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28 9 08 EN PORTADA El absentismo deja las aulas despobladas impunemente y los asistentes viven la desolación de la clase como otra merma más, en medio de bosques de patas de sillas Escuela gueto Condenados al cole POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS ALBERTO SÁIZ scondido en un pasillo del colegio gueto Profesor Carles Selma de Castellón, hay un árbol de cartulina verde donde las ramas son deseos. Tener un piso Que todos los chicos se porten bien Viajar lejos Que no llueva en marzo Mucha salud Jugar mucho Reír En la copa leo Vivir y la base del pino la sustenta un Que se cumplan los deseos de todos Es media mañana. Apenas se oye a los niños, entre 3 y 12 años. Normal, como ha llovido, no vienen. Por eso las aulas, despobladas, son un bosque de patas de sillas levantadas. Apenas tres, cuatro chiquillos, a lo sumo diez en algunas clases. Ni el más elitista de los colegios tiene una ratio tan baja de alumnos por profesor. Pero de aquí la mayoría no sale camino del instituto para premio extraordinario; de aquí se sale sin ni siquiera saber leer y escribir, sin saber sumar y restar llevando. Después de 9 años y muchos meses de ausencia impune, de cientos de batallas- -por el comportamiento, E por la actitud, por las palabras, por el acoso, por la anormalidad- -se sale del primer ciclo de la enseñanza obligatoria- -aquí la imposición es un sarcasmo- -en blanco. Que no blanco: De los 97 alumnos matriculados este curso, 74 son gitanos; también hay 2 rumanos, uno lituano y otro chino; 19 son payos castellonenses, 25 necesitan pedagogía terapéutica porque abundan las dificultades en el habla y tres son discapacitados que no controlan los esfínteres. No, no. No se trata de un centro especializado en niños con problemas: Es el colegio del barrio, del de San Lorenzo, que allá por los 50 recibió a emigrantes del resto de España, gente trabajadora, mucha de la misma Valencia, y en el que luego se levantaron dos torres de pisos de protección social hacia los 80 y muchos se ocuparon de feroz marginalidad. Fue cuando el aluvión se hizo tsunami. Entonces los chicos del barrio de toda la vida empezaron a huir hacia otros colegios públicos o concertados mientras se operaba el proceso de concentración. El gueto en el que esta mañana me encuentro había nacido. Miro el árbol de papel. Acariciar el viento con la yema de los pies ¿Habrá un poeta? ¿Un Luther King? I have a dream Pero aquí nadie habla inglés. A estos niños forasteros y a los gitanos, que son castellanohablantes, se les habla en valencià porque el cole, además, es de inmersión lingüística. A esto la antropóloga Ana Giménez lo llama la guinda del despropósito, y lo pinta como una Pinito del Oro en el trapecio sin piernas ni brazos. Jo tinc un somni (Yo tengo un sueño) No muy lejos de San Lorenzo está el barrio y el colegio de San Agustín. Otro arrabal de aluvión. Otra escuela gueto. Pero a diferencia del Carles Selma aquí no sólo vienen los niños que no han podido o han querido escapar, o a sus familias les da lo mismo- -el grupo más numeroso- sino que un autobús recoge a alumnos desde distintos puntos de la ciudad para traerlos hasta este cole de concentración. Con premeditación y alevosía. Tampoco son niños cualquiera: son extranjeros, generalmente recién llegados- -no pocos inmigrantes de cursos anteriores han conseguido huir, según confirma la dirección del centro- De tal manera que el alumnado está formado por 55 gitanos, 47 rumanos, 4 marroquíes, 2 argelinos, 1 venezolano y 2 payos castellonenses. Hace dos años hubo un discapacitado de inte-