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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Bastad Osby SUECIA Hässleholm Kristianstand Copenhague Malmö Sjobo Ystad EUROPA N MAR BÁLTICO Pistas Cómo llegar. La compañía Spanair (www. spanair. com) tiene vuelos diarios a Copenhague. En el mismo aeropuerto de Copenhague se toma el tren a Malmö (apenas veinte minutos) Allí, otro tren de cercanías hace el recorrido hasta Ystad. Dónde alojarse. En Ystad, los seguidores del novelista se encontrarán felices en el Sekel Garden (www. sekelgarden. se) un pequeño hotelito donde suele alojarse el propio Mankell. En Malmö, The Mayfair Hotel (www. themyfairhotel. se) tiene una excelente ubicación, a un paso de la Estación central y de la Plaza Mayor Dónde comer. En Ystad, Store Thor (www. storethor. se) buen pescado y platos tradicionales Lo tradicional, lo burgués se refleja en la pujante modernidad de la ciudad de Malmö mo paisaje, unas veces con un eurogallo y otras sin él. Al llegar al cruce de Glemmingebro, no pudimos resistir la tentación de parar en el Olof Viktor s Café a tomar una de las estupendas tartas que se elaboran en la vieja fábrica de ladrillos, en cuyo horno se cuece ahora el mejor pan del país. Ya en Ystad, nos adentramos en unos antiguos cuarteles militares que se han convertido en estudios de cine, por obra y gracia del éxito del novelista sueco que, asociado a un par de amigos y con el apoyo de la municipalidad, puso en marcha un proyecto para convertir en películas todas sus novelas. El asunto funcionó y pronto hubo muchas más películas que novelas. Nos acercamos a la Cinemateca contigua, un interesante museo interactivo diseñado para que los niños aprendan la mecánica de la producción cinematográfica y puedan realizar incluso sus pequeños proyectos. Esa tarde el viento y la lluvia dieron paso a un sol radiante y pude pasear a mis anchas por las callejuelas medievales de Ystad, unas veces, flanqueadas por ringleras de antiguas casas plebeyas de una sola planta, pulcramente pintadas de vivos colores, y otras, salpicadas de viejos edificios de ladrillo cocido cruzados por sólidas vigas de madera, al estilo alemán. Todo muy limpio, muy florido y maravillosamente conservado. Sobre todo, la plaza central, Stortorget, una bombonera de edificios dispares que envuelve la mole roja de la Iglesia de Santa María. Muy cerca de allí está la famosa calle Mariagatan, donde Wallander tiene su lobera. En mi desconcierto, llegué a confundir la realidad virtual con la otra y acabé preguntando a la recepcionista del Hotel Continental si había llegado ya el señor Wallander. Elinor me sacó de allí como pudo, con una sonrisa forzada, para llevarme a tomar el último café al Fridolf Konditori, el lugar favorito del desastrado policía, donde probé un pedazo de la tarta que lleva su nombre. Afortunadamente, la estación de Ystad se encuentra allí mismo y enseguida pude coger el tren lila de regreso a Malmö, una interesante ciudad que creció cuando los arenques eran tan abundantes en el estrecho de Öresund que a los pescadores les bastaba con pasear por la orilla para que los lleros cayó en picado. Ahora, donde se levantaban los viejos astilleros ha nacido una nueva ciudad presidida por la torre más alta de Suecia, un emblemático edificio blanco de Calatrava que se retuerce, a medida que asciende, como el tallo de un girasol. Las viejas naves de ladrillo han sido transformadas en aulas de universidad y en sedes de empresas de alta tecnología. Más de veinte parques públicos hay en esta ciudad de altísima calidad de vida que ha sabido aunar lo viejo- -el espléndido Ayuntamiento, la Estación central, la colosal Iglesia roja de San Pedro o la antigua plaza del mercado, Lila Torge- con los nuevos conceptos urbanos: calles peatonales, recuperación de edificios históricos, Mucho más lejos de la capital sueca que de la vecina Copenhague- -que un moderno puente sobre el estrecho de Öresund, ha dejado a sólo veinte minutos de distancia- Malmö, capital de Escania, vive en el mejor de los mundos, galopando a caballo entre dos países de primer nivel. Aunque, eso sí, con un tercio de su población siendo de origen extranjero, algo que preocupa sobremanera a Wallander. El escritor sueco Henning Mankell peces saltaran a sus cestas Quizá haya una exageración en estas palabras, pero lo cierto es que la pesca del arenque fue el motor de la prosperidad de Malmö hasta que la actividad naval de sus asti-