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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE ÁNGEL CÓRDOBA ción tan decidida? De la misma manera se ha afirmado que Franco había sido jefe de los ejércitos de Marruecos y del Sur de España. ¡Siempre el afán de esfumar o empequeñecer mi actuación! Quizá con ello se pretenda ensalzarle atribuyéndole, por acción o inspiración, cuanto allí hicimos en los primeros momentos, que tanto influyó en el desarrollo ulterior de la campaña, en lo que no tuvo la más insignificante intervención. Parece que el origen de tal error pudo ser una ligereza del general Mola, cometida sin conocimiento de los demás generales que formábamos la Junta, y sin contar conmigo, que había sido el iniciador de todo. A los cuatro días de muerto Sanjurjo, publicó un decreto por el que disponía que él sería general jefe del Ejército del Norte- -siendo general de Brigada y teniendo a sus órdenes a otros generales de superior categoría- y el general Franco general jefe del Ejército de Marruecos y del Sur de España, sin contar, tampoco, con que yo era más antiguo que Franco, ni con que yo me había apoderado de Sevilla y de sus fábricas militares, con lo que podría constituirme en el árbitro de la situación. Al hacer tales nombramientos sin previa consulta con los generales que sumábamos en la subversión, pusieron de manifiesto- -por mutuo acuerdo- -además de su ligereza incalificable, la suma de dos ambiciones que, más adelante, pudieran chocar con violencia. En la intensidad del trabajo abrumador al que yo estaba sometido en aquellos días y la incomunicación en que nos hallábamos a consecuencia de la destrucción de las líneas telegráficas y telefónicas y de las carreteras y líneas físicas, no conocí, rotundamente, que el general Franco no ejerció- ni un solo día- mando alguno en el Ejército del Sur, hasta que fue nombrado Generalísimo en el día 29 de septiembre. He de justificar esta afirmación para que no pueda ser calificada de caprichosa y expuesta a posteriori y para ello he de transcribir párrafos de un escrito que elevé a la superioridad, con fecha 3 de julio de 1941, para contestar y rebatir otro del ministro del Ejército- -general Varela- por el que se me negaba, caprichosamente, la Gran Cruz Laureada de San Fernando, con la aducción de argumentos que creían no se podrían rebatir fácilmente. Pero hay otra parcela más convincente aún. El día 20 de agosto de aquel mismo año, mi jefe de Estado Mayor cursó a Burgos el telegrama siguiente: Levantada Andalucía entera, salvo guarniciones conoce V E. contra Movimiento, hubo necesidad ocupar desde el primer día barriadas de Sevilla- Triana en dos combates y pueblos alrededores hasta llegar estado actual, en que están ocupadas provincias Sevilla, Cádiz, Huelva y partes de Córdoba, Granada y Málaga. Todas estas operaciones fueron dirigidas por general Queipo, efectua- das por fuerzas II División y, en muchos casos, por difíciles cometidos con cooperación Regulares y Tercio. En su vista y de estimarlo pertinente para bien del servicio, someta resolución V E. siguiente pro. puesta, de acuerdo con general Franco, lo que permitirá obrar perfecta independencia, sin perjuicio estrecha conexión que existe. De aquélla se deducen tres cosas: Primera, que el general Queipo de Llano fue el que, por iniciativa exclusiva, había reconquistado, hasta el 30 de agosto, más de la mitad de Andalucía. Segunda, que entre las actuaciones del general Queipo de Llano y del general Franco, independientes entre sí, existía una estrecha co- En campaña, yo creía que debía proceder con el Reglamento de la Guardia Civil. Franco se suponía general en jefe de un ejército regular que luchaba contra otro ejército regular Con el concepto que Franco se había formado, hizo que sus tropas realizasen las marchas más lentas de todas las que puedan figurar en la historia militar del mundo nexión para proceder. Tercera, que la actuación del general Queipo de Llano no estaba subordinada a la de aquél. El general Franco y yo teníamos, en efecto, dos concepciones distintas, casi antagónicas, sobre la forma en que habíamos de dar desarrollo a la campaña. La mía consistió en creer que, en aquellas circunstancias, debía de proceder de acuerdo con el Reglamento de la Guardia Civil. La del general Franco era suponerse general en jefe de un ejército regular que luchaba contra otro ejército regular, que sólo existía en su imaginación, ni existió hasta varios meses después. Con el concepto que Franco se había formado, con la idea de aparecer como general en jefe de un ejército regular que combatía a otro ejército regular y procurar satisfacer a la seguridad de los flancos a los que el enemigo desordenado e inculto no había pensado atacar, hizo que sus tropas realizasen las marchas más lentas de todas las que pueden figurar en la historia militar del mundo. Muchos problemas sufrimos como consecuencia de decisiones absurdas del Generalísimo, que pusieron en gravísimo riesgo el resultado de la guerra. Gracias sean dadas a la Divina Providencia, que veló por nosotros como en tantas otras circunstancias.