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D 7 7 9 08 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Yemen TEXTO Y FOTO: MIKEL AYESTARÁN Al ritmo del qat Es la planta del bienestar La planta prodigiosa, relajante, a cuyo compás se mueve el país. Su consumo es casi una seña de identidad nacional. Sin qat no se puede vivir aseguran los yemeníes habitación destinada a su consumo. A las doce del mediodía las calles de la capital del país, Sanaa, son un infierno de tráfico. La gente se muestra estresada. Pitos, acelerones, gritos. Una hora más tarde, parece otra ciudad. Los coches casi han desaparecido, el estrés se borra de los rostros de los viandantes que hasta pasadas las siete de la tarde no volverán a recobrar el ritmo de actividad normal. Yemen vive de seis de la mañana a una del mediodía y de siete de la tarde a una de la mañana. El resto, para el qat y para dormir. No afecta al trabajo, podemos seguir con nuestras actividades mientras mascamos aseguran algunos taxistas, con una mano en el volante y la otra en la bolsa de plástico con las hojitas de qat. Su consumo está asumido como parte de la identidad nacional y más que un problema para la salud, las autoridades se han encontrado con un problema para la economía, ya que muchos ciudadanos destinan más del 30 de sus ingresos a su compra. Los precios han subido en los últimos años y la dosis de qat de primera calidad puede superar los cuatro euros diarios, una fortuna en un país donde el sueldo medio no supera los 140 euros y la tasa oficial de desempleo es del 30 El otro gran problema al que se enfrentan las autoridades es que la plantación masiva de este arbusto consume el sesenta por ciento del agua destinada a la irrigación y los campesinos han dejado de lado otros cultivos. Sin qat no merece la pena vivir, es lo único que nos queda y por eso la gente ya no se va del país, porque aquí está el mejor qat del mundo asegura uno de los vendedores del zoco con los dientes verdes del qat. En su habitáculo tiene repartida la mercancía por calidades. Los colores van del verde al rojizo, pero todo el género es fresco. Los compradores, muchos con el AK 47 de rigor, van de un puesto a otro preguntando precios y catando calidades. Pronto llegará el frío y con él la época de peor calidad para el qat. Mientras, es hora de empezar a formar la bola diaria de la felicidad. uita el hambre, aumenta la potencia sexual, ayuda a dormir, estimula a trabajar... La lista de supuestas propiedades del qat (Catha Edulis, científicamente hablando) es interminable, sobre todo si se pregunta por ellas en el zoco de Hasaba- -abierto todos los días de la semana de diez de la mañana a nueve de la noche- principal centro de venta de la planta más popular de Yemen. El país se mueve a su ritmo. Cuando llega la hora de mascar qat el tiempo se para y cada yemení, de cualquier edad, saca su bolsa de plástico y empieza a almacenar hojas y hojas en su boca hasta formar una gran bola que man- Q tiene en la boca hasta que pierde el sabor. De la familia de las celastráceas y de forma parecida a la albahaca, su consumo ha pasado de ser algo exclusivo de las clases pudientes a extenderse en todas las capas sociales en los últimos años. En principio, la Organización Mundial de la Salud ha clasificado a esta materia como droga, pero tal prevención no parece haber impresionado mucho a los yemeníes. Antes se usaba sólo durante las tardes de los viernes, hoy todos los días de la semana. Como el café o el té en las sociedades occidentales, el qat es el centro de muchas reuniones y en muchas casas, habilitan incluso una Mascar y trabajar Un vendedor de un mercado de Sanaa con la bola de la felicidad a un lado del carrillo. Al fondo, pueden distinguirse algunos compradores con su inseparable fusil AK 47 a la espalda