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D 7 31 8 08 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Nueva York sospechosa de saltar a la fama: una es tan guapa que la paran por la calle y ya está: Claudia Schiffer. En el caso de Munson es pasmoso el ojo clínico del fotógrafo: detectó a una de las mujeres más hermosas de su época y una de las pocas, poquísimas, dispuestas a posar desnudas. Que eso, en 1906, se dice pronto) Audrey Munson empezó posando para el escultor Isador Konti y en la siguiente década llegaría a hacerlo para Alexander Stirling Calder (padre de Alexander Calder) quien la tomó como modelo de referencia para la Exposición Universal de San Francisco. Entre los monumentos que la han inmortalizado destaca una diosa de la abundancia que preside la fuente Pulitzer frente al hotel Plaza: es lo más parecido a una Cibeles neoyorquina. Su autor, Karl Bitter, fue atropellado por La Cibeles de Manhattan Hubo una Venus americana. Se llamaba Audrey Musson y sirvió como inspiración a las varias diosas desnudas que pueblan esta ciudad TEXTO Y FOTO: ANNA GRAU uando pasee por Manhattan, fíjese en las estatuas de mujeres desnudas. Fíjese en las Venus, Ceres y cosas así. No es broma. Hay más de las que parece y a veces tienen una historia sorprendente. Yo entiendo que si a uno le gusta ver estatuas de este tipo no se va a Nueva York, sino a París o Florencia. Y sin embargo existió una Venus americana. En Nueva York hay entre 15 y 22 inspiradas todas en la misma mujer. Se llamaba Audrey Munson. Nació el 8 de junio de 1891 en el estado de Nueva York, aunque no fue a vivir a la ciudad hasta después del divorcio de sus padres. No tenía más de 16 años el día que mientras caminaba llamó la atención del fotógrafo Ralph Draper. (Personalmente a mí siempre me ha parecido una manera muy C La Diosa de la Abundancia de la Fuente Pulitzer, la Cibeles neoyorquina un coche y murió mientras trabajaba en la estatua. La concluyeron su ayudante Karl Gruppe e Isador Konti. Luego está la grandiosa Fama cívica de Adolph Alexander Weinman, que aún preside el edificio del Ayuntamiento. Y la escultura del alma mater de la Universidad de Columbia, obra de Daniel Chester French. Y varias piezas de varios autores que se exhiben en el Met, etc, etc. En el cenit de su éxito Audrey Munson llegó a hacer cine- -mudo- Fue la primera mujer en protagonizar un desnudo integral en pantalla, con un éxito de taquilla arrasador. De las cuatro cintas protagonizadas por Munson sólo se conserva una, elocuentemente titulada Pureza No se sabe si las otras tres se perdieron porque eran muy malas o por la caída en desgracia de la Venus americana. Que fue estrepitosa y trágica. Audrey residía con su madre en una pensión de Nueva York regentada por un tal Walter Wilkins, quien se enamoró perdidamente de la joven. Para abrir camino a sus pretensiones no se le ocurrió más que asesinar a su mujer, Julia. El escándalo fue mayúsculo, sobre todo al saberse que Audrey y su madre habían abandonado Nueva York. Lo hicieron antes del crimen pero un tanto precipitadamente, lo que desencadenó una verdadera caza policial tras ellas, en la línea O. J. Simpson. Las encontraron en Canadá. Allí declararon que habían dejado la pensión porque Julia Wilkins estaba furiosa con la obsesión de su marido y las echó. Esto sonaba plausible. Además, ¿qué necesidad tenía Wilkins de matar a su esposa, pudiendo divorciarse? Wilkins fue condenado a la silla eléctrica (se ahorcó en su celda) y Audrey quedó con su futuro arruinado por la mala publicidad. No volvió a aparecer en ninguna película ni a posar para ningún artista. Hacia 1920 volvió con su madre a su pueblo natal, donde se ganó la vida vendiendo utensilios de cocina por las casas. Poco después empezó a dar muestras de desequilibrio mental. Tenía 39 años cuando un juez ordenó su ingreso en una institución psiquiátrica. Falleció allí el a los 104 años de edad.