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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE ÁNGEL CÓRDOBA A la vera de Abdulah Azzam crecerían dos islamistas muy distintos que años después se imbricarían para formar la que en muchos círculos se considera la más célebre pareja del mal Un idealista multimillonario saudí víctima de la religión y de sus propios complejos y un médico egipcio expulsado de su país por su bagaje subversivo. Osama bin Laden creció en un ambiente palaciego, pero nunca llegó a mezclarse con la fastuosa corte saudí. Nacido en 1957 en Arabia Saudí, se crió como un extraño en la populosa familia de su progenitor. Hijo de una mujer siria de ascendencia alawí- linaje con raíces chiíes- se educó en una escuela religiosa de la ciudad de Yeda, a escasos noventa kilómetros de La Meca. Bin Laden fue reclutado en Yeda por una de las organizaciones de Bin Baz y enviado a Pakistán, donde abriría el camino a su maestro, pese a no ser uno de los alumnos más brillantes. Charles Allen, historiador británico, opina que las estrechas relaciones entre la familia Bin Laden y la estirpe de los Ibn Saud, unido al deseo de la casa real saudí de mostrar su compromiso con la defensa del islam en Asia Central, fueron determinantes. En su libro God s terrorists, este escritor define a Osama bin Laden como el embajador no oficial de Arabia Saudí. Una especie de agente secreto, de ariete enviado por el propio Bin Baz para organizar el nuevo desembarco wahabí en las tierras amigas de Pakistán y Afganistán. La tercera hoja del trébol que alumbró la yihad internacional fue Ayman al Zawahri, médico de profesión que ejerció como cerebro gris en la Yihad Islamiya, uno de los grupos fanáticos más sanguinarios de Egipto. Si Abdulah Azzam fue el padrino ideológico y Bin Laden el más eficaz gestor y logista, Al Zawahri fue el factótum que concibió la incipiente organización como un árbol extenso y frondoso, plagado de innumerables ramificaciones. Numerosos autores le atribuyen la vanguardista idea de transformar la lucha armada en un sentimiento que se inoculara en las conciencias más débiles, en una marca global, de nombre Al Qaeda, que funcionase como una franquicia. Nacido en el seno de una acomodada familia de El Cairo, se crió en un entorno culto, rodeado de diplomáticos, médicos y eruditos religiosos. Uno de sus abuelos ejerció de embajador egipcio en Arabia Saudí y contribuyó a la creación de la Universidad King Saud de Riad. Uno de sus tíos combatió contra las tropas británicas en Egipto y después participó en la fundación de la Liga Árabe. Su tíoabuelo fue Gran Imán de la mezquita de Al Azhar y supuesto discípulo de los sucesores de Muhamad ibn Abdel Wahab. En su época universitaria, Al Zawahri quedó prendado de las ensoñaciones de Sayed al Qutb y profundamente impactado por su ejecución. Algunos estu- diosos apuntan a que la decisión del entonces presidente egipcio, Anwar Sadat, de despreciar a los Hermanos Musulmanes que le habían ayudado y de acercarse a Estados Unidos y firmar la paz con Israel, fue lo que decantó su vida. Sadat había manipulado a la cofradía. En el albor de su mandato cultivó su amistad y permitió su recuperación con el objetivo de desprenderse de la larga sombra de Naser, que lo atosigaba. Pero una vez que la guerra del Yom Kipur, en 1973, engalanó su figura, inició una campaña de acoso y restricción de las actividades de la sociedad que le costó la vida. Al Zawahri fue uno de los miles de islamistas que fueron arrestados horas más tarde del asesinato de Sadat, tiroteado en 1981 por uno de los Hermanos Musulmanes que servían en el Ejército. Tres años después salió de las tenebrosas cárceles del actual presidente egipcio, Hosni Mubarak, dispuesto a blandir la espada del islam. Si Azzam fue el padrino ideológico y Bin Laden el más eficaz gestor y logista, Al Zawahri fue el factótum que concibió Al Qaeda como un árbol frondoso y plagado de ramificaciones Nacido en una acomodada familia, Al Zawahri se crió en un entorno culto, rodeado de diplomáticos y eruditos religiosos. Uno de sus abuelos fue embajador en Arabia Saudí Azzam, Bin Laden y Al Zawahri coincidieron por primera vez en un pequeño apartamento situado en un barrio de clase media de la ciudad de Peshawar, conocido por vecinos y visitantes como Maktab al- Jaidamat al- Muyahidin (Oficina de Servicios de los Muyahidin) Desde sus austeras habitaciones, y con ayuda de los servicios secretos locales y extranjeros, el denominado triunvirato del mal tejió una complicada y opaca red yihadista destinada a combatir el comunismo y, en menor medida, la herejía chií. Sus principales socios fueron el Partido Islámico de Gulbbudin Hekmatyar y el Partido de la Unidad Islámica, fundado por Abu Sayyaf, ambos de ideología deobandi y wahabí y con estrechos lazos tribales con los clanes pastunes del norte de la provincia de Waziristán. Es imposible conocer el número exacto, pero se calcula que por esta oficina pasaron más de 25.000 combatientes extranjeros, algunos después tristemente célebres como el jordano Abu Musab al Zarqaui, pretendido líder de Al Qaeda en Irak. Pasaportes de Arabia Saudí, de los países del Pérsico, de la propia Jordania o de Egipto, Sudán, Somalia, Chechenía, Malasia, el Líbano, Siria, Palestina o el Magreb llenaron sus cajones. Desde allí partían hacia los distintos campos de entrenamiento para aprender las esencias de la lucha armada que, con el tiempo, algunos de ellos exportarían al norte de África, el sur de Europa y Estados Unidos.