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VIAJES 24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE En Londres hay 1.700 parques. Plátanos, robles, hayas y castaños aparecen por doquier con su porte centenario, a veces, escoltados por modernas creaciones Londres TEXTO: MANUEL LUCENA GIRALDO FOTOS: MARÍA FERNÁNDEZ- DEL PINO El espíritu de los jardines Es difícil permanecer en Londres al margen de la vegetación. Hyde Park, Regent s Park o el menos conocido Chelsea Physic Garden salpican de añejo verdor la ciudad xisten muchas imágenes históricas y literarias de Londres que pesan sobre el viajero como una mochila que carga sobre la espalda cuando, por fin, tras las horas de aeropuerto y avión correspondientes, que la convierten en un destino más lejano en el tiempo que sobre el mapa, logra llegar a ella. Es E una ciudad cargada de significados, pues pertenece a un imaginario reciente y hábilmente explotado en la literatura, el cine y la televisión, pero al mismo tiempo tiene la piel resbalosa que corresponde a las metrópolis globales europeas que han sido capitales de un vasto imperio ultramarino. Si este ha dejado en el caso portugués, por ejemplo, la impronta magnífica y pombalina de la plaza del comercio de Lisboa, y en el Madrid barroco, capital de una monarquía policéntrica, aparece de repente una estatua del inca Atahualpa en una esquina del Real Palacio, en la capital británica lo que manda es el componente victoriano, incluido lo mucho que aquella etapa iluminada de progreso dejó en ella de hindú, egipcio, australiano o africano. Esta circunstancia se explica porque entre el año maldito 1666, cuando un fuego comenzado en la casa del panadero Thomas Farynor hizo arder la ciudad por los cuatro costados, en satisfacción según los enemigos de Inglaterra de la cruel avaricia de sus habitantes, y el final del próspero mandato de la reina Victoria en 1901, lo determinante fue su conversión en puerto por el que fluyeron con un ritmo eléctrico y según las épocas oro, pimienta, esclavos, carbón y locomotoras. Así, en las calles del Londres de nuestra imaginación se escuchan al pobre Oliver Twist de Dickens, o los gritos de otra pobre víctima de Jack el destripador (aquel que aún se sigue buscando) en las cercanías de los muelles situados hacia el este, justo donde hoy se sitúan los edificios acristalados con un punto hortera y ochentero de Canary Wharf, así llamado porque desde allí se comerciaba con las islas (Pasa a la página siguiente)