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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE extrañar, como dice Raqman Farooq, que a diario los súbditos de Myanmar traten de escapar a los países vecinos, como Tailandia, Bangladesh y Malasia en busca de comida y seguridad Son cerca de dos millones los birmanos instalados en Tailandia, de ellos 141.000 viven en campos de refugiados, medio millón están (como Daw yin Htay) registrados y 1.350.000 no tienen papeles. La mayoría de los trabajadores inmigrantes, legales o ilegales, ganan en torno a 3.000 baths al mes (unos 60 euros) la mitad del salario mínimo de los tailandeses. Como en otros países receptores de inmigrantes, desempeñan las tareas que los locales desprecian, y por menos plata. Pueden trabajar en la construcción, limpiando casas, lavando ropa, pescar (pero no vender lo que pescan) y cultivar (pero sólo en plantaciones de caucho) En los barcos pesqueros que tienen como base el puerto de Ranong, mientras la mayor parte de los patrones son tailandeses, la mayor parte de la marinería es birmana. Como no tienen derechos, no pueden denunciar abusos a la policía comenta el padre Damian Dempsey, neozelandés afincado en Ranong, uno de los integrantes de la Misión Marista, cuyas ventanas dan al puerto. El nuevo gobierno tailandés, que intenta recuperar la buena fama del país tras el último golpe de Estado militar, es un fiel aliado de los generales birmanos. Tras un reciente viaje a Naypyidaw, el primer ministro de Tailandia, Samak Sundaravej, volvió a mostrar su afecto por la dictadura limítrofe: Queremos electricidad. Birmania nos ha dado permiso para construir una presa. Queremos vender nuestros productos allí. Birmania construirá un puerto. ¿Acaso no es eso bueno para Tailandia? Bangkok esgrime razones de seguridad nacional para justificar el rigor con el que vigila la frontera de Ranong y la dureza que aplica a los desahuciados del otro lado. Es un paraguas que les permite actuar a gran escala y limitar de forma extraordinaria las libertades y los derechos de los inmigrantes birmanos argumentan los padres maristas, que hace años intentaron abrir una misión en el lado birmano, pero la negativa rotunda de las autoridades a concederles un visado de residencia les obligó a mudarse a Ranong. La política del Gobierno tailandés goza de las simpatías de la población local ante el arribo constante de refugiados, que si por una parte sufren del racismo de los tailandeses, se convierten en mano de obra barata para empresarios sin escrúpulos que multi- Bangkok BIRMANIA (MYANMAR) Ranong GOLFO DE TAILANDIA TAILANDIA OCÉANO ÍNDICO plican sus beneficios gracias a obreros laboriosos y nada propensos a la protesta: llamar la atención de las autoridades es lo último que desean. Cáritas, que les apoya desde la sombra, no oficialmente, está evaluando involucrarse en un gran proyecto que mejore las condiciones de vida de los inmigrantes birmanos, pero que también atienda a los tailandeses pobres. Muchos birmanos se deslizan en Tailandia desde la ciudad de Kaw Thaung, la más meridional de Myamar, a través de punta Victoria, en la orilla birmana del río Mae Nam Chan. Si durante el día el estuario es un ruidoso y colorista carrusel de canoas, barcas de pesca y transbordadores, durante la noche los desesperados birmanos se hacen sombras para tratar de burlar a sus cancerberos y a los del país vecino. Tailandia comparte 2.400 kilómetros de porosa frontera con Birmania. La populosa y caótica Ranong, con un falso censo de 75.000 habitantes, es un imán natural para los que no tienen nada que perder. Mientras un huevo cuesta 12 baths en Myanmar, en Tailandia es cuatro veces más barato. El esquife que nos lleva hace la travesía entre el puerto y Park Nam en pocos minutos. En la isla viven unos 3.000 birmanos y unos 700 tailandeses, que disfrutan de las casas más sólidas, más aireadas, más hermosas. Desembarcamos en un espigón de fortuna y enseguida entramos en un dispensario financiado por el Departamento de Migraciones de Cáritas y los padres Camilos. No hay otra clínica en toda la isla para una población en la que los birmanos son mayoría y no disponen de otra puerta a la que llamar en caso de necesidad. Cada día, atienden a unos cincuenta pacientes. El servicio es gratuito. Nyunt Shwe es el director del Centro Educativo Victoria, donde 200 niños y niñas birmanos de entre cinco y 14 años estudian el mismo programa que en el país natal de sus padres (birmano, inglés, geografía, historia y matemáticas, además de tailandés, que pronto hablan mejor que sus progenitores) Muchos de ellos jamás han puesto los pies en el otro lado de la frontera. Entre los maristas y Cáritas Tailandia han puesto en marcha en la provincia de Ranong una red de quince unidades educativas, algunas de ellas en una suerte de limbo administrativo entre la legalidad y el silencio. No están autorizados a dar certificados de estudios y no se pueden denominar colegios ni escuelas. El eufemismo, como en (Pasa a la página siguiente) N 100 km Nada que perder ASIA MALASIA Restricciones a los fugitivos de Myanmar El pasquín es inequívoco: una sábana de papel ajada por la intemperie, clavada sobre las paredes de la isla de Park Nam. Escrito a mano y en la lengua natal de quienes huyen de la implacable dictadura de los generales de Myanmar (la antigua Birmania) que no sólo ha cambiado el nombre del país sino de capital: La vieja Rangún ha sido degradada en favor de Naypyidaw, una ciudad inaccesible para la mayoría de los ciudadanos. El intérprete, un tailandés que prefiere que su nombre no figure para no sufrir represalias gubernamentales, traduce al inglés. Todo birmano: 1. Está obligado a reportar su llegada a las autoridades. 2. Tiene prohibido manejar vehículos a motor y bicicletas. 3. No le está permitido dedicarse al comercio. 4. No puede celebrar reuniones de más de cinco personas. 5. Después de las diez de la noche no puede andar por la calle. 6. No puede usar móviles. 7. Ha de llevar siempre su identificación colgada del cuello. Seguridad nacional grantes birmanos murieron asfixiados en un camión frigorífico mientras intentaban infiltrarse en la provincia de Ranong, en la costa oeste de Tailandia. El grupo estaba formado por 121 personas. De las víctimas, 36 eran mujeres y 17 hombres (la mayoría jóvenes) y un niño de ocho años. La policía acusó a 50 de los 67 supervivientes de haber cometido el crimen de entrar ilegalmente en el Reino de Tailandia. La corte provincial de Ranong ordenó su deportación y les condenó a pagar 32 dólares por cabeza. Como no tenían dinero, fueron obligados a pasar tres días en la cárcel antes de ser enviados de vuelta a la noche birmana. Durante los 46 años de gobierno despótico, el régimen militar ha convertido a Birmania en uno de los países más pobres de Asia dice Ahmedur Rahman Farooq, director del Consejo Rohinya de Derechos Humanos. Mientras la renta per cápita media de los 64 millones de tailandeses es de 3.737 dólares al año, el de los casi 57 millones de birmanos no supera los 200 dólares. Por eso no es de Daw yin Htay ha de llevar siempre colgada del cuello su identificación: Puedo vivir aquí, pero no abandonar la isla. A pesar de todo, prefiero esto que regresar a Birmania Como no tienen derechos, no pueden denunciar abusos a la policía dice el sacerdote neozelandés Damian Dempsey, integrante de la Misión Marista de Ranong