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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Olímpico Rafael Nadal igo la trayectoria del tenista Rafael Nadal desde casi sus comienzos, no sólo por el interés que me ocasiona la superación humana a través de las disciplinas artísticas, intelectuales o deportivas- -es parte de mi formación clásica, qué vamos a hacerle- -lo cual conforma una estructura de pensamiento muy particular sobre la amplitud de la cultura, que debe ser una concepción abierta y no elitista, aunque sí exigente. A esto hay que añadirle una cuestión menor, aunque importante para mí, y es la manía de indagar en personajes consagrados por sus logros, de la historia o del presente, nacidos como yo bajo el signo de los gemelos- -es lo que los andalusíes llamaban las ciencias pretéritas basándose en los estudios de Aristóteles sobre la astrología que él consideraba una ciencia más- -y entre los que hay personajes de disciplinas tan dispares y tan admirados como Errol S Flyn, Federico García Lorca, Tony Curtis, Sir Lawrence Olivier, Luis Rosales o Marilyn Monroe. Da la ca- sualidad, además, que el sobrehumano Nadal y yo compartimos día y mes de cumpleaños, como me ocurría con mi admirada amiga la escritora Dulce Chacón, motivo durante años de cierto ritual amistoso de felicitaciones mutuas. Bobadas aparte, lo que más me sedujo de Nadal desde le principio es su capacidad de superación y lucha, propia de personas con una enorme fortaleza no sólo física sino mental y espiritual. El deportista Pete Sampras aseguró en unas declaraciones sobre el de Manacor que Rafa es un gran luchador y realmente me impresiona. Está completando su mejor año y claramente debe ser el número uno. Pensemos que tiene 22 años. Me parece increíble lo que es capaz de hacer y creo que cada vez lo hará mejor Lo ha demostrado. Rafa Nadal ganó su primer torneo a los ocho años, en Baleares. Ha batido récords de precocidad en el circuito uno detrás de otro y, quitando a Michael Chang, es el jugador que ingresó antes- -a los 17 años- -en la selecta lista de los 100 mejores tenistas del mundo que elabora la ATP. También tras Michael Chang, es el segundo jugador más joven en ganar un torneo Masters Series: con 17, llegó a la tercera ronda de Wimbledon, logro que sólo había conseguido antes Boris Becker. Además, es el jugador más joven en ascender al quinto puesto de la Lista de Entradas desde que lo lograra Michael Chang en 1989. Rafael Nadal es también el más joven ganador de la Copa Davis con 18 años y 187 días, superando al australiano Pat Cash, 18 años y 215 días. Nadal ya era el jugador español más precoz en debutar en una eliminatoria de Copa Davis, cuando disputó su primer partido, el seis de febrero de 2004, ante Jiri Novak, con 17 años, ocho meses y tres días. La hazaña de convertirse en número uno del tenis mundial con 22 años, y conseguir la medalla de oro de los Juegos Olímpicos, es sólo la culminación meteórica de una carrera abonada con el sudor del esfuerzo personal. Roger Federer, anterior número uno del mundo, su adversario y sin embargo amigo, aseguró que Rafa ha realizado un gran juego para conseguir ser número uno. Es lo que yo he esperado desde que alcancé la cima, que si alguien me superaba lo hiciera porque ha jugado un tenis excelente. Por eso creo que, sin ninguna duda, Rafa se lo merece Desde la antigüedad clásica, desde los días de Olimpia, allá por el siglo octavo antes de Cristo, cuando estos juegos fueron instaurados con una paz sagrada inquebrantable en todo el mundo heleno, los ganadores de las distintas disciplinas eran considerados divinos, y tratados como tal, siendo inmortalizados en esculturas y tratados como encarnaciones de los héroes míticos. Hoy en día, en un mundo más descreído en el que se ensalza la nadería y el bajo vientre desde los medios de comunicación, y en el que todo es utilizable como arma arrojadiza, yo quiero dedicar estas líneas a un muchacho que, como en la antigüedad, nos hace recordar de cuanta grandeza somos capaces cuando perseveramos en ello y nos esforzamos. Es luz entre tanta sombra. Tal vez porque, cuando esto sucede, nos acercamos, como Rafa Nadal, un poco más, a lo mejor del género humano, a la divinidad que anida