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14 9 08 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Queipo de Llano frente a Franco En un arduo trabajo de recopilación, Jorge Fernández- Coppel recoge en este libro los diarios y escritos sobre la guerra civil del general Queipo de Llano, protagonista y testigo de excepción de aquellos años. Una visión muy particular del conflicto, sin pelos en la lengua, que da voz a un personaje silenciado y censurado durante muchos años. Un documento esencial o me sublevé en Sevilla, en la idea de que nos mandaría a todos el general Sanjurjo, cuyo nombre no admitía discusión. La proclama que (Franco) desde la radio de Tetuán nos dirigió a todos me llenó de asombro. ¿Cómo, no habiendo muerto Sanjurjo hasta el día 20, él nos hablaba el 19 como general en jefe? ¿Fue una inspiración suya? Llegó a Tetuán el 19, mientras seguían los preparativos de envío de material y de hombres por medio de los aviones. El 26 llegó en uno de éstos a Sevilla, para buscar una casa en la que instalar su cuartel general cuando viniese a la Península para dirigir desde más cerca las operaciones de avance hacia Madrid. Comenzamos a mirarnos con mutuo recelo. Él, sin duda por las cosas a que hice referencia y, puede ser, porque podría acordarme de la contestación que me dio cuando recurrí a él, antes aún que a Mola, para que se sumase al Movimiento. Yo, porque conocía su idiosincrasia, y por los aires que se daba de general jefe del Movimiento, siendo así que yo no tenía idea, hasta entonces, de que se hubiera sumado él. En tal viaje empezaron a manifestarse diferencias de criterio en determinadas cuestiones. El carácter marcadamente gallego de Franco, desconfiado, receloso, egoísta, no podía avenirse con el mío de castellano viejo, abierto, confiado y amigo de la verdad y de la razón. Me produjo viva contrariedad el primer acto que realizó en Sevilla. Requisó uno de los mejores palacios, el de Yanduri, para instalar en aquellos lujosísimos salones su vivienda y las oficinas de su cuartel general. Para hacerlo, no contó conmigo, que era jefe de la plaza por derecho propio y más antiguo que él en el empleo; pero, por desdicha o por fortuna, soy hombre esclavo de la justicia y esto, al defender la nación me ha valido fama de díscolo, de crear papeletas sobre todo entre los que creen que aquélla está siempre en relación con sus caprichos. Una primera disputa, en aquellos momentos, no hubiera hecho más que aumentar aquella fama injusta. Tuve que adoptar la resolución de transigir, Y Título: Queipo de Llano. Memorias de la Guerra Civil Autor: Jorge Fernández Coppel, recopilador de textos Editorial: La Esfera de los Libros Páginas: 457 Precio: 29 Euros a pesar de que siempre pensé que esas requisas, sin una necesidad imperiosa, son un abuso lamentable, y más cuando se hacen con el apoyo de la fuerza del Ejército, levantada para combatir los atentados al derecho que cometían los que decían gobernar España. Aquel abuso fue ejemplo altamente pernicioso. Hasta entonces, a nadie se le había ocurrido requisar cosa alguna; pero como es preceptivo que se deben imitar los ejemplos que vienen de lo alto, al poco tiempo todo el que ejercía alguna autoridad, o el que la suplantaba por su capricho, se creía con derecho a requisar todo aquello que le fuese necesario o le agradase: casas, muebles, maquinaria de todas clases, autos, camiones, etcétera. Hasta obras de arte llegaron a ser requisadas y no fueron pocos los casos en que tales requisas propiedad provisional, llegaron a convertirse en propiedades definitivas. Fui y sigo siendo inconciliable con tales requisas y por eso preferí comer a mis expensas- -cosa que no se hacía en todos los cuarteles generales- en restaurantes, para no adquirir deudas de gratitud preferí alojarme en hoteles- -malos en general- mediante el pago correspondiente, en edificios del Estado o municipios, o en tiendas de campaña, a hacerlo en casas particulares, si no era esto absolutamente preciso. Y cuando las inclemencias del clima lo exigieron y las circunstancias fueron propicias, me alojé con mi Estado Mayor en un tren dispuesto al efecto. Callé, como he dicho, y es posible que aquel silencio mío fuese interpretado como acto de sumisión a Franco, cuando no era más que Gonzalo Queipo de Llano Jefe del Ejército del Sur en el bando nacional durante la guerra civil Jorge Fernández Coppel Investigador y recopilador de los escritos de Queipo El carácter marcadamente gallego de Franco, desconfiado, receloso, egoísta, no podía avenirse con el mío de castellano viejo, abierto, confiado y amigo de la verdad La proclama que (Franco) desde Tetuán nos dirigió a todos me llenó de asombro. ¿Cómo, no habiendo muerto Sanjurjo hasta el día 20, él nos hablaba el 19 como general en jefe? un acto de transigencia resignada. Pero en aquel mismo día 26 se desarrolló un incidente demostrativo de que no había tal sumisión. En ese día recibí un oficio del jefe del Estado Mayor de Franco en el que, en nombre de aquél, me ordenaba la requisa de camiones para las tropas que habían de avanzar hacia Madrid. Recogí el oficio y lo envié a Franco con una carta en la que le decía que su jefe de Estado Mayor, por error sin duda, me daba una orden que no podía aceptar, puesto que yo era más antiguo que él; pero que, si me lo pedía como compañero, dispondría se le entregasen los que pudiera necesitar, puesto que entendía que la prontitud en la llegada a Madrid de sus tropas era imperativo que a todos nos obligaba por igual. Con tal idea me sacrifiqué y le entregué todos los elementos que me pidió, como carros blindados- -los tres que habíamos cogido a los guardias de Asalto- camiones, etcétera. Hasta un grupo de artillería, elementos que me hacían mucha falta. Franco no me hizo indicación alguna que pudiese esclarecer el sentido de aquella comunicación ni la Junta de Burgos me llamó la atención sobre ella. A pesar de esto, ignoro la razón por la que se llegó a creer en mi subordinación con respecto a Franco, y en folletos, en artículos, en libros y en la prensa se llegó a afirmar con inexactitud hija de la ignorancia o la mala fe, que Franco había sido el organizador del Movimiento salvador, lo que, después de todo, no puede extrañarme, porque varias veces le escuché con calma y sin protestar- en aras de la armonía- la forma en que Franco contaba cómo había iniciado y organizado el Movimiento. Claro que ya había muerto Mola, con cuyo testimonio él y otros han contado... porque no puede desmentirlos. Él suele apoyarse en Mola y en Varela. Éste hizo decir en la Historia de la Cruzada Española que su actuación estaba de acuerdo con Franco y la correspondencia enviada entre ellos la echaba en el buzón del muelle para que no la examinase la policía... ¡Cuando Franco no se sumó hasta el 13 de julio! ¿Será ésta la sola razón para que Franco le dispense una protec-