado que tienen con sus uvas, no en vano hacen el pressoir inmediatamente de la vendimia, para que la uva no sufra y no tenga que viajar una serie de kilómetros hasta la prensa de su bodega. Cada pueblo tiene su prensa y es el mosto extraído el que viaja, no la uva, que ha sido cuidadosamente recogida por los vendimiadores, que tiempo ha fueron marroquíes y argelinos y hoy proceden de países del Este. Estuvimos visitando la bodega Henri Abelé, la tercera más antigua de Reims, fundada en 1757 que fue adquirida hace unos años por el grupo español Freixenet. Su director general, Pedro Bonet Ferrer, se empleó a fondo para explicarnos el secreto de la elaboración de las casi 500.000 botellas de este espumoso cuyo mosto se fermenta por separado según vengan las uvas de un viñedo u otro. Las botellas se colocan a 22 metros de profundidad, en cuevas con una humedad del 90 por ciento y una temperatura constante todo el año de 11,5 grados, lo que permite una segunda fermentación (la de la botella) muy controlada. Además, el suelo, con una gran estructura mineral confiere a sus vinos un sabor especial. Algo de magia debió de otorgar el Papa Mago a Reims para ser la cuna del vino de los dioses. Empezando la vendimia Miles de botellas reposan en las cuevas de sus bodegas esperando la segunda fermentación, la que se hace en la botella J. F. ALONSO Reims La ciudad del Papa Mago (Viene de la página anterior) con creces y eso fue lo que más me atrajo para hacer una novela sobre él, muy documentada, con datos que he recogido en la Biblioteca Nacional de París y en su Archivo Nacional más que en Reims. Francia fue el país que más documentó la etapa de la historia que fue el milenarismo, más que España Apuesta por la Unión de Europa Silvestre II- -prosigue Ruiz Montañez- -fue un precursor de su tiempo y hombre muy ambicioso. Un hombre que apostó por la unión de Europa, muy amigo de Otón II (que unió el Sacro Imperio Romano Germánico) y de su hijo Otón III (del que fue preceptor) quien le ayudaría a auparse al trono de San Pedro. Silvestre II se supo mover bien y asistir a los acontecimientos más importantes de la época, como la coronación del emperador Esteban, el hombre que unió Polonia con Hungría. Y todo esto lo hacía porque tenía una idea muy clara de una Europa poderosa. También se interesó mucho por la ecología y en especial por la teoría de Gaia, de una tierra fuerte, capaz de defenderse de sus hijos que la maltratan y que, salvando las distancias y el tiempo, está muy en la línea de lo que ha escrito hoy Al Gore sobre el cambio climático En Reims, una ciudad con historia que hoy tiene unos 200.000 habitantes, Eisenhower firmó la rendición de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, después de que quedase completamente destruida por los bombardeos. Lo que hoy queda en esta ciudad de Silvestre II es el recuerdo de haber sido el único Papa francés, pues la región de Champagne- Ardennes, gracias a sus viñedos y a su peculiar clima y suelo, es más conocida por la producción del espumoso vino que por el Papa Mago. No en vano hay 34.000 hectáreas de viñedos dentro de la Denominación de Origen (DO) Champagne, y un proyecto a veinte años para la ampliación de otras 14.000 hectáreas netas, debido a la enorme demanda que suscita tan burbujeante vino. Históricamente había muchas hectáreas de cultivo, pero cuando en 1927 se crearon las bases de lo que después sería la D. O. no se registraron. Tener una viña en Champagne es poseer un tesoro, porque la escasez de tierra para el cultivo de esa uva (6 euros el kilo) hace que su precio esté por las nubes. Nada menos que un millón de euros se paga por hectárea y si un agricultor quiere vender no lo puede hacer a su antojo y al mejor postor, al existir una regulación (la sociedad estatal SAFER) que le obliga a hacerlo a otro campesino, para que cuide el viñedo como a la niña de sus ojos. En la región de Champagne hay 280 sociedades (bodegas) de negocios de este vino espumoso, el mejor del mundo, cuyas viñas pertene- A millón de euros la hectárea En la bodega de Henri Abelé Silvestre II vivió durante dos décadas en Reims llegando a ser arzobispo de la ciudad de donde despegó hacia Roma para convertirse en el único Pontífice francés Miguel Ruiz Montañez ha novelado en un libro la personalidad de este Papa cuyo pontificado coincidió con las leyendas y miedos al efecto milenio que no fue nada