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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE Chabolas y polígonos El Somorrostro que vio bailar a Carmen Amaya conforma hoy el frente de playas en el que se tuestan los turistas; en el Campo de la Bota, en el extremo de levante, se levanta hoy el recinto del Fórum; Montjuïc, el universo barraquista que retrató Paco Candel, quedó sepultado ya hace años por las instalaciones olímpicas, y el Carmelo por el que triscaba el Pijoaparte de Marsé es ahora recordado por el hundimiento del Metro en 2005. Si de aquellas barracas no queda rastro, más fácil es seguir su herencia en forma de viviendas para los realojados. De manera automática, a cada núcleo erradicado le seguía un polígono de viviendas, barrios de nueva planta en el extrarradio, sin servicios, donde los inquilinos, después de luchar por el traslado, levantaban de nuevo la bandera de la reivindicación para dignificar el entorno. El barraquismo vertical de entonces dio paso con los ayuntamientos democráticos a planes de inversión para dar escuelas, dispensarios y urbanismo reparador a estos barrios. En otros casos, a la herencia envenenada del barraquismo- -el caso de la Mina como paradigma- sólo ahora, 30 años después, se le empieza a poner solución. Barraquistas en Barcelona, años sesenta que se instalan en estos espacios hasta que comienza una nueva promoción o el juez los echa tras la denuncia del propietario. Primero llegan con sus caravanas, y si permanecen durante un tiempo largo, acaban añadiendo a los vehículos adosados de madera y uralita: por aquí, una lavadora y una tele conectadas a un generador, por allá, juguetes de niño tirados por el suelo... El concejal del distrito, Francesc Narváez (PSC) apunta que habrá unos ocho o nueve solares ocupados, con tres o cuatro familias de media. Es un fenómeno muy puntual, ante el que el Ayuntamiento, si no hay antes una orden judicial, poco puede hacer. Podemos presionar en aspectos como la escolarización de los niños, y ahí hay que decir que no ponen problemas explica sobre un fenómeno que, aunque molesto para los vecinos- -sobre todo por el ruido y la suciedad que se acumulan frente a los sitios de acampada- -no es comparable al de pasados años. Hace cinco aproximadamente, en el desalojo del solar de la antigua fábrica Titán se contaron hasta 300 personas. Los de ahora son grupos difícilmente integrables, que viven así como opción de vida, no por un problema de falta de recursos añade Narváez, que diferencia estas personas de otro fenómeno también típicamente barcelonés, el del turista vagabundo, aunque limitado al verano y que viene a ser una síntesis entre el más degradado turismo pies negros y el más homologable de la autocaravana. Son grupos de look alternativo, casi siempre europeos, que han reconvertido antiguas furgonetas de reparto en casas móviles y que llegan a la ciudad para quedarse unas semanas, casi siempre de paso hacia destinos más al sur. Para ahorrarse el pago en un lugar de acamapada tradicional, aparcan en un chaflán más o menos apartado, cerca de una fuente, y hacen vida allí. Unos y otros, por tanto, nada tienen que ver con el concepto tradicional de barraquismo. Por así decirlo, los herederos naturales de aquellos barraquistas del Carmelo o de Montjuïc son ahora los inmigrantes extracomunitarios, que, en precario, acaban metidos en un piso con una veintena de compatriotas: Las barracas de entonces- -apunta Narváez- FOTOS ARCHIVO: CUSTODIA MORENO son ahora los pisos sobreocupados o compartidos por un par de familias Como aquellas chabolas, lugares de paso provisionales hacia una situación mejor Con muchas carencias, sí, pero con toda la dignidad del mundo. En Barcelona, también en otras ciudades de España destino de inmigrantes, y aunque en formas distintas, la historia viene a repetirse: precariedad económica, carestía de vivienda y, además, persecución y recelo ante el recién llegado. Los sin papeles de ahora son los ilegales -también se les llamaba así- -de los años sesenta, que tan pronto llegaban a la Estación de Francia eran devueltos si no podían dar En el momento álgido del barraquismo en los años sesenta, los núcleos chabolistas- -Montjuïc, Campo de la Bota, Carmelo... -llegaron a reunir a más de 50.000 personas Según un estudio, uno de cada cuatro inmigrantes que vive de alquiler lo hace en condiciones de hacinamiento: proliferan los pisos patera y las camas calientes una dirección de residencia, o a quienes se echaba abajo la barraca si no estaba dentro de un siempre impreciso censo. Sólo en 1957, antes de la oleada de los sesenta, se contabilizaron 10.352 chabolas. Si las barracas de antaño proliferaban en descampados, lejos de la ciudad oficial los pisos patera se concentran ahora en centros degradados o en barrios periféricos ya consolidados, en Barcelona y, sobre todo, en municipios aledaños como Badalona o L Hospitalet. Hacer un cálculo sobre su número es complicado, aunque su volumen es necesariamente alto; es lo que podría llamarse un nuevo barraquismo oculto. Según un estudio de la fundación Jaume Bofill, uno de cada cuatro inmigrantes que vive de alquiler lo hace en condiciones de hacinamiento. Ahora, como entonces las barracas de los sesenta, se trata de una etapa que quien la vive quiere que sea provisional, pero que en muchos casos se acaba cronificando. Barracas. La ciudad informal Museo de Historia de Barcelona. Hasta el 22 de febrero de 2009.