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3 8 08 EN PORTADA Obama Sus años de estudiante de leyes POR JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL a Facultad de Derecho de Harvard estaba en plena ebullición cuando Barack Obama empezó sus estudios en 1988. El candidato demócrata había obtenido su licenciatura en ciencia política en la Universidad de Columbia y luego había dedicado cinco años de trabajo a ONGs que luchaban por diversas causas públicas, dos años en Nueva York y tres en Chicago. Cuando empezó la carrera de Derecho en Harvard tenía 27 años y era claramente mayor y más maduro que el resto de sus compañeros, en buena medida por su experiencia laboral más dilatada, que reflejaba un gran compromiso social. Obama aterrizó en la escuela de Derecho de Estados Unidos con más densidad de juristas con proyección pública. El New York Times seguía asiduamente lo que calificaba como el choque entre titanes jurídicos que se producía en el viejo campus de Cambridge, Massachussets. En las aulas de la Facultad enseñaban entre muchas otras figuras Laurence Tribe, el constitucionalista que más pleitos había ganado ante el Tribunal Supremo, Alan Dershowithz, abogado y showman L con clientes como Leona Hemsley o Claus von Bullow, Charles Fried, solicitor general con Ronald Reagan, Phil Areeda, padre del Derecho de la competencia moderno, Abram Chayes, asesor jurídico de Kennedy en la crisis de los misiles o David Kennedy, máximo exponente de la deconstrucción del Derecho Internacional, que enlazaba con las corrientes antisistema de Mayo del 68. El vigor de los debates entre ellos estaba propiciado tanto por sus grandes egos como por la gran diversidad de visiones originales sobre el Derecho y la sociedad. La universidad tenía medios de sobra para reclutar a los mejores profesores del mundo en cualquier disciplina y continuamente añadía nuevas estrellas al claustro. El nuevo decano, Bob Clark, uno de los grandes especialistas en Derecho de sociedades, era visto por muchos profesores y estudiantes como excesivamente conservador. En la apertura del curso en septiembre de 1989 había pronunciado una polémica conferencia en la que negaba que existiesen diferencias morales entre los intereses privados y los públicos. En general era muy escéptico sobre el papel de los abogados en la transformación de la política y de la sociedad y se había enfrentado a las presiones de estudiantes para que contratase a más profesores representantes de minorías. A pesar de estas turbulencias, la influencia de Harvard Law School en el futuro de la profesión de abogado, e incluso en la marcha del país, seguía siendo enorme, mucho mayor que ninguna de sus prestigiosas escuelas rivales. Cuatro de los nueve jueces del Tribunal Supremo eran antiguos alumnos, además de diez senadores, tres miembros del primer Gabinete de George Bush padre y numerosos jueces, políticos, altos funcionarios y abogados de grandes despachos. El primer año, el más difícil de la carrera de Derecho en Estados Unidos, Obama aprobó el durísimo concurso para ser admitido en el grupo más selecto de la Facultad, el de estudiantes- editores de la centenaria y admirada Revista de Derecho de Harvard. Consiguió estar entre los cuarenta seleccionados gracias a sus buenas notas y a su habilidad para escribir muy bien. Durante su segundo año, en febrero de 1990, resultó elegido Presidente de la Revista en competencia con dieciocho otros candidatos. En un primer momento no quiso presentarse a la elección porque pensaba que el puesto no iba a aportar nada a su futuro trabajo en el campo social. Al final lo hizo como candidato de consenso. Aunó las voluntades Candidato de consenso de republicanos (los menos) demócratas y minorías y fue entonces cuando dio su salto a la fama. Se trataba del primer afroamericano que ocupaba este puesto en 104 años y fue entrevistado por incontables medios, no pocos de ámbito nacional. Obama procuró desde el primer momento que no se entendiese su elección sólo por el color de su piel. Declaró que sin perjuicio de su preocupación fundamental por el avance de los afroamericanos, era importante que historias como la suya no se utilizasen para justificar que todo lo que hacían los miembros de minorías estaba bien. Era ya muy consciente de que tenía que contar bien su propia historia si quería progresar y por lo tanto que no podía Página del álbum de fin de curso de la Escuela de Leyes de Harvard en la que se recoge la elección de Obama como primer presidente negro de la Revista de Leyes. Obama, no obstante, advertía: Es importante que casos como el mío no se utilicen para decir que todo va bien con los Negros En el primer año de carrera, aprobó el duro concurso para ser admitido en el grupo más selecto de la Facultad gracias a sus buenas notas y a su habilidad para escribir muy bien