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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE conscientes de lo que viven día a día. Haga el esfuerzo de ponerse en la piel de un niño que tenga que vivir en una clase en la que no haya disciplina, con gente gritando, saltando, el maestro desquiciado, enfadado... Por eso alguno deseó en el árbol del Carles Selma no una Play sino que todos los chicos se porten bien Porque necesitan un espacio de paz y de tranquilidad, donde se les quiera, donde poder expresar sentimientos, ser un poquito felices, y aprender, desarrollarse y convivir en armonía, y eso no es fácil que lo consigan en un colegio gueto donde la armonía es sillas volando Siquiera jugando en el recreo: Hay niños que no quieren salir al patio para no sufrir el acoso salvaje- -sobre todo de gitanos a rumanos- -y que cunde cuando en el aula gueto se reproduce el sistema de familias y bandas de la calle- -los hay que son hijos de traficantes- Juan Ramón, el profesor de la resistencia, está atento. Jo tinc un somni Carmen tiene 10 años y una melena hasta la cintura que cuando se balancea sobre la barandilla de la escalera vuela con el viento que ha dejado la tormenta de primera hora de la mañana. Por eso no ha ido al cole: llovía. Es alumna del Carles Selma Carmen está con Eli, que también tiene 10 años, pero que a pesar de vivir a pocos metros del cole de San Lorenzo va al de San Agustín. Mi madre dice que el Carles Selma es malo y no se aprende A ver, examen improvisado. ¿Cuál es la capital de España? Silencio. ¿Las provincias valencianas? Silencio ¿6 x 8? 48 se adelanta Carmen. ¿Y cómo se llama el presidente del Gobierno? Entonces Eli, con la que Punjab trabaja por su capacidad limite contesta: ¡Zapatero! Y se ríe, claro que se ríe. Su pregunta era más importante y acaba de demostrar que su mamá tiene razón. Jo tinc un somni Juanjo tampoco aprendió gran cosa en el colegio que está al otro lado de la carretera de Ribesalbes, esa frontera que desde que se levantaron las torres en San Lorenzo divide lo bueno y lo malo El niño acaba de llegar en un autobús de su nueva escuela, a varios kilómetros de su casa, y en donde su madre, que es una gitana trabajadora de la mediación intercultural, le ha conseguido plaza. ¿Con enchufe? pregunto. Pero se va por las ramas. El niño, sin embargo, va al grano. Nati- -me dice- -era mala y me dejaba encerrado. Y un rumano me pegaba. Eran niños salvajes. Ahora tengo amigos y aprendo Con 7 años no sabe ni poner su nombre: empieza a agrupar sílabas. Hacía muchos dibujos, pero también me aburría. Yo no aprendí ná Juanjo y Carmen, que viven en las torres malditas, son la prueba de que ni siquiera los gitanos quieren ir al gueto donde los gitanos dominan. Ellos también, si pueden, se van. Jo tinc un somni En España la enseñanza es obligatoria hasta los 16 años. Pero en el gueto no lo es ni hasta los 12: el absentismo, que llega al 30 por ciento, es totalmente impune Alumnado del cole gueto: 97 matriculados; 74 gitanos, 2 rumanos, un lituano y un chino; 19 payos; 25 con necesidades de pedagogía terapéutica y 3 discapacitados Desde luego, imposible tachar de racistas a Milagros, madre de tres niños del Carles Selma o a Enrique, ambos bronce puro. Me explica la primera que con 6 años sus criaturas no escriben ni papa, ni mama y el del segundo, que necesita un logopeda, está abandonado a su suerte. Se ve que nuestros niños son diferentes dice con retranca la gitana. Tampoco es una cuestión de racismo para las tres madres payas y castellonenses que acuden a la puerta del Carles Selma Lo espeta bien alto una de ellas, madre adoptiva de la niña china. No me dirán racista que mira cómo es mi hija, pero dónde no hay no se puede sacar. Esos niños no tienen nada en la ca- beza. Porque aquí el que quiere, estudia y aprende Entonces