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14 9 08 EN PORTADA el régimen de Vichy, el nazismo) para facilitar la reconstrucción política, cultural y moral de esas naciones en el marco de la nueva Europa. Pero estas amnesias colectivas impuestas por el poder no duran y los historiadores se han encargado, años más tarde, de esclarecer la complicidad de la sociedad francesa y alemana en aquel delirio. Lo preocupante es repetir ahora los errores del franquismo: perder de vista que, en la guerra civil, el verdugo no fue uno, ni estuvo en un sola trinchera, sino que contó con fervientes partidarios en los dos bandos. La verdad no sólo desenmascara el crimen sino también las causas, las estructuras de fondo que lo permitieron Más entusiasmo aún destila Fusi, que dirigió la Biblioteca Nacional de 1986 a 1990, por la luz de las comparaciones: La historia comparada, además de estimulante y esclarecedora, es absolutamente necesaria para hacer una historia significativa y relevante. Personalmente, me ha interesado mucho siempre la historiografía y memoria (literatura, cine, museos, exposiciones, monumentos) de la II Guerra Mundial, pese a ser casi inabarcable. La crítica histórica ha rectificado muchos mitos y visiones parciales interesadas y manipuladas de dicha guerra. Por ejemplo, en Francia, libros como el de Paxton sobre la Francia de Vichy, de 1972, o el de Henry Rousso sobre El síndrome de Vichy (1990) y algunas películas excelentes Le chagrin et la pitié Lucien Lacombe plantearon que Francia, lejos de ser un país de resistentes, como quería el mito, no había sido sino un país de colaboracionistas. En Italia, el libro de Claudio Pavone, Una guerra civile (1991) un ensayo sobre la moralidad de la Resistencia, mostró que resistencia y liberación contra el fascismo encubrieron una guerra civil entre italianos en la que pudieron morir en torno a 80.000 personas, y en la que la Resistencia pudo haber ejecutado a unos 12.000- 15.000 personas. Estos casos deberían alertarnos contra todo intento de inventar o mitificar la historia y la memoria. La historia debe ser asumida en su totalidad, con verrugas y todo (como Cromwell dijo que le hicieran su retrato) ¿Puede la historia acabar con la mitología? Para Payne, la historia seria puede esclarecer y eliminar muchos mitos, y lo ha hecho. Pero el pensamiento subjetivo, romántico o mítico le viene muy naturalmente al hombre, y persisten toda clase de mitos Para Cortázar, las piquetas de los historiadores vienen haciendo una buena labor destrozando las adherencias mitológicas de la historia de España, pero queda mucho trabajo por hacer en las historias de aquellas comunidades que buscan afirmarse como naciones Rectificar mitos Iglesia sevillana de San Julián, quemada en 1932, durante la Segunda República ABC Pasado vivo La historia como resentimiento (Viene de la página anterior) estrictamente políticas. Alemania presenta el mejor ejemplo de autocrítica, pero más recientemente los alemanes han querido normalizarse En el caso alemán, un gran país fue totalmente aplastado. Esto ayudó a cambiar la perspectiva y formar una actitud crítica. Pero en Rusia no fue así, hubo un mero colapso interno, y ahora vuelve el estalinismo tanto político como historiográfico, aunque afortunadamente no de un modo total. El caso francés es todavía diferente, y los franceses forjaron una perspectiva crítica únicamente con más de treinta años de perspectiva Frente al tópico que califica de odiosas las comparaciones (un espíritu que enmascara la mezquin- dad del narcisismo) García de Cortázar- -que ha dedicado buena parte de su vida de historiador al pasado del País Vasco, España y el mundo- comparte con Payne su utilidad: Nos es muy necesario a los historiadores españoles hacer historia comparada, una historia que nos libre de ese deleite pesimista y no poco masoquista que rodea siempre a la historia de España. Sabemos que en Francia y Alemania, después de la II Guerra Mundial, se impuso el olvido colectivo de unos hechos demasiado próximos (la colaboración francesa con Cortázar: Es muy necesario hacer historia comparada, una historia que nos libre de ese deleite pesimista y no poco masoquista que rodea siempre a la historia de España