Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE LA CONTIENDA que presagia la extensión de la guerra a guerra en el Cáucaso era sólo cuestión de tiempo. Los esfuerzos de los países- -Georgia, Armenia y Azerbaiyán- al igual que de las potencias con intereses en la zona, básicamente EE. UU. y Rusia, iban más encaminados a incrementar la tensión que a buscar vías pacíficas de solución. Y lo peor está por venir. Los intereses estratégicos son máximos. No sólo está en juego el control del 15 del petróleo mundial que se encuentra en el Mar Caspio, sino también el dominio de las rutas de aprovisionamiento del crudo y del gas hacia Europa. A lo que se une la posibilidad de disponer Rusia de una nueva base naval en Abjasia, con miras a la próxima cancelación del contrato de alquiler de la de Sebastopol, en la ucraniana península de Crimea. Georgia se ha volcado con EE. UU. y reforzado sus lazos tradicionales con Alemania, Ucrania y Turquía, a cuyo lado ya combatió en la Primera Guerra Mundial. A ellos se ha unido Azerbaiyán, que, al igual que Georgia, aspira a ingresar en la OTAN. Estos países podrían albergar parte del sistema del escudo antimisiles norteamericano, concretamente radares de alerta temprana. De momento, Azerbaiyán ya alberga bases militares de EE. UU. país que también utiliza su espacio aéreo. Rusia ha reunido en sus filas a Armenia e Irán. Los armenios odian a los turcos, después de las matanzas de 1894- 95 y 1915, en las que murieron un millón y medio de sus compatriotas. Mientras que Irán espera que la repartición del Mar Caspio le sea favorable a sus intereses, al tiempo que aprovecha para ahondar en su particular enfrentamiento con Occidente. Azerbaiyán mantiene en su territorio el conflicto sin resolver del Alto Karabaj, para el que sólo ve una salida militar. Lo que ha QUE BUSCABAN El Cáucaso es un avispero plagado de intereses, tanto estratégicos como económicos, que ha propiciado un laberinto de alianzas L Pedro Baños Bajo Teniente Coronel. Profesor del CESEDEN llevado a este país, de poco más de 8 millones de habitantes, a incrementar de modo espectacular su presupuesto de defensa, aprovechando los ingresos del petróleo. Dispone de 67.700 soldados, desproporcionado para su tamaño y población. También teme por la seguridad de su población en Nakhichevan, al suroeste de Armenia. Armenia no reconoce el Alto Karabaj como parte de Azerbaiyán y mantiene un importante contingente militar allí desplegado. Al tiempo que aspira a establecer el pasillo de Latchine, que una su territorio con Nagorno- Karabaj. También estima que el conflicto se resolverá por medios militares, llevando su esfuerzo bélico al extremo de tener 43.600 tropas, con tan sólo son 3 millones de habitantes. Los acuerdos de defensa con la Federación Rusa le han permitido hacerse con material bélico de las bases rusas desmanteladas en Georgia. Y sigue teniendo un ojo puesto en la protección de la marginada minoría armenia que vive en Georgia. En cuanto a Georgia, su ejército es escaso en comparación con los países del entorno, pues no llega a los 11.300 soldados. Obviamente, confía en sus aliados para su defensa, sabedor que ante su principal adversario, Rusia, no tiene ninguna posibilidad de victoria en solitario. Como compensación por la ayuda prestada, ha apoyado a EE. UU. con 2.000 hombres en el esfuerzo de Irak. Debe hacer frente a las ansias separatistas de Osetia del Sur, Abjasia y, en menor medida, Adzaria, pues si bien esta última región sigue manteniendo lazos políticos con Moscú, sus principales relaciones económicas las tiene con Turquía. Difícil lo tiene esta vez la ONU, teniendo en cuenta que dos sus miembros permanentes del Consejo de Seguridad son partes interesadas en el conflicto, y que Rusia está además directamente implicada. Imposible que una resolución vea la luz. Las posibilidades de que el conflicto se extienda no son nada desdeñables. La razón de las armas AP AFP más que empeorar la situación. Desde su firma, el goteo de desplazados ha aumentado y ahora ya estamos a falta de comida para niños denunciaba Gibi Amirjanashvili, responsable municipal de Mtskheta, 48 horas después del acuerdo para el cese de las hostilidades. El control ruso de Gori o Poti donde desplegaron cientos de tanques- -no ayudó a resolver una crisis humanitaria que mostró la impotencia de la comuni- dad internacional ante Moscú; el conocimiento de que la aviación del Kremlin usó bombas de fragmentación, según denunció la organización Human Rights Watch, menos, y augura una zona de alto peligro para largo tiempo. Gori ha sido sin duda la auténtica línea del frente de esta guerra a la que los medios locales ya han bautizado como la guerra de los cinco días Ni la casa museo donde nació Iósif Visariónovich Dzhugashvili, Stalin, se ha salvado de las explosiones que rompieron los cristales de su entrada principal. Desde su enorme estatua, el que fuera máximo líder de la Unión Soviética, ha vuelto a ver los tanques del Kremlin desfilando por la larguísima avenida que lleva su nombre, pero esta vez no en homenaje a su figura, sino para controlar a sus compatriotas georgianos. La guerra no ha terminado. La herida se ha abierto un poco más y tenemos un conflicto para mucho tiempo destacaba en uno de sus editoriales el diario Georgian Times. Como todos los medios locales, piden la unidad territorial ante todo, una unidad cada vez más lejana tras esta guerra que ha sufrido Osetia del Sur y que ha dejado a los tanques rusos a apenas cincuenta kilómetros de Tiflis. Difícil lo tiene la ONU, ya que dos de sus miembros permanentes en el Consejo de Seguridad son parte interesada en el conflicto, con la directa implicación rusa