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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE AP A la izquierda, Hirst posa con una de sus más célebres creaciones: una calavera recubierta con 8.601 diamantes. Sobre estas líneas, otro icono de Hirst: un tiburón en formol, que se adquirió por 9 millones de dólares Un bluf Helga de Alvear, galerista y coleccionista de arte, dice con la rotundidad que le caracteriza que la subasta de Hirst ha sido un bluf Lo explica: Están llamando al dinero para que invierta en arte, pero tiene que ser un valor muy seguro, como Picasso. Hirst no lo es. Es pura ilusión, puro márketing, una sobrevaloración del arte. Lo que han pretendido es llamar la atención Está expectante por ver cómo reaccionará el mercado en Frieze, la feria de Londres que está a punto de abrir sus puertas. Cree que se va a producir un crack en las galerías de arte: Es posible que se compre menos arte y se invierta en oro Ella distingue entre las galerías que apoyan a sus artistas y las supergalerías, que son tiendas de cuadros. Gagosian es un vendedor de cuadros, no un galerista Concluye con un consejo: Cómprese un warhol. Si pinchas a Hirst lo que queda es aire. Es tonto el que haya pagado 13 millones de euros por una obra suya La operación más brillante del mercado del arte El galerista Pepe Cobo lo tiene muy claro: la subasta de Hirst es la operación más brillante en la historia del mercado del arte. Por primera vez, una histórica casa de subastas le dedica una antológica a un artista joven. Y son las salas de subastas las únicas que, con la publicación oficial de sus ventas, otorgan veracidad al valor de las obras de arte Esta venta, dice, le ha encumbrado como un icono No se muestra en desacuerdo con que el artista se haya saltado a sus galeristas para evitar pagarles la comisión correspondiente: Ojalá hubiera más subastas como ésta, pero a ver quién se atreve a hacer algo igual. Las galerías se beneficiarán, sin duda, del resultado de esta subasta, que ha tenido un márketing impresionante; incluso han podido comprar obra para revenderla después. Es un fenómeno único. Sólo puedo decir: ¡Chapeau! REUTERS