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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Un grupo de mendigos a las puertas de la tumba del santón Las bodas colectivas evocan la vieja leyenda del amor imposible de Isli y Tislit, cuyas lágrimas llenaron dos lechos vecinos que son hoy dos lagos, dos ojos que miran al cielo atravesará como una daga sin piedad estas tierras a casi 3.000 metros de altura en pocas semanas. Las familias se aprovisionan de ropa, zapatos, alfombras, muebles, calefacciones, menaje del hogar, alimentos, grasa, aperos de labranza, grano... Me asegura un vecino que la vida por estos campos es por necesidad espartana y una familia es capaz de salir adelante todo el año con 250 ó 300 euros. Estamos a casi 3.000 metros de altura, en una de las localidades más pobres del mapa de Marruecos. Que una familia sea capaz de salir adelante todo un año, no todo un mes, con 250 ó 300 euros da una idea de la pobreza que hay señala Mounir Kegy, un activista bereber. El Estado debería pedir disculpas a esta gente aislada, que vive como en la Edad Media y que a pesar de todo lo celebran Pero la pobreza, el comercio y la petición de favores al marabú no es lo que más atrajo la atención de los antropólogos hace décadas. Los habitantes de Imilchil y su veintena de aldeas aprovechan la romería para celebrar en grupo sus bodas en un acto que evoca una vieja leyenda. El amor del joven Isli y la joven Tislit era imposible porque pertenecían a tribus distintas. Sus lágrimas por el dolor sin consuelo brotaron hasta llenar dos lechos vecinos que son hoy los lagos Isli y Tislit, dos ojos que miran al cielo en medio de las montañas y en cuya orilla se ha levantado algún albergue para acoger las cada vez más numerosas visitas. Me habían advertido precisamente de la presencia de forasteros en tropel que, arrastrados por esta tradición secular, han acabado por contaminar el musem, que se guardó casi intacto entre unas cuantas familias hasta mediados del siglo pasado. No me encuentro tantos turistas como esperaba- -apenas dos docenas- -pero sí compruebo que la celebración debe de estar ya muy lejos de lo que fue. Uno de los novios, Atmane Ait Hicham, de 20 años, se queja. La tradición va marcha atrás. La tierra no cambia. El cielo no cambia. Son los hombres los que alteran las tradiciones. Antes esto no era así Un hombre se acerca mientras hablo con él en presencia de su prometida. Es su suegro, que no quiere (Pasa a la página siguiente) Los hombres cambian la tradición Ganaderos en el gran mercado que se instala en los alrededores de la tumba del santón