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D 7 17 8 08 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Londres La acequia de Diana La Fuente construida en memoria de Diana es una original acequia, por la que el agua- -como su vida- -corre mansa en una dirección y turbulenta en otra, junto a la que viene el pueblo a refrescarse POR EMILI J. BLASCO poco sol que haga, en este verano que no está siendo generoso con Londres, las familias se agolpan a las orillas del anillo de Diana, un óvalo de 80 metros de largo y 50 de ancho cuyo perímetro está surcado por agua. La Diana Memorial Fountain fue inaugurada por Isabel II en 2004. La capital británica tardó unos años en dedicarle un monumento a la Princesa de Gales, entronizada como la Princesa del Pueblo por Tony Blair el día de su muerte, pero cuando lo hizo apostó por algo muy distinto a una convencional estatua. La artista estadounidense Kathryn Gustafson quiso diseñar algo que fuera accesible para la gente, como manifestación del carácter conciliador de Diana. En atención a las dos caras de su vi- A da, la del cuento de hadas que fue su boda, y la de su infeliz matrimonio, la acequia tiene dos corrientes. El agua brota hacia un lado de manera mansa y discurre serenamente por un surco liso que se va ampliando; hacia el otro, las aguas bajan rápidas, por un lecho estrecho y rugoso. Esta intencionada metáfora artística también se ha trasladado, sin pretenderlo, a la propia realidad social de la fuente. Por un lado atrae al público, invitándolo a la contemplación; pero por otro, son ya varios los incidentes de caídas y lesiones de niños que, en su alboroto, se han puesto a correr con sus pies descalzos por el riachuelo. Y aún otra dualidad: el caro monumento, de granito de Cornualles y con un coste de 4,5 millones de euros, ha tenido que cerrarse varias veces para reparaciones, por sus filtraciones de Visitantes del Memorial Princesa Diana chapotean en la acequia AP agua que empantanan los alrededores. La fuente está al sur de la Serpentine, el lago que atraviesa transversalmente Hyde Park. Este parque era el único lugar para un memorial a Diana, pues en su extremo occidental están los jardines de Kensington y, en ellos, el Palacio de Kensington, lugar de residencia de la Princesa desde su boda con Carlos de Inglaterra hasta su muerte. La verja del palacio se llena de flores cada 31 de agosto, fecha del accidente de París. Son muchos los niños que siguen el recorrido de Peter Pan por Hyde Park, con un parque infantil dedicado a las aventuras del país de Nunca Jamás al norte del Palacio de Kensington, y una estatua junto a la Serpentine, allí donde, según el autor, James Barrie, se escapaban los niños que no querían crecer. En ese periplo, el memorial de Diana ofrece el complemento de poder jugar con el agua, aunque sólo metiendo las manos, pues tras los resbalones registrados por correr por el cauce, hasta seis guardas se ocupan de que nadie se meta en la acequia, por caluroso que pueda ser el día. Y si falta personal de seguridad, se cierra la valla que tuvo que levantarse a su alrededor para evitar el acceso incontrolado. En realidad, la fuente ha sido constante foco de mala prensa. Menos de 24 horas después de su solemne inauguración tuvo que ser clausurada porque, debido a las tormentas, las filtraciones que comenzaban a producirse no podían drenarse. Durante ese primer mes se cerró en tres ocasiones. Un mes más tarde se decretó la prohibición de caminar por su lecho porque tres personas tuvieron que ser llevadas al hospital por caídas. Medio año después se cerró durante cuatro meses para reparaciones y luego empezaron a aparecer grietas. Y hace sólo unos días, The Daily Telegraph titulaba: La fuente de Diana debe ser construida de nuevo