en nosotros, a la imagen de los dioses. LORENZO BERNALDO DE QUIRÓS Economía La crisis interminable ace un año, la tormenta desencadenada por la crisis de las hipotecas basura sacudía la escena financiera norteamericana y sentaba los cimientos del principio del fin de la larga expansión económica experimentada por los EE. UU. Doce meses después, ese episodio ha alcanzado las dimensiones de un tsunami global sin que exista posibilidad alguna de conocer todavía su duración y profundidad. Se ha extendido y ha contaminado las finanzas y la economía real de casi todos los países. Los más optimistas como el Nobel de Economía Myron Shooles se declaran incapaces de responder a esa cuestión; los más pesimistas, como el profesor del NYU, Nouriel Roubini dicen que esta es la crisis más grave desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado. La incertidumbre impera todavía si bien la cara terrible de la bestia empieza a emerger con una lógica inapelable. Esto no tiene visos de mejorar y sí muchos de empeorar. La Reserva Federal ha gastado montones de dólares en suministrar liquidez al sistema, en intentar rescatar a las principales víctimas de la crisis etc. sin que eso haya servido para nada excepto para elevar la inflación. En estos momentos, la contracción del crédito bancario en EE. UU. es la mayor de la historia contemporánea y se acentuará cuando la banca tenga que refinanciarse en los próximos meses. El BCE de Trichet ha sido menos agresivo que la FED de Bernanke pero ha inyectado miles de millones de euros sin que eso haya servido para estrechar los spreads en el mercado interbancario europeo. Las instituciones crediticias no se fían las unas de las otras y todas quieren mejorar sus ratios de solvencia y, si H pueden, aumentar su capital para protegerse frente a una situación que no tienen ni idea de cómo evolucionará. Desde numerosos sectores de la academia se intenta responsabilizar de la crisis a las fuerzas desbocadas del capitalismo salvaje. En esta línea se han manifestado en estos días, Stiglitz y Krugman. Sin embargo, pocos sectores están tan regulados e intervenidos como el bancario y sólo una institución política, el banco central, tiene la posibilidad de expandir la oferta monetaria, esto es, crear las condiciones para una excesiva creación de crédito que es la causa básica del nacimiento y desarrollo de esos procesos que denominamos burbujas de activos. De los males presentes tienen la culpa las malas políticas monetarias del pasado y, en concreto, la desplegada por Greenspan. La innovación financiera y sus supuestos males son la respuesta del mercado a los excesos regulatorios y será muy difícil detenerla por mucho celo interventor que pongan los gobiernos como demostró el viejo y grande Merton Miller. En medio de este Armagedón, la vieja gallina de los huevos de oro, el turismo también comienza a hacer agua. De hecho apuntaba signos de estancamiento en los últimos años cuando la economía española y la global iban bien. La oferta turística española ha perdido competitividad frente a otros destinos de sol y playa a precios más baratos. Así lo reflejan los datos hechos públicos por el INE el jueves pasado. Esto significa que las dificultades de esta industria no son coyunturales sino tienen una profunda raíz estructural que resultará muy complicado corregir porque parte de la infraestructura hotelera que hoy sepulta nuestras costas no es reciclable y ya ha dañado la configuración de un entorno atractivo. En consecuencia, el turismo contribuirá cada vez menos a financiar el déficit exterior. Será necesaria mucha imaginación y muchos recursos para renovar un sector acostumbrado a funcionar como un monopolio natural. En cualquier caso, tranquilos por el Ministro de Industria, Sr. Sebastián ha anunciado un plan de salvamento para el sector. Para terminar, un recordatorio a Solbes quien el lunes de esta semana pedía a los empresarios que inviertan para superar la crisis. Olvida que la inversión es el resultado de una serie de condiciones que en gran medida dependen del gobierno. Desde esta óptica, la atonía inversora es producto, por supuesto de la debilidad de la economía pero también de la falta de confianza de las empresas en la política gubernamental.