Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
27 7 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Birmanos Parias en Tailandia (Viene de la página anterior) casi todo lo que concierne a los birmanos en Tailandia, es su terreno de juego. Con las camisas de un blanco resplandeciente a pesar de la humedad y del calor, los niños observan con curiosidad a los recién llegados. Hoy es día de vacunación. Se someten a la jeringuilla con estoicismo, sin que se escuche ni una queja, ni un llanto. Los padres pagan 30 baths al mes (0,57 euros) por familia, pero si no pueden aportar siquiera esa cifra se les acepta igualmente. El maestro dice Nyunt Shwe, les conoce. Como son migrantes, muchos no paran de moverse, y eso dificulta el aprendizaje de muchos niños Shwe abandonó Birmania hace 11 años, donde también era profesor, por razones que comparte con la inmensa mayoría de los padres de sus pupilos: Quería tener una vida mejor Echa de menos su país, y le gustaría volver. Por cautela, prefiere no hablar de la Junta, con cuyo cabecilla comparte apellido. Pura casualidad. Admite sin embargo que en su patria no hay derechos. Las cosas no van bien Aunque los centros no tienen reconocimiento, la tolerancia administrativa permite de vez en cuando que los más capaces se labren un porvenir diferente. Le ocurrió a dos alumnos de Shwe especialmente brillantes, que fueron ad- Una vida mejor La birmana Daw yin Htay (derecha) con tres de sus seis hijos, ante su casa mitidos en una escuela tailandesa. El maestro calcula en una treintena los niños de barrio que no acuden a las dos habitaciones (una a cada lado del callejón de tierra) de la escuela Victoria, pero cifra en miles los hijos de las decenas de miles de birmanos sin papeles que se buscan la vida en Ranong y no pisan una escue- Oo Tun, condenado a muerte Su nombre parece una premonición. Sentado en el suelo de su palafito de tablas levantado sobre la morosa corriente del río Wat Low, en el degradado barrio de Soi Phi Phi, donde muchas casas son chabolas insalubres donde las condiciones de habitabilidad son pésimas, Oo Tun, de 40 años, está condenado a muerte. Su mujer le abandonó porque el pescador, birmano que trató de mejorar su fortuna yéndose con su familia a Tailandia hace una década, contrajo el sida y padece tuberculosis. Él se ha quedado al cargo de los dos hijos del matrimonio, de 12 y 11 años, que cuando lo visitamos estaban en una de las escuelas que la Misión Marista de Ranong y Cáritas financian. Aunque tiene permiso para pescar, no cuenta con un bote propio y, dadas sus condiciones, no encuentra quien le enrole. Varios amigos fueron detenidos recientemente porque la policía les pescó faenando sin papeles. Oo Tun tiene grandes dificultades para caminar y apenas puede hablar. Para colmo de males, el pescador y sus dos hijos se vieron obligados a abandonar la única habitación infecta que ocupaban por una todavía más angosta porque no podía pagar la renta de 800 baths al mes- -más 200 por la luz- (unos 19 euros) El alquiler del nuevo cuartucho será de unos 500 baths, bombilla aparte. Los maristas están intentando encontrarle trabajo en una embarcación. A Oo le disgusta vivir de la caridad. Sólo recibe tratamiento contra la tuberculosis y la malnutrición. De las decenas de miles de infectados de sida, sólo un centenar de la provincia de Ranong están recibiendo tratamiento con retrovirales. Sus posibilidades de sobrevivir son muy escasas comenta con pesadumbre el marista neozelandés Damian Dempsey.