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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE la alimentación de las capas más humildes de la población que después se convertirían en el proletariado industrial. Este esforzado tubérculo fue traído por los españoles de América más como curiosidad natural que como alimento, aunque misioneros y exploradores dieran fe de cómo servía de sustento a los indios. En 1550 cuenta Pedro de Cieza en sus Crónicas del Perú: De los mantenimientos naturales, fuera del maíz hay otros dos que se tienen por principal bastimento entre los indios; al uno le llaman papas, que es a manera de turmas de tierra, el cual, después de cocido queda tan tierno por dentro como castaña cocida, que no tiene cáscara ni cuero más de lo que tiene una turma de la tierra Lo de turma es una referencia a la trufa. Y ya el corregidor Diego Dávila Briceño adviertía por aquel entonces de que su consumo sería gran remedio para los años de hambre La patata, sin embargo, pronto se enfrentó a la animadversión de ciertos médicos que la tenían por indigesta, debilitante y malsana. El antiguo Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla impartió ración de patatas a sus enfermos, pero por pura necesidad, pues siguió considerándose un tubérculo de muy poco fiar, apenas apto para alimentar a los cerdos. Prejuicios que contrastan con el digno tratamiento poético que Lope de Vega le deparó en su comedia El hijo de los leones en la que nos hace esta suculenta descripción de una olla podrida: Flora, más bella que natas y que guindas y pernil, que truchas con perejil y en vino asadas patatas Aunque las patatas a las que se refiere Lope aludan más bien a las batatas o patatas dulces que adquirieron mucha más rápida popularidad que las sufridas patatas. Cuando Luis XVI se puso una flor de la patata en el sombrero como signo de apoyo a su cultivo, Parmentier sentenció: Majestad, el hambre se ha terminado La Revolución Francesa fue su consagración, como bien se ve en el irreverente- -pero práctico- -acto de convertir el Jardín de Luxemburgo en un patatal Debió llegar la Guerra de los Treinta Años (1618- 1648) para que el prejuicioso europeo se decidiera a comer patatas. A la fuerza ahorcan, porque los ejércitos arrasaron las tierras germanas, campo de batalla de aquella guerra civil del Viejo Continente. Para alimentarse apenas había algo más que patatas. Ocultas bajo tierra, por lo que no podían ser destruidas o incendiadas por la soldadesca. No aptas para su consumo por los caballos de las fuerzas militares. Y en cambio, muy fáciles de cocinar hervidas o asadas. Alimento puro, entero y el más agradecido de cuantos estuvieron al alcance de los europeos. Pero, como tantos otros productos que impulsaron el progreso y el bienestar de los hombres, fue un ilustrado el que instaló a la patata en las entrañas de nuestra civilización. Antoine Augustin Parmentier cumplió como farmacéutico en la Guerra de los Siete Años (1.756- 1.763) entre Francia y Prusia. Y prisionero de los prusianos, experimentó el poder salvífico del tubérculo en carne propia al ayudarse de su ingesta para su supervivencia. Al recuperar la libertad, Parmentier razonó que lo que había sido tan saludable para saciar su hambre podría serlo también para el pobre campesino francés, azotado por la carestía, los impuestos y la escasez. En 1772, la Academia de las Ciencias y las Artes de Besançon convocó un concurso bajo el lema Productos alimenticios para atenuar el hambre Era su tema. Su oportunidad. Naturalmente, Parmentier ganó el concurso y su artículo, publicado por el Journal d Agriculture, atrajo la atención del mundo entero. Pero la batalla no había hecho más que empezar. Las fuerzas de la reacción, encarnadas en el abogado Linguet, publicaron un panfleto contra el consumo de tubérculos. La controversia, no obstante, sirvió para que Parmentier se dirigiera al propio Luis XVI en demanda de un terreno yermo donde llevaría a cabo la experiencia de plantar el primer patatal europeo. Todo un éxito, pues en cuanto florecieron sus patatas los campesinos que observaban e experiencia no pudieron resistir la tentación de robar aquellos recios frutos de la tierra. El creador del patatal comentó a los guardas que custodiaban el campo: Dejadlos. Cada uno de esos ladrones se convertirá en el más celoso propagandista de mis patatas La cruzada de Parmentier tuvo su día de gloria cuando el día de San Luis de 1785 se presentó en el palacio de Versalles ante el Rey y la Reina con un ramo de florecillas de patatas. El Rey tomó una de ellas y se la puso en el sombrero, la Reina tomó otra y la colocó en el corpiño. Y, a continuación, los nobles de la Corte pugnaron entre sí a codazos y patadas en las espinillas por hacerse con una de las apreciadas flores. El sabio pudo proclamar: Majestad, el hambre se ha terminado Apenas ocho después, los protagonistas de aquella gesta conocían un trágico destino. El Rey y la Reina eran guillotinados. Y el ilustrado Parmentier debía poner pies en polvorosa y buscar refugio en Ginebra. Pero aquella antropófaga revolución supuso también el triunfo y consagración de nuestro tubérculo. Aquellos regicidas, no sin sentido práctico, convirtieron el Jardín de Luxemburgo en un patatal. Parmentier, el sabio, fue condenado al exilio. Pero su obra, el patatal, fue exaltada por sus perseguidores. El benéfico tubérculo se instaló a una fulgurante velocidad en nuestras cocinas. En plena revolución, en el tercer año de la República, se publica un interesante recetario, La cuisiniere Republicaine atribuido a Madame Merigot, en el que nuestra protagonista ya aparece cocinada en casi todas sus modernas preparaciones: en puré, al rescoldo en ensalada, con mayonesa, a la polaca... Alimento de pobres, sí, a quienes salvó la vida. Sustento santo y enjundioso para todos, también, que merece un homenaje en estos días en los que, por desgracia, vuelve a estar de actualidad la escasez y carestía de los alimentos en el mundo. Su nombre científico es Solanum Tuberosum Pertenece a la misma familia que el tomate y la berenjena Asia consume casi la mitad del suministro mundial de patata Patata colorada Llega a las islas Canarias en los barcos españoles, en 1567 Royal Jersey De la Isla de Jersey, única hortaliza de la UE con denominación de origen In fo gr af ía C ar lo sA gu ile ra Lapin Puikula Centenaria en Finlandia Yukon Gold Canadiense, de pulpa amarilla, inmejorable frita, al horno y en puré Tubira Se produce en África occidental, de pulpa blanca, piel rosada. De mucho rendimiento Vitelotte Especialidad francesa apreciada por su piel azul oscura y su pulpa violeta