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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE En el monasterio de Yuste pasó el César los últimos 19 meses de su vida, sin ejército y sin imperio. Murió de paludismo ñas de la Sierra de Gredos- -se da buena cuenta en la magnífica exposición Carlos V en Yuste. Muerte y Gloria eterna que Su Majestad el Rey inauguró el pasado mes de junio y que, organizada por Patrimonio Nacional (www. patrimonionacional. es) con la colaboración de la Fundación Banco Santander, estará abierta al público hasta el 450 aniversario de la muerte de nuestro último emperador. De esa relación también extrae el jugo Gonzalo Sánchez- Molero quien nos da cuenta de los libros que Carlos V quiso tener junto a él en el que sería su último verano, exactamente en sus aposentos más privados, y que son casi todos de preparación a la muerte, además del mencionado El caballero determinado o La consolación de la filosofía de Boecio, que además tenía en tres lenguas (francés, castellano e italiano) lo que, sin duda, revela predilección además de resultar sorprendente. ¿Y por qué en tres idiomas? Probablemente porque Carlos V de, bido a su edad, la gota y la falta de visión, no leía él mismo y hacía que se los leyeran, algo habitual en la época, y la mayor parte de sus cortesanos, que no eran políglotas como él, eran franceses o españoles. Además de estos libros filosóficos, tenía libros de ocio y entretenimiento entre los que destacan los de astronomía, especialmente el Astronomicum Caesareum de Pedro Apiano, y su traducción al castellano por Santa Cruz, ya que el original estaba en latín, que era la lengua de la ciencia. Se trata de un libro precioso donde se explica cómo funciona el universo según la teoría de Ptolomeo- -la tierra es el centro del orbe- y que, además de estar magníficamente ilustrado, estaba hecho de recortables y móviles, de tal forma que el emperador, que era un apasionado de todas las ciencias mecánicas, podía manejar las piezas de las esferas celestes, los astrolabios... Carlos V probablemente no pensaba que se iba a morir tan pronto. Por eso- -añade el profesor- -conviven en aquellos meses tres facetas: la lúdica, la mística o de preparación a la muerte con esos libros balsámicos, y una tercera que es la del fracaso, reflejado en el proyecto inacabado de su biografía, que iba dictando a su ayudante de cámara Guillaume Van Male, y la razón de que estuvieran allí Los comentarios de Julio César, su modelo literario, y La guerra de Alemania de Luis de Ávila y Zúñiga. Pero el ABC emperador pidió que se destruyera al considerar que no era más que de una última vanidad, y además, la de un hombre incapaz de vencer a musulmanes y luteranos Y junto a todos esos libros, también en esos aposentos privadísimos, estaban los que el investigador denomina libros raros Ni más ni menos con los que introdujo al demonio en su cámara. Me refiero a la Doctrina cristiana del doctor Constantino, y las Meditaciones de fray Luis de Granada, sospechosas en su ortodoxia religiosa por estar escritos en la senda del erasmismo. Aunque se supone que estaban prohibidos, aún no figuraban en el índice elaborado por el Santo Oficio, que es del 59. Tampoco sabemos si se los quitaron antes o después de morir, pero sí que el primero acabó en la hoguera y el segundo en manos de la Inquisición. Al propio médico del César, Henry Mathise, le obligaron a desprenderse de su biblia en francés y quemarla, contra lo que el galeno había alegado que era en ese idioma como la leía en Flandes, igual que hacía Su Majestad. Pero ese giro de mentalidad entre el 58- 59 no se anduvo con paños calientes. Y lo que para ellos fue un problema personal, para los libreros, que habían comprado muchos volúmenes extranjeros que estaban permitidos y que tanto costaba traer, es la ruina Un regalo envenenado El Cielo y el Infierno Libro de horas de Carlos V Pero volviendo a los libros raros -hace hincapié el investigador- sostengo que fueron regalo de sus propios hijos: Constantino Ponce de la Fuente, que acabaría como hereje sus días en prisión, era predicador de Felipe II, y San Francisco de Borja es el confesor de Juana de Austria. Los dos hermanos, que son asiduos lectores de fray Luis de Granada- -que prohibido en el 59 y exonerado cuatro años llegó a ser autor de auténticos best- sellers en el reinado de Felipe II- practican una religiosidad muy progresista, podíamos decir ahora, en esos años 50. El mismo Felipe II tenía al morir un arca de libros prohibidos en su cámara Afortunadamente- -concluye Gonzalo- -el César logró al fin zafarse de la amenaza que el demonio suponía. El crucifijo de la emperatriz Isabel le protegió hasta el último suspiro ¿Y qué lee un bibliógrafo en verano? No suelo leer libros- -me explica Gonzalo Sánchez- Molero- tengo muchos en la cabeza y de vacaciones solo me llevo borradores para escribir ¿Cuántos libros sobre su mesita de noche? Dos. Y si los abriera vería que están en blanco. Proceden de un curso de encuadernación, y lo único que importa es la cubierta. Saturado de libros, lo siento, pero ni tengo libro de cabecera ni de verano