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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Henry Z. Steinway El artesano del piano de cola Creció entre los sones majestuosos del rey de los pianos de cola, pero era incapaz de distinguir una pieza de Beethoven. Henry Z. Steinway, el maestro artesano del instrumento rey era un tipo irónico POR EDUARDO CHAMORRO alos tiempos para el teclado. Richard Wright, teclista fundador- -y prácticamente póstumo- -de Pink Floyd, falleció poco después de que lo hiciera Martín Tytell, un enamorado de las máquinas de escribir, que durante 65 años mantuvo abierto su taller en Manhattan, tras haber trabajado para la Inteligencia de su país durante la Segunda Guerra Mundial, adaptando la mecanografía de las fuerzas armadas a cualquiera de los idiomas asiáticos. Poco después logró que el teclado de una máquina de escribir americana alcanzara la versatilidad suficiente como para trabajar en 145 idiomas, desde el ruso al griego de La Ilíada Cuando Mamie Eisenhower, la mujer del presidente Ike, se cansó de redactar a mano las invitaciones a la Casa Blanca, Tytell le proporcionó un teclado para escribir en letra cursiva. En sus fotos aparece con una corbata de lazo, una pipa entre los dientes y una Smith Corona al alcance de sus dedos y al punto de su diagnóstico. Puede que esa máquina de escribir fuera la de uno de sus más probables clientes: Henry Z. Steinway, muerto el miércoles, 17 de septiembre, en su hogar de Manhattan, quien solía decir que el único teclado que dominaba era el de su Smith- Corona. Siempre fue un hombre irónico. Su padre y su abuelo lo fueron. Y también su madre. El número de lecciones de piano que he recibido a lo largo de mi vida es incontable. Y, sin embargo, aún no sé reconocer si una pieza es o no es de Beethoven Cuando, a comienzos de los setenta, decidió compartir las acciones de la empresa familiar con la CBS, su madre le dijo que aquello era una traición. A continuación se sentó a su lado y se embolsó lo que le correspondía. Que no era poco. La fábrica de pianos Steiway llevaba instalada en Nueva York desde antes de la Guerra Civil. Era la más grande, y su negocio llegó a ser tan boyante que Theodore E. Steinway, el padre de Henry, se pudo permitir con soltura la largueza de prestar algún que otro piano a las estrellas cuyos conciertos le proporcionaban una fama en constante ebullición. Unas décadas más tarde, cuando las cosas se pusieron algo menos prometedoras, su hijo Henry recorrió las residencias de aquellas estrellas para reclamar el pago del piano o su devolución. Estaba aquella fábrica en Park Avenue, entre las calles 52 y 53 East, donde estuvo hasta que en 1910 Theodore vendió el inmueble para construir en su lugar un edificio del que se quedó con un apartamento, el hogar donde Henry nació el 15 de agosto de 1915, y residió hasta que el edificio se vendió de nuevo, esta vez para demolerlo y conseguir el espacio necesario para el Mies ven der Rohe s Seagram Building. M La nueva fábrica La nueva fábrica Steinway se levantó en Queens, y Henry creció entre los sones majestuosos del piano en las grandes orquestas, y los mucho mas sincopados y nerviosos de los músicos que trabajaban en el Tin Pam Alley, creando lo que sería la segunda o tercera raíz de la música popular americana. Fue entonces cuando Irving Ber- lin escribió I love a Piano asegurando, sin la menor vacilación en la expresión de la metáfora, que él sí sabía la mejor manera de acariciar un Steinway Henry hizo bastante más que acariciarlos. Aprender la cuidadosa y precisa colocación de las mil y una piezas que mueven la música entre la tapa y la cola del suntuoso instrumento le costó años de unos esfuerzos cuyo empecinamiento jamás le llevó a superar la técnica de sus operarios. Lo que hace uno de ellos en cuatro horas a mí me cuesta día y medio Puede que fuera ese respeto por sus trabajadores lo que estimulara a su padre a poner la fábrica en sus manos a mitad de los cincuenta. Durante los veinte años siguientes, la televisión acabó con las giras de las grandes orquestas. Las casas se hicieron más pequeñas y el piano quedó desplazado por el fonógrafo. La Steinway fue vendida de nuevo en 1985 y 1995. Henry Z. Steinway se retiró a los 65 años, aunque no dejó de visitar con regularidad la Steinway Musical Instruments hasta hace unos meses. Tenía la Medalla Nacional de las Artes y era el presidente fundador del Museum of Making Music de Carlsbad, en California. Henry Z. Steinway, el último Steinway que dirigió la empresa de pianos de cola AP