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24 8 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Álex Historia de un campeón (Viene de la página anterior) preparado para empezar a ir a la escuela infantil. Como todos losniños, cogió sus primeros constipados. Ese invierno, Álex estuvo gruñón, se pasó casi todo el tiempo tomando antibióticos. Fue una temporada durita. Empeoró. Una laringitis lo llevó a la UCI. Bueno, a él y al conejo Simón- -que ahora guarda sus cenizas- que siempre veló sus sueños, abrazados entre las sábanas del hospital valenciano La Fe, donde la sonrisa de Álex no se borraba. Volvió a casa. Debutó el lunes con su hermana en el escuela infantil Patufet. Volvieron las toses. Vuelta al hospital. Una analítica revela una leucemia linfoblástica aguda tipo estándar, con un porcentaje de curación del 60 pero las estadísticas no funcionan para los síndromes de Down. Inmediatamente se le coloca un portacard, y al día siguiente llegan los bombazos de quimioterapia. El tratamiento duró un mes. Salió hecho una piltrafilla. Tres adultos debían sujetarle para que un cuarto le administrara nutrientes. Había que recuperarse y no era fácil comer sin apetito y con la boca llena de llagas. Sangrados, transfusiones. Demasiados patógenos en el ambiente cálido del hogar, lejos de la asepsia hospitalaria a pesar de que todos, hasta la pequeña Patricia, sólo se le acercaran con mascarilla. Simón también. Fue cuando aprendió a dar y robar besos entre las telas esterilizadas. Nueva recaída. Regreso a la UCI. Intubación. A Javier y a Ana les pusieron un psicólogo para afrontar la muerte de Álex que los doctores creyeron inminente. Pero mejoró, siempre sonriendo, y subieron a planta- -él y el conejo- Volvieron los ciclos de quimio. Y pudo retornar a casa. Álex con sus padres, Ana y Javier, y su hermana Patricia en Javalambre Asun Rojo, la tía Asun, cómplice de Álex. Con ella ganó algunas de las batallas más terribles. La sonrisa fue su mejor arma Qué días aquellos cuando Esperancita- -el tercer brazo de Ana, y que hoy está rota- -se empleaba a fondo con santa paciencia para que el niño comiera. Qué sesiones de duro entrenamiento, de extenuante rehabilitación. Entonces me quedé embarazada de Marta y pensé, bueno, lo ideal es que Álex de mayor sea autónomo, pero si su hermana tiene que echarle una mano y, además, tiene en quien apoyarse, mejor. Los hermanos- -subraya Ana- -son muy importantes Y llegó septiembre. De nuevo, el cole. Porque Álex si no ha tenido fiebre o no ha estado ingresado no ha faltado nunca. Como dice su madre, sí, estás hecho unos zorros, lo mismo que en casa, pero en el cole además estás entretenido Mati Romero, que fue su profesora en Patufet desde los 3 hasta los 7 años cuenta que Álex era un alumno aventajado que intentaba sortear todos los obstáculos porque no quería quedarse atrás. La familia fue clave y le proporcionó el refuerzo de logopedas y de muchísimos otros profesionales que le colocaron a la cabeza de la clase. El niño, además, había entrado con la fuerza de su madre y con una carta de presentación que Ana nos leyó a todos sobre cómo era Álex, qué síndrome tenía y lo que eso significaba para el resto de los niños. No pudo entrar con mejor pie. Luego vino al colegio en silla de ruedas, con un aparato en las piernas, bajo el tratamiento de la leucemia... Siempre respondía, era capaz de superarlo todo a pesar del cansancio, y de sus momentos de enfado. Pero también era un trasto. Corría que se las pelaba, con aparato y todo, se escondía, abría los grifos, y se moría de risa; un guasón de armas tomar. Lo peor era la comida Pero esa barrera también la superó. Otro empeño de Ana: La comida era una cuestión educacional, porque es muy cómodo y rápido coger la cuchara, darle la comida y a dormir la siesta; pero no se trataba de eso, y él con los compañeros comía mejor que en casa con su mamá haciéndose el interesante. Saber comer- -enfatiza- -es más importante que saber multiplicar Le gustaban mucho los macarrones- -y a qué niño no- -y el arroz de Pepito, junto a la finca donde su padre, también veterinario, cría a mano con papilla loros exóticos. Le divertía nombrar a todos los perros, a todos los pájaros... Hace unos meses tuvimos un guacamayo con una pata operada que se colocaba encima de Álex mientras veía la televisión. Había que andar con mil ojos. No había nada que se le pusiera por delante. Le podía pasar lo peor y salía adelante. Era pura energía como su madre: unos ganadores. Los pilares de la familia Luego, aquel verano en la playa de El Perelló apareció la cojera.