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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Álex y sus hermanas, Marta (I) y Patricia (D) hace unos días en Formentera. Antes fueron de campamento. El mejor verano de sus vidas sa, vamos a ser prácticos- -el destello del cerebro científico de una veterinaria- -y ponernos en marcha cuanto antes. El novio de la tía Asun, Jerónimo Cavanes, un cirujano que fue como un segundo padre para Álex, siempre dijo que reivindicaba los aplausos que el niño no tuvo, porque fue aceptado, sí, pero no hubo esa celebración que suele acompañar un nacimiento Por otra parte, el principio poco brillante y hasta confuso, pero todo un clásico, con que suelen comenzar las gestas épicas. Lo más profundo del hombre- -dijo el poeta- -es su piel La de Álex nada más nacer se puso azul por una cardiopatía que le llevó a la UCI. Pero sobrepuesto a este primer contratiempo, fue sobre ella, justo al mes de nacer, donde empezó el entrenamiento de la estimulación temprana, con masajes con las manos, con esponjas, plumas y hasta piedra pómez. Luego, a los seis meses, Álex ya estaba en el agua de una piscina mientras Alberto, su profesor, le colmaba de besos. Había que ejercitar la psicomotrocidad, la sensación espacial, la coordinación... A esas alturas, Álex ya era medio pez en el agua, y fuera, pájaro entre las notas de Mozart, Bach, Beethoven... Con 18 meses anduvo. Para entonces las cartas ya estaban boca arriba y la apuesta era clara. Mucho ojito, no le pases ni una. Estos niños son catedráticos en manipulación le había dicho a Ana su amiga Marisa Parrilla, una psicóloga que dirige un centro de terapia ocupacional también en Valencia. Y yo como soy muy obediente y hago caso de lo que me dicen los profesionales, no di un paso atrás, algo terrible si tienes en cuenta lo difícil que es la escalada. Hay que poner el listón siempre un poquito más alto, sin pasarse para no producir frustraciones, pero siempre avanzando A los 23 meses nació Patricia. Una preciosidad rubia, como Álex, y lista como el hambre que no tardaría en convertirse en la gran protectora de su hermano mayor. Hoy me dice la madre que los hijos te dan la vida, y una niña como ella que no le falta nada, imagínese... Cuando nació pensé ¡vaya mariconada tener hijos normales, así cualquiera! -me pide que no lo ponga así, pero no me resisto. Perdón- pero claro Patricia no es la norma, porque luego nació Marta, también monísima, pero tela marinera. Me han animado a que le haga a Patricia las pruebas de los superdotados- -va un curso por delante en el Liceo Francés y, con todo, es la primera de la clase- pero si estoy por la integración, lo estoy en los dos sentidos. Creo que lo mejor es normalizar. Indiscutiblemente, si uno u otro tienen problemas hay que tratarlos, pero si no, hay que dejarles hacer su vida. Mis hijos tocan el piano, montan a caballo, hacen yoga, danza, artes plásticas... La vida no es todo cerebro y ese criterio lo aplico para todos mis hijos. Igual que a Álex le ponía a hacer los deberes, le llevaba a esas otras cosas que te dan tantas satisfacciones en la vida como un espectáculo de danza, un buen concierto. Y participar en todo: el festival del pasado junio en que Álex bailó fue una pasada Lo recuerda su profesora Reme Martí, de la Escuela de Danza María Carbonell: En abril empezamos a preparar la función, una coreografía con música africana y cierta dificultad. Dos semanas antes, Álex me cogió de la mano, me llevó a un aparte e hizo el baile completo. Llegó el gran día y le volví a dar la opción de bailar con el resto del grupo o sólo conmigo como hacíamos todos los días al final de la clase cuando él era mi príncipe y yo su princesa. Decidió que sería un dúo. Puso al teatro en pie; él, el niño más feliz del mundo, y yo, la princesa más orgullosa. Uno de los momentos más bonitos de mi vida. Había venido a clase incluso con el aparato en las caderas que tuvo que llevar durante un tiempo y consiguió saltar, correr y hacer todos los ejercicios. ¡Increíble! Y no sabe cómo era la relación con las niñas del grupo: consiguió que todas quisieran bailar con él. Y él, no se creas, que se aprovechaba y escogía: tenía sus favoritas Como dice José Romero, su profesor de kárate durante las dos últimas temporadas, era todo un carácter. Un niño con mucha personalidad Estamos ante un fabricante de campeones. Dos de sus chicos, con síndrome de Down, y ya con 30 años, son cinturón negro. Un niño no entiende de límites y Álex progresaba deprisa Más que a patadas, dice Romero que Álex ganaba combates pegando abrazos. A los tres años, el primogénito de los Villoch- Carrión ya estaba (Pasa a la página siguiente) peón sin sudar la camiseta, pero no es menos cierto que tener la dicha de ponerse en el punto de mira de un oteador allana el camino. Y en eso sí que tuvo suerte este luchador. El día que nació Álex- -12 de mayo de 1999- -la tía Asun, madre de mi madre y que es enfermera- -relata Ana Carrión- estaba en el paritorio sujetando mi mano. Yo tenía 31 años. Era mi primer hijo. El embarazo había sido muy fácil, las ecografías no indicaron ningún problema. Pensé en hacerme la amniocentesis, pero ¿para qué? Un riesgo añadido si no piensas abortar. El parto fue muy fácil. El niño pesaba 3,800 kg y medía 52 cm, pero el pediatra no paraba de examinarle. ¿Qué pasa? preguntó el padre al médico. Sospecho que tiene síndrome de Down Apreté la mano de la tía Asun, y la tía Asun me devolvió el apretón- -quedando sellado el pacto de fuerza con que se forjaría un ganador- -y pensé, bueno, este es mi hijo y esto es lo que hay, y si Álex ha venido al mundo y tiene esas características es que ha venido a enseñarme algo, y eso para mí, buscarle una razón, fue una tabla de salvación; como además no se puede hacer otra co- Ojito con estos catedráticos