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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE Una serie de placas recuerdan a los deportistas que han dejado su vida en los circuitos. La placa de Santiago Herrero está entre ellas. La muerte del piloto español cerró la participación oficial de otros españoles en las pruebas- -siempre arriesgadas- -que se celebran en este lugar chaquetón de Bultaco. También los Dunlop merecen un homenaje. Su hermano, Robert Dunlop, otro héroe de los circuitos, se mató en julio en una carrera en Irlanda. Sus tres hijos le salieron pilotos. Dos días después, con el cuerpo insepulto del padre, Michael Dunlop ganó la prueba de 250 entre una gran conmoción. Alguien que estuvo allí me contó que ese día vio llorar a hombres grandes como castillos. Estoy a punto de terminar la vuelta y no he visto nada que recuerde a Santiago Herrero. Posiblemente nadie sepa ya que en 1970 los pilotos eran humildes, conducían sus propias caravanas, dormían en tiendas de campaña y se reparaban los huesos rotos con escayola y médicos locales. Santiago pudo ser un campeón con Ossa, pero se dejó la vida en una curva antes de tiempo. Siento que no es justo que no haya un solo vestigio que honre su memoria en esta tierra donde vino a morir detrás de un sueño. Enfrente de la meta está el cementerio de Douglas. Al final del sendero de grava descubro un muro con una placa dedicada a la memoria de los pilotos fallecidos. Es el Memorial Wall. Hay placas más pequeñas. La última es para Santiago Herrero. Luego me enteraría de que la pusieron allí los chicos del Motoclub La Maneta. Corto unas humildes flores. Se acerca un hombre de unos sesenta años y me pregunta qué estoy buscando. Contesto que el recuer (Pasa a la página siguiente) Campeones con Ossa Calma, prados verdes y memoria victoriana forman parte del paisaje que los motoristas ven pasar en muchos tramos los árboles abrazan sus copas creando un techo vegetal sobre el piloto. La emoción que siento me recuerda a la que embarga al peregrino en el Camino de Santiago: de algún modo se percibe la energía de los que pasaron antes por aquí. Hay curvas ciegas, baches, cambios de rasante imprevistos, bordillos, estrechamientos, puentes y muchas zonas urbanas. Se le pone a uno la piel de gallina al pensar que el record está en 130 millas por hora, sobre todo al ver numerosos cadáveres aplastados de conejos y erizos. Imaginar lo que puede suponer atropellar uno a 254 km por hora hace que inmediatamente afloje el puño. A partir de Kirk Michael la vía va girando poco a poco hacia el éste. Es quizá la parte más bella. Atraviesa tupidos bosques y prados verdísimos donde pastan indiferentes las vacas y los corderos. Se entra en Ramsey por una estrecha calle. En un cruce espeluznante se tuerce hacia el sur para regresar a Douglas por la montaña. La subida se inicia con un giro de 180 grados que preludia una sucesión de curvas por un paisaje desolado. En la montaña encuentro la estatua dedicada al irlandés Joey Dunlop, rey del TT con 26 victorias y que murió en Estonia en el 2000. Abrigo al campeón con mi La marca de los memoriales Hay curvas ciegas, baches, cambios de rasante imprevistos, bordillos, estrechamientos y muchas zonas urbanas. Correr por aquí pone la piel de gallina