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3 8 08 OPINIÓN TIRA Y AFLOJA Por César Oroz PILAR CERNUDA Política Fin de curso legan las vacaciones de verano, que serán cortas, y unos se irán más tranquilos que otros. Al presidente Rodríguez Zapatero le ha dado el CIS un disgusto, pero Rajoy no está como para lanzar cohetes a pesar del empate técnico: aún es muy alto el rechazo a su persona y a su partido y aunque en los últimos tiempos ha empezado a remontar no puede confiarse demasiado. En alguna gente del PP se advierte cierto tufillo a dejarse llevar por la idea de que la crisis económica, monumental crisis, les catapultará a la fama, les llevará bajo palio a la Moncloa. Ojo con ese tipo de interpretaciones: Zapatero no ha hecho nada por apaciguar la crisis y además se negó aceptar la evidencia, un engaño que le pasará factura, pero las elecciones no solo se ganan con la debilidad del adversario, hay que ser capaz de ilusionar a la gente, de hacerle ver que detrás de ti hay un buen programa político. Y el mismo CIS que ha dado un disgusto a Zapatero indica que el proyecto del PP aún está lejos de convencer a la mayoría necesaria para ganar las elecciones. Hay un par de asuntos en cambio en los que el Partido Popular ha dado en la diana, ha hecho bien los deberes: el juego parlamentario. No solamente ha conseguido revolcones importantes al gobierno en la junta de portavoces, sino que ha visto cómo la idea de Bono, presidente del Congreso, de cambiar horarios y el habitual orden del día les viene mejor que bien. Nada que ver que la sesión de control al gobierno se celebre la tarde del miércoles a que pase a primera hora de la mañana: los miércoles tendremos a las televisiones y radios repitiendo a lo largo del día el rifirrafe entre Rajoy y Zapatero, mientras L que ahora ese rifirrafe pertenecían solo a la sesión de tarde noche. Y tal como está el percal económico, nadie duda que el líder de la oposición pondrá en un brete al presidente de gobierno cada vez que tenga ocasión de preguntarle por la economía o por lo que no se refiera estrictamente a la economía. Y ojo, porque a partir de enero la nueva ordenación del Zapatero se ha ido de vacaciones con el disgusto del CIS y un horizonte comoplicada IGNACIO GIL trabajo parlamentario dará pie al PP para presentar todas las semanas, todas, proposiciones de ley que le permitirán aparecer como un partido con alternativas a la acción de gobierno. Se cierra el quiosco, pero septiembre llega interesante. Las negociaciones sobre la nueva composición del Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial centrarán el debate político, aunque al españolito de a pie le trae al fresco el nombre de los vocales del TC y del CGPJ, lo que quieren es que les arreglen la situación de la Justicia, con asuntos que se eternizan de forma preocupante y descoordinación entre juzgados más preocupante aún. Los políticos no duermen pensando en qué va a dictaminar el TC sobre la consulta de Ibarretxe y sobre el referéndum catalán, pero lo que habría que preguntarse es qué va a pasar si se prolonga aún más la decisión sobre el Estatut y, mientras llega ese momento, se toman decisiones que el alto tribunal tumba posteriormente por inconstitucionales. No todo tiene marcha atrás, así que más valdría que alguien se pusiera a pensar sobre qué medidas se pueden aplicar para evitar ese entuerto, más que probable entuerto. Al presidente Rodríguez Zapatero se le ha debido atragantar el fin de curso: no solo el CIS le ha puesto en mala situación, sino que la excarcelación de De Juana ha dado marcha atrás a la moviola: la excarcelación del terrorista se atenía a lo que marca la ley, pero inevitablemente trae nuevamente a la memoria la época en la que el asesino era tratado por el gobierno con guante blanco. Se negociaba con ETA, claro. Es difícil pasar página definitivamente.