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21 9 08 EN PORTADA Torres Memoria histórica en la tierra de Garzón POR BLANCA TORQUEMADA FOTOS: JAIME GARCÍA o es el pueblo blanco de Serrat. Por Torres (1.665 habitantes) sí pasó la guerra, y la guadaña del odio fratricida (como en la mayor parte de la provincia de Jaén, como en casi toda España) dejó muescas devastadoras. Algunos corazones, como muchas de las casas, sólo muestran su cara enjabelgada y preservan sus rincones más oscuros, sus sombras y sus recelos, setenta años después. El pueblo de Baltasar Garzón está colgado de Sierra Mágina, donde el pespunte de olivares- -y de cerezos, seña de identidad local y de orgullo en flor, cada primavera- -se ciñe a escarpados repechos, a treinta kilómetros de Jaén, a doce de Mancha Real y a cuarenta de Úbeda. Un rincón con acusada N identidad y memoria histórica intransferible no siempre en sintonía con la que desde un despacho de la Audiencia Nacional está orquestando su hijo más célebre. Torres está ahora en fiestas. Celebra a su patrón, el Cristo de la Columna, con una genuina verbena, degustación de gazpacho, cañones de espuma para los más pequeños, concurso de cintas, música y baile (al compás de la orquesta Iberis) fuegos artificiales, misa y procesión. Junto al parque borbotea la fuente donde los jubilados hacen tertulia. Los dos tíos Dos ancianos charlan sosegadamente y miran de reojo al cielo, Celedonio Real, tío carnal del juez estrella lo ve claro: Que nadie cuente conmigo ni con mi voto para remover fosas o rebuscar calaveras, huesos o anillos que se está encapotando. Son Celedonio y Luis Real, tíos carnales de Baltasar Garzón. Hermanos de su madre, María, que ahora vive en Sevilla. Se ponen en guardia, en presencia de periodistas. Nada de fotos- -se encastilla Celedonio- Nuestro sobrino nos lo tiene tajantemente prohibido. Ustedes parecen buena gente, pero en definitiva yo no sé quiénes son ustedes Pese a la censura gráfica, no rehúyen la conversación: De él- -dicen casi al unísono, en referencia al superjuez -o de lo que hace o deja de hacer no nos pregunten nada. De lo demás, lo que quieran Sorprende, después de estas admoniciones, la fogosidad con la que entran en harina cuando se les menciona la guerra civil: ¿Que si me acuerdo? -se enciende Celedonio, de 85 años- Pues claro. No son cosas para olvidar. Yo no las olvido. Nuestro padre se libró por los pelos de que le mataran ¿Quiénes?