me enseña el cuaderno primoroso de su niña. Junto a ella, Yolanda, que también sujeta cuadernos sin tacha, cuenta cómo en el cole no hay ni Asociación de Madres y Padres (AMPA) -antes se llamaba APA pero se ve que ha calado la cultura de la Igualdad en la que está empeñada la ministra Aído- -ya que ni hay interés ni miembros que la quieran formar, como tampoco hay padres en el Consejo Escolar, en donde se espera inútilmente a siete padres madres y al que asiste ella sola. Al lado, una señora lituana, periodista en su país y naranjera en España. cuya hija más pequeña es alumna del gueto, ratifica lo dicho: El que quiere, puede Sus otros dos hijos más mayores lo atestiguan. ¿Y sus niños no se sienten raros? inquiero. Es que no los dejamos sentirse así Jo tinc un somni Juli Montañés, el director del Carles Selma también le dice colegio gueto. Y lo hace sin rodeos, sin paños calientes. Once años en él, los últimos cinco como director, avalan sus palabras. Técnicamente se llama CAES (Centro de Acción Educativa Singular) pero si estos niños supieran lo que tienen que saber se darían cuenta de que no es sino un eufemismo. Montañés lo ve claro: Después de su época dorada, con 320 alumnos a tope, llegaron otras leyes educativas, llegaron otros niños y vino el éxodo. Se fue transformando en eso, un colegio al que por la condición de su alumnado había que dotarlo de medios especiales, más en calidad y cantidad, pero al final sólo se ha quedado con un nombre técnico sin más contenido, donde los profesores cambiaban cada curso. Ahora por lo menos hemos conseguido una estabilidad en la plantilla, que se ve premiada con unos puntitos de más para luego elegir otros colegios, y eso le da también estabilidad al centro. Así que hay disposición del personal después de haber estado solos muchos años. ¿Cómo es posible que hayamos tenido 6 profesores en prácticas? Y lo peor- -apostilla el maestro- -es que se hayan ido contentos Se refiere a la labor realizada, pero seguramente pensaban en la libertad, en haber sobrevivido a los malos tragos. Montañés ha llegado apurado a la cita con D 7. Una entrevista con la inspección le ha retenido más de la cuenta. Uno de los alumnos se puso ayer violento, muy violento, y el director lo ha expulsado tres días a su casa. ¡Un castigo de tres días sin cole para alguien que casi no viene! Es lo que hay. No se puede hacer otra cosa. Los casos de violencia son puntuales pero siempre reiterados por los mismos. Piense que las referencias de estos niños son un desastre. Armados tampoco vienen, (Pasa a la página siguiente) La otra fuga: el profesorado Examen de urgencia gración como cuenta Juan Ramón, uno de los profesores con más solera del centro- -salvo la directora y doña Rosa, otra maestra, que llevan 11 años, el resto del profesorado es nuevo, como cada año- pero ahora no hay nadie en esas circunstancias de minusvalía oficial. Aquí- -me dice- -se les pide a los maestros que sean héroes. Que sean padres, guardianes, vigilantes. Que sean supervivientes. Aquí los profesores lloran, se vienen abajo, pero nadie se coge una baja. Vinieron el año pasado un médico y dos enfermeras por una campaña de vacunación y un padre puso contra la pared al doctor. ¿Y cómo podéis aguantar aquí todos los días? se llevaba las manos a la cabeza Y cómo los niños pueden soportarlo. Por eso Ana Giménez, la doctora de la Universidad Jaume I que nos compaña en esta aventura al sinsentido y que es el alma del proyecto Cosmos con el que la Fundación gitana Punjab busca descomponer el gueto, confiesa que ir a un colegio así es una condena para una criatura. Del gueto sólo sale la reproducción del gueto, la marginación produce más marginación y la concentración de todo eso produce más gente en contra de la sociedad. Muchos chicos son muy Para los niños, el gueto es una condena