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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Fred Crane Pretendiente de la señorita Escarlata Pronunció las primeras palabras con las que se abre Lo que el viento se llevó película en la que encarnó a uno de los gemelos Tarleton y que marcaría su destino hasta su reciente muerte POR EDUARDO CHAMORRO otro gemelo, Stuart Tarleton, era la que atribuían a Crane. Puede que la mala sombra de aquel error minara la fortuna de una carrera para la que tampoco resultaron beneficiosas las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial. Durante esos años trabajó en programas subvencionados para la formación de actores, y el final del conflicto le pilló en una fábrica de armamento. Poco después, su bonita voz y su cuidadoso acento le salvaron de nuevo brindándole una serie de programas de radio en los que actuó como locutor y cantante. La televisión también acudió en su ayuda, con lo que su presencia se hizo casi familiar en series como Viaje al fondo del mar Peyton Place 77 Sunset Strip y Hospital General Todo sin dejar de ganarse la vida trabajando en una droguería, en un taller de mecánica fina y en una constructora de la que llegó a ser socio antes de incorporarse de lleno a un trabajo radiofónico cuya fama le sirvió para retirarse con unos cuantos contratos como confe- Q ue nos hayan expulsado de la universidad no tiene la menor importancia, señorita Escarlata. ¿Quién va a estudiar cuando la guerra está a punto de estallar? Son las primeras palabras de Lo que el viento se llevó dichas por un hijo, nieto y bisnieto de dentistas al que una madre convencida de su vis cómica le puso 50 dólares en el bolsillo y en la cabeza la persuasión de que podía buscarse la vida en Hollywood. Se llamaba Herman Frederick Crane, y había nacido en Nueva Orleáns el 22 de marzo de 1918. Una visita casual a los estudios Selznick, invitado por una prima suya, hija de aquella singular vampiresa del cine mudo que fue Leatrice Joy, le puso en el lugar apropiado en el momento más oportuno. George Cukor- -el primer director de Lo que el viento se llevó -se fijó en que su fuerte acento sureño y su limpio aspecto de provinciano ligeramente robusto eran los rasgos idóneos para Brent Tarleton, uno de los gemelos pretendientes de la bella Scarlet O Hara puesta en la carne de Vivien Leigh y sentada en el porche de Tara, una hacienda en la que aún no había puesto un pie Clark Gable ni se había visto desolada por el paso de la guerra. Esa guerra a la que también se refiere Scarlet O Hara al oír las palabras de Brent Tarleton: Guerra, guerra, guerra. Esa guerra está estropeando todas las fiestas de esta primavera El rodaje de esa escena se repitió un par de veces. La primera porque se alborotó el pelo de los gemelos. La segunda porque Vivien Leigh mostraba un busto demasiado elocuente. Fred Crane no asistió al estreno de la película, quizá por haber sido advertido de que la suerte también le podía jugar alguna que otra trastada. Nadie corrigió el error que en el reparto de Lo que el viento se llevó adjudicaba su papel del gemelo Brent Tarleton a George Reeves, cuya interpretación del Fred Crane, en una imagen de febrero de 2007 AP Escarlata O Hara flanqueada por Tarleton y otros admiradores. A la derecha de Vivien Leigh, Fred Crane contempla embelesado a la arrolladora señorita sureña. La contienda entre el Norte y el Sur está a punto de estallar. Pero Escarlata prefiere no reparar en esa enojosa realidad. Guerra, guerra, guerra. Esa guerra está estropeando todas las fiestas de esta primavera... renciante de las líneas marítimas que programaban cruceros. Hasta que la vida le ofreció un círculo vicioso con el comienzo del milenio, cuando su quinta esposa, Terry Lynn, le hizo comprar en Barnesville, Georgia, una mansión anterior a aquella guerra que tan mal se lo hizo pasar a Scarlet O Hara. La pareja puso allí un bed and breakfast al que llamaron Tarleton Oaks mezclando la memoria de los gemelos con la de la mansión Seven Oaks para no salir de la misma película que, por último, les proporcionó argumento y materiales para un museo naturalmente llamado Gone With The Wind Museum. Fue una buena idea. Crane enfermó de diabetes, y en 2007, Tarleton Oaks y su museo fueron subastados para contribuir a un tratamiento que mantuvo la enfermedad a raya hasta las doce en punto del 21 de agosto de 2008.