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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Evo Morales POR MANUEL. M. CASCANTE. ENVIADO ESPECIAL A SANTA CRUZ DE LA SIERRA (BOLIVIA) vo Morales sabe jugar al fútbol, pero no sabe gobernar se repite en las paredes de Santa Cruz de la Sierra, capital del departamento más rico de Bolivia y el más radicalmente opuesto al primer mandatario del país y a su proyecto indigenista- socialista. Que Morales sabe jugar al fútbol no se le escapa a nadie: ya lo hacía de niño con una pelota de trapo regateando a las llamas que pastoreaba. Si sabe o no sabe gobernar quizá sea discutible; pero, en menos de tres años en el poder, parece claro que no ha podido o no le han dejado. Bolivia sobrevive en medio de una seria división económica, política, social, territorial y racial entre una mayoría que apoya su proyecto de manifiesta inspiración cubana y chavista- -el 67 que, prácticamente, equivale a la población indígena del país- -y una minoría criolla apegada a las políticas neoliberales y a la autonomía para la regiones del país. Aunque se hizo coronar en las ruinas de Tiahuanaco como Apu Mallku o líder supremo por varios pueblos andinos y se aferra a sus raíces aymaras- -cuya lengua, aseguran sus detractores, desconoce- la carrera política de Evo Morales se cimenta en su labor como sindicalista. Nacido en Oruro en 1959, narra en la autobiografía de su página web: Somos una familia de nacionalidad Aymara. Mi papá, cada mañana antes de salir al trabajo, hacía su convite a la Pachamama que es la madre tierra; mi mamá también ch allaba (rociaba el suelo) con alcohol y hojas de coca para que nos vaya bien en toda la jornada. Era como si mis padres hablaban con la tierra, con la naturaleza Pero la naturaleza no fue generosa en los ochenta y El Niño arrasó cosechas y rebaños, lo que le obligó, al igual que a miles de campesinos, a abandonar el frío altiplano para dedicarse al cultivo de coca como colono en el tropical Chapare. Allí comenzó su carrera Futbolista en el abismo Cultiva sus raíces aymaras, el culto a la Pacha Mama y las mitologías antiimperialistas para consolidar su popularidad, blindada entre la población indígena. El problema es que buena parte de la otra mitad de Bolivia está en pie de guerra y que con su política maximalista se arriesga a romper el país. El peso del Estado parece excesivo para este atribulado visionario de utopías E Evo Morales se ajusta el caso durante la celebración del Día del Minero AP