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21 9 08 LA IMAGEN La micción tenía un precio TEXTO: IRENE LOZANO FOTO: EFE uando los corredores de bolsa cambiaron su sugerente denominación- -como de expertos en carreras de sacos de herramienta precaria- -por la de broker, un amigo perteneciente al gremio me explicó que su mayor destreza consiste en reprimir las ganas de orinar. La micción del broker se paga. No puede despegarse de la pantalla porque, en el intervalo en que se dirige a los aseos, desagua, se lava las manos y vuelve a su puesto- -que será cuánto, ¿tres o cuatro minutos? sucede de todo en la bolsa. Si el valor de una acción se derrumba de forma vertiginosa y el agente no está al zapatófono, un inversor millonario pierde una fortuna: ése es el precio de un pis en tiempo real. La contención los empadrona en la urgencia permanente. Y para liberar tensiones hacen esos aspavientos suyos tan característicos o segregan el excedente de líquido corporal a través de las glándulas sudoríparas. El broker del centro de la imagen, sin duda curtido, ha encontrado la manera de unir ambas formas de liberación en un solo gesto, señalando al tiempo su uretra de acero, en lo que es un claro acto fallido. El de la izquierda se resguarda como puede, pero se le ve aturdido. Debe de ser ésa la Confusión de confusiones a la que se refería Joseph de Vega, que escribió el primer tratado mundial sobre la bolsa cuando en España no había bolsa. Él aprendió en la de Amsterdam que el broker es universal, en el espacio y en el tiempo. Observó allá por 1688 que si el que compra algunas partidas ve que bajan, rabia de haber comprado; si suben, rabia de que no compró más Hombres como los de la foto canalizan los vaivenes de esa rabia, pobrecicos míos, ocho horas al día, cinco días a la semana. Y sin orinar ni una sola vez. De ahí viene la intranquilidad de los mercados. ¿Cómo no van a estar nerviosos? Y todo lo que se les ocurre a las autoridades monetarias para combatir esa desazón es algo tan contraproducente como inyectarles liquidez Qué insensatos. Pero si salta a la vista que la solución es repartir sondas. C Operadores de la Bolsa Operadores de la Bolsa de Sao Paulo, en pánico total de Sao Paulo, en pánico total