Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 9 08 HORIZONTES Islandia Lucha de hielo y fuego Tras el hielo del sur, el interior hierve en fumarolas, aguas termales, conos volcánicos y minerales resplandecientes. Sólo resta hacer desaparecer al hombre para estar en un paisaje prehistórico o extraterrestre. En el llamado Desierto de los Desterrados, donde los primeros habitantes de la isla expatriaban a los rebeldes e inadaptados durante cinco años, periodo más que suficiente para garantizar que nunca volverían, se entrenaron los primeros astronautas estadounidenses, dada la similitud con el terreno lunar. Un buena base para conocer la zona volcánica de Islandia es el lago M vatn, un enorme cráter de un antiguo volcán. Punto de partida para diversas excursiones, permite disfrutar de uno de los baños termales más espectaculares de la isla. A diferencia del conocidísmo Lago Azul, que aprovecha las aguas de la térmica de vapor telúrico próxima a Reikiavik, el complejo termal de M vatn gana en modestia y tranquilidad. Esta zona es sobre todo la del olor permanente a azufre o huevo podrido. La razón está bajo nuestros pies. Toda la zona es volcánica. Uno de los ejercicios obligados es tocar el suelo para comprobar la temperatura. La huellas de la gran erupción del Krafta están presentes en todo el paisaje con las olas de coladas petrificadas, las kilométricas grietas del terreno y las silbantes humaredas de las fumarolas. Por otra parte, las bravas aguas del río Jökulsá, uno de los muchos nacidos del glaciar del Vatnajökull, han abierto una brecha brutal, encajonando en un cañón tumultuoso unas desbocadas aguas que han creado dos de las cascadas más inquietantes de la isla: Detifoss y Selfoss. La primera, de apenas 40 metros de caída, es un monstruo de la naturaleza que desagua doscientos metros cúbicos de agua al segundo. Quizá bastaría decir que es la más caudalosa de Europa. Por el contrario, Selfoss sorprende porque rehuye la frontalidad y vierte sus aguas en una fractura lateral en un juego de sofisticación frente a la vastedad del Detifoss. Próxima a esta zona de altas temperaturas se llega a Landmannalaugar, otro clásico. Su extensión y accidentada orografía permite que los cientos de visitantes diarios pasen desapercibidos. Este lugar requiere no sólo un estado de forma mediante preparado (no se trata de hacer cumbre pero sí de varios kilómetros de subidas y bajas) sino también de sensibilidad para dejarse empapar de las decenas de colores y cientos de matices que tapizan los romos montes, vaguadas y cañones formados con los más puro minerales salidos de las entrañas de la tierra, como si la corteza terrestre se hubiese dado la vuela como un calcetín. Un baño termal a cielo abierto Pistas -Se puede viajar por cuenta propia, pero el coste del viaje se dispara, pues Islandia es uno de los países más caros del mundo. Se recomienda viajar en grupo y hacerse la comida tras comprarla en supermercados. -No hay muchos hoteles y en verano conviene reservar con tiempo. -Viajar en vehículos habilitados para andar por caminos no asfaltados y superar accidentes como corrientes de agua o terrenos resbaladizos. -Dejarse guiar por la precaución normal en lugares con actividad térmica con fumarolas, aguas y lodos hirvientes. El géiser Strokkur revienta cada seis minutos (Viene de la página anterior) culo inevitablemente se ve mutilado por los cientos de visitantes que llegan con sus coches casi al borde de esta laguna llena de algodón helado. El remedio sólo dista unas decenas de kilómetros. El punto de silencio y recogimiento es la laguna del glaciar Fnallsjökull. La espec- tacularidad de su blanquísima lengua restalla en la quietud de las aguas que alimentan su deshielo. Caminar por la playa de piedras es un ejercicio de deslumbramiento. De la quietud más embriagadora se salta al asombro con el estallido de un desprendimiento a pocos metros, desvelando unas entrañas de azulísimo hielo. Senderistas disfrutan de un relajante baño en un río de aguas termales en la zona de Landmannalaugar