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3 8 08 VIAJES Panorámica de la capital bosnia desde una de las colinas que la rodean, la presencia de los cementerios es una constante en toda la ciudad Viaje a las raíces de la guerra La capital de Bosnia- Herzegovina supera pausadamente sus fantasmas, los mismos que atraen a unos viajeros (en su mayoría jóvenes mochileros) que buscan respuestas a los porqués de la barbarie TEXO Y FOTOS: ESTEBAN VILLAREJO Sarajevo E sto es Sarajevo y aquí hay tumbas por todas partes Sin pedirle explicaciones, la dueña de la pensión se justifica tras intuir una extraña mirada por las vistas de la habitación compartida con otros mochileros: un cementerio. Son lápidas de la guerra, las del asedio al que sometió el criminal de guerra Radovan Karadzic a los habitantes de una población multiétnica que apenas ocho años antes celebraba unos Juegos Olímpicos de Invierno. Katic Stanic, Sara Handzic, Nikola Andric... anónimos con una fecha de defunción entre 1992 y 1995. Así hasta unas 11.000 personas. Mal comienzo para un reportaje de viajes y una pensión. Sí, pero los fantasmas todavía permanecen en la ciudad. Precisamente son los mismos que atraen a miles de viajeros- -en su mayoría jóvenes mochileros, ex soldados o ex trabajadores de algún organismo internacional- -a Sarayjedive nombre que le otorgaron los otomanos en 1461 para referirse al Palacio del gobernador Sunin Lagoindzja, de origen musulmán pero con familia croata católica, ejerce de anfitrión. Desde hace tres años trabaja en la agencia turística Ljubicica que ofrece una visita a los lugares de la guerra. Los turistas vienen atraídos por el Sarajevo cruce de caminos pero sobre todo por el Sarajevo de la guerra Ambos confluyen en una ciudad donde la vida nocturna nada tiene que envidiar a la española y donde algunos edificios todavía soportan marcas de morteros y balas. Enjoy Sarajevo describe un cartel parodiando el famoso lema del refresco. Los jóvenes disfrutamos de la noche dice Sunin, que recuerda que en pleno asedio serbio se celebraron concursos de bellezas, conciertos o festivales de cine. Había que sentirse vi-