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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE dad que el deshielo natural de los glaciares origina todos los años toneladas de residuos que se van despositando en la costa. Pero el desagüe de glaciares como el Vatnajökull se convierte en una fuerza titánica al tener bajo su hielo varios volcanes activos. La última gran erupción en el centro de esta masa de hielo, que equivale a todos los glaciares de la Europa continental, fue en 1996 y la protagonizó el volcán Gjálp. Es el deshielo, junto a los volcanes y la actividad sísmica, uno de los arquitectos de la geografía cambiante de esta isla. No es excepcional que cerca de la capital esté una de las miles de cascadas que desagüan los glaciares. Skógafoss, con 62 metros de caída, es una inmensa cabellera de agua que apenas ruge. Es una de los puntos más visitados por los lugareños para pasar un día de descanso. Y el agua que se precipita a tierra, tras recorrer un par de kilómetros, se pierde en el mar, que cerca de allí ha tallado auténticas esculturas en la roca volcánica. Quizá su obra maestra esté en Dyrhólaey. Un impotente altar de columnas de basalto desafía a las olas del mar, que sin embargo demuestran su certeza y paciente victoria con una playa repleta de cantos redondos arrancados al acantilado, en el que anida quizá una de las mayores colonias en Europa de frailecillos. La franja sur de Islandia es una continua sucesión de lenguas glaciares del Vatnajökull, que a modo de un gran puchero desbordado de leche deja escapar su milenario hielo por los valles que rodean la gran olla. El mejor modo de visitar sin expediciones de varios días este campo de hielo sin límite es acudir el Parque Nacional de Skaftafell, de donde varios senderos permiten recorrer a ojo de pájaro las lenguas de los glaciares Lomajökull y Skeiôarjöfull. El punto neurálgico y más accesible es la cascada de Svartifoss. El agua ha hollado la planicie, sacando a la luz un tesoro de columnas basálticas tapizadas en sus alturas de una vegetación resplandecientemente verde. Conviene dedicar el día a bandear las mencionadas lenguas glaciares. El lago glaciar Jökulsárlon es la estrella turística de Islandia. Pegado a la carretera, que lo sobrepasa en su desembocadura al mar con puente, también ha sido escenario para rodajes de películas de acción de la serie James Bond y Lara Croft. Abarrotado de témpanos desprendidos del próximo frente glaciar, los enormes hielos se apelotonan unos sobre otros en apenas 17 kilómetros cuadrados. Apabulla tal variedad de caprichosas formas y falsos escenarios repintados con una orgía cromática de azules, blancos y negros, entre focas y gaviotas. El sobrecogedor espectá (Pasa a la página siguiente) Cascadas a partir de glaciares dos meses con muchas horas de luz y un clima benigno. Lo primero que sorprende es la cantidad de horas diurnas del verano islandés. La mayoría de los visitantes recorre la isla en sentido contrario a las agujas del reloj. Lo habitual es arrancar de su capital Reikijavik para circunvalar el país por la Nacional I; no en vano es prácticamente la única carretera en condiciones para desplazarse con vehículos convencionales, ya que la mayoría de la población está asentada en el litoral, además de que las fuerzas telúricas modifican caprichosamente la orografía, convirtiendo en una pesadilla el mantenimiento de las infraestructuras viarias. Lo más recomendable es alquilar un vehículo con tracción a las cuatro ruedas, aunque quien quiera utilizar el transporte público, puede moverse con facilidad. En el sur de Islandia se concentran la mayoría de los glaciares, destacando el Vatnajökull, el más grande de Europa, con una extensión similar a la provincia de Madrid, seguido por los de Langjökull, Hofsjökul y M rdalsjökull. La presencia de los glaciares en el sur explica en parte que la isla esté creciendo por esa latitud. Bien es ver- El lago glaciar de Jökulsálon (en la imagen superior) es un clásico en las rutas por la isla, con sus témpanos flotando antes de llegar al mar. Los islandeses pintan con vivos colores sus hogares, como si compitieran con los tonos el paisaje. Sobre estas líneas, la cascada Skógafoss