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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Reagan y Thatcher fueron grandes aliados... y víctimas del mismo mal 82 años. En Thatcher a los 75. En Suárez a los 70. Es difícil saber si, como sostienen algunos teóricos, la intensidad de las propias vivencias puede tener una repercusión sobre el cerebro. En el caso de Thatcher, Reagan y Suárez, tuvieron experiencias públicas incomparables. Thatcher y Suárez también han pasado por vivencias familiares que pueden haber influido en su estado. El ex presidente español ha sufrido la pérdida de su mujer Amparo y de su hija Marian en 2001 y 2004, respectivamente, ambas víctimas del cáncer. La baronesa Thatcher se ha visto perseguida toda su vida por las andanzas de su hijo Mark, aunque su estado de salud, que le impide recordar incluso que su marido Dennis falleció en 2003, tampoco le habrá permitido conocer las últimas aventuras de Mark, que se ha visto envuelto en los últimos años en un supuesto intento de golpe de estado en 2004 en Guinea Ecuatorial por el que fue condenado en Sudáfrica a una multa de 500.000 dólares norteamericanos y a una pena de cuatro años de cárcel que no tuvo que cumplir. Este año ha sido condenado por ese mismo golpe frustrado el jefe de los mercenarios que dirigía la operación, Simon Mann. Mann insiste en la implicación directa de sir Mark Thatcher en el golpe. En el caso de Reagan, su círculo más íntimo sostiene que el progreso de la enfermedad se vio acelerado después de un fuerte golpe en la cabeza que sufrió al caer de un caballo en el rancho de unos amigos en México. Perdió el conocimiento y fue llevado en helicóptero a un hospital. Horas más tarde, ese mismo día, volvía al rancho en el mismo helicóptero, negándose a perderse la compañía de sus amigos. Pero sus íntimos sostenían que a raíz de ese accidente el proceso degenerativo de su memoria se acentuó. Estos tres grandes personajes, marcados por la misma enfermedad, llegaron al poder en orden in- ABC Reagan y su esposa, Nancy, anfitriones del presidente ruso Gorbachov y su esposa Raisa REUTERS Ronald y Nancy Reagan en el 89 cumpleaños del ex presidente norteamericano, siete años después de diagnosticarle Alzheimer ser un hijo suyo quien confirmara públicamente la enfermedad. Adolfo Suárez Illana lo hizo en el programa de televisión Las Cerezas el 31 de mayo de 2005. Y confesó que su padre padecía la enfermedad desde hacía dos años lo que ya no le permitía recordar ni EPA siquiera que había sido presidente del Gobierno. En el caso del duque de Suárez, la enfermedad se hace todavía más cruel por el hecho de que estos tres grandes protagonistas del siglo XX fue él quien más joven empezó a sufrirla. En Reagan se manifestó a los verso a su edad. Suárez en 1976 con 43 años. Thatcher en 1979 con 53. Reagan en 1980 con 69. El mandato de Suárez se sobrepuso con el de Thatcher, pero apenas coincidió con el de Reagan, que tomó posesión el 20 de enero de 1981. Nueve días después Suárez anunciaba su dimisión aunque no abandonó la Presidencia del Gobierno en funciones hasta que fue elegido para sucederle Leopoldo CalvoSotelo el 25 de febrero de ese año, dos días después del fallido golpe de Estado. Las vidas de Thatcher y Reagan han estado unidas hasta el final. Cuenta Peggy Noonan en el libro antes mencionado que unos años después de dejar la Casa Blanca y cuando Thatcher ya no era primera ministra, pero cuando todavía no era de público conocimiento la enfermedad del ex presidente- -es decir, en 1991 ó 1992- -Reagan presentó a Thatcher en una cena. Ella tomó la palabra y pronunció su discurso. Cuando la baronesa Thatcher hubo terminado, Reagan se levantó y volvió a presentarla. Con la rapidez que la caracterizaba, cuando el viejo amigo terminó de repetir sus palabras ella hizo un chiste al respecto y cortó la tensión. Pero Thatcher no tuvo ninguna duda de que algo iba muy mal. A partir de 2003 serían sus médicos quienes la prohibirían a ella pronunciar discursos en público. Pero ella no podía dejar de hacer el tributo que su amigo Ronald Reagan merecía en el funeral de Estado en la Catedral Nacional de Washington en junio de 2004. Así que con la ayuda de sus colaboradores y su neurólogo grabó su intervención en Londres y después viajó a la capital norteamericana para asistir al funeral. Thatcher, sentada en el templo, con la mirada perdida, se escuchó a sí misma dirigirse a todos los congregados desde unas pantallas de vídeo. Quizá no haya mejor alegoría para resumir esta historia de grandeza política, de amistad y de flaqueza humana.