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28 9 08 ACTUALIDAD El juez Dívar, ante el panteón familiar de la localidad palentina de Baltanás, en agosto pasado ABC Dívar Buen juez y hombre bueno Las formas también le acompañan. Y le gusta cultivarlas. Su manera de hablar recuerda a la de los sacerdotes en las homilías- -por algo cariñosamente le llaman padre Dívar -y su tono de voz rebosa siempre cariño, incluso cuando algo no le gusta. Cuentan que cuando Fernando Grande- Marlaska le comunicó que se iba a casar, Dívar, ignorante de la condición de homosexual de su compañero, empezó a hablarle de las virtudes del matrimonio y de la familia tradicionales. Grande- Marlaska le sacó de su error y entonces él. sin perder un ápice la compostura, le contestó: Ay, hijo, rezaré mucho por tí Si en algo coinciden todos es en describir a Dívar como una persona cariñosa como un buen hombre que se hace querer No habla mal de nadie, y nadie puede hablar mal de él inciden. Sin temor Tampoco dentro del despacho, en su trato con los terroristas y otros delincuentes, Carlos Dívar abandona las buenas maneras y el trato cordial. Es, aseguran, suave en las formas pero implacable en sus decisiones Incluso cuando tuvo ante sus ojos al gélido etarra Henri Parot y le tocó interrogarle sobre el asesinato de la fiscal y compañera Carmen Tagle. Ese fue otro de los momentos más dolorosos que vivió en la Audiencia Nacional. Él, como Tagle y muchos otros, también ha estado bajo el criminal punto de mira de ETA, y los terroristas llegaron a disponer de informaciones muy completas sobre sus costumbres. Por ello cuenta con escolta. Sin embargo, Dívar vi- ve tranquilo porque cree firmemente, y así lo dijo en una conferencia, que cuando se ama, no hay nada que temer En la década de los ochenta, los primeros de la andadura de la Audiencia Nacional (este tribunal se creó en 1977; Dívar llegó en 1980) y los más duros de la barbarie etarra, era de esos pocos jueces que informaba al detalle a los detenidos sobre cuáles eran su situación y sus derechos. Su trato hacia ellos podría compararse con el que dispensa un padre al hijo descarriado o un sacerdote al recibir confesión. Tras acordar el ingreso en prisión del imputado, solía terminar las comparecencias con un deseo casi sacramental: Espero que Dios se apiade de usted y durante todo este tiempo le haga meditar sobre el mucho dolor que ha causado Los viajes, el arte y la ópera se cuentan entre sus aficiones. Ha dado la vuelta al mundo tres veces y entre sus destinos predilectos se encuentran Egipto e Israel. Como católico practicante, y caminante bien entrenado, ha peregrinado a Tierra Santa siguiendo la dura ru- ta del Éxodo descrita en la Biblia; la misma que condujo a los israelitas desde Egipto a Palestina, recorriendo de norte a sur y luego de sur a norte la península arábiga. Fruto de esos recorridos y de sus estudios, se ha convertido en un gran conocedor del arte egipcio y de la cultura árabe en general. No hay fin de semana que Dívar no aproveche para visitar alguna exposición. La música, en especial el bel canto y la clásica, es otro de sus hobbys. Disfruta y se relaja con ella. Es asiduo espectador de ópera y conoce y canta obras enteras. Apasionado lector de teólogos medievales, el ya presidente del Tribunal Supremo aplica en su día a día las máximas que aprendió de ellos. Sus preferidos, a los que cita de memoria con frecuencia, son San Agustín y Santo Tomás de Aquino. Y quizás piense en sus enseñanzas- Justicia sin misericordia es crueldad o Aprueba a los buenos, tolera a los malos y ámalos a todos -cuando dedica parte de su tiempo a ayudar a los presos comunes. No es extraño verle en los centros penitenciarios, donde acude para hablar con los internos y aconsejarles para favorecer su rehabilitación. Sensible al sufrimiento, este peculiar magistrado siempre tiene una palabra amable, sea quien sea la persona que está frente a él. Y más si se trata de niños, con quienes despliega una especial sensibilidad. Son varios los chiquillos que tiene apadrinados y ayuda a instituciones vinculadas tanto con la infancia como con los presos. Dívar mantiene una relación muy buena con las personas con las que trabaja, pero no es proclive a intimar en exceso. Sabe guardar una cordial distancia profesional y, de hecho, nunca se le ha visto integrado en alguno de los grupos que jueces y fiscales forman para ir a tomar café. Con el único magistrado de la Audiencia Nacional con quien sí mantiene una estrecha amistad es con Ismael Moreno, quien precisamente le sustituyó como Juez Decano de ese Tribunal cuando Dívar fue nombrado presidente en el año 2001. Cuentan en esa casa que un año no acudió a la cena de Navidad. En esa ocasión, sin embargo, su ausencia no tuvo nada que ver con ese buscado distanciamiento. Luego se supo que había dejado plantados a sus compañeros para ir a repartir juguetes entre los niños pobres del Corredor del Henares (en Madrid) En estos días de despedidas, recibimientos y felicitaciones, Carlos Dívar no puede evitar sentir un pellizco en el estómago. Deja un Tribunal para el que ha trabajado veintiocho años y por eso no quiere hablar de adiós Prefiere que sea un hasta luego Como él mismo diría: Que Dios le bendiga, don Carlos La cena de Navidad Buen conocedor de la cultura árabe, ha peregrinado a Tierra Santa siguiendo la dura ruta del Éxodo descrita en la Biblia, la que condujo a los israelitas de Egipto a Jerusalén Pese a sus cargos, nunca se olvida de los más necesitados. Acude a las prisiones para ayudar a los presos comunes y reparte juguetes en Navidad entre los niños pobres