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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE El aspecto de la urbe es el de una ciudad fantasma, de idénticos bloques de viviendas, sin gentes ni tráfico en sus megalómanas avenidas pero la hospitalidad de los birmanos es tan sobrecogedora que el anfitrión no duda en ofrecer al visitante lo poco que tiene: unas galletas, unos chicles... y unas servilletas de papel sin abrir. A pesar de estas precariedades, Kyaw Zin Win puede considerarse afortunado porque, al menos, vivir en Naypyidaw le asegura disponer de agua y electricidad las 24 horas al día, un lujo del que no disfrutan en Rangún y por el cual sus habitantes envidian a los privilegiados capitalinos. Fuera de la vivienda, el paisaje es aun más desalentador. Por las amplias calles vacías no circula ni un vehículo, un lujo que está fuera del alcance de la mayoría de los birmanos. El aspecto fantasmagórico de la ciudad sólo es roto por una vendedora ambulante que ha dispuesto sus frutas y verduras en la acera mientras, dos manzanas más allá, un grupo de niños juegan descalzos sobre la desierta calzada. La alegría de los pequeños hace más triste este sombrío lugar donde no hay ni parques ni cines ni teatros, sólo casas para los funcionarios y calles para que acudan todos los días a su rutinario trabajo. Los ministerios de Energía, Planificación, Transportes, Turismo y Educación se agrupan en la Avenida del Éxito, una interminable arteria donde las sedes oficiales están separadas por kilómetros de maleza. El Gobierno pretende que, desde finales de este año, se instalen aquí las Embajadas extranjeras que aún continúan en Rangún para así llenar esos inmensos espacios muertos, pero pocas legaciones diplomáticas se han mostrado dispuestas a mudarse a un siniestro y paranoico lugar donde podría rodarse una versión cutre y de ojos rasgados de la novela 1984 de Orwell. Muy diferente es el aspecto de los descomunales palacios que se están construyendo el general Than y sus hombres en la zona militar, presidida por las imponentes estatuas de los tres principales Reyes de Birmania a los que la Junta militar intenta emular. ¿Cómo es posible que un país tan pobre gaste 4.000 millones de euros en construir una ciudad en plena jungla? La respuesta es sencilla: con obreros que trabajan como esclavos. Por unos 1.200 kyiats al día (un dólar) hombres, mujeres y niños se pasan doce horas cada jornada juntando ladrillos, removiendo mezclas y arrastrando sacos de tierra y cemento. Es el caso de Su Haling, una niña de doce años que trabaja junto a sus padres construyendo una réplica de la pagoda de Shwedagon. Para que a la nueva capital no le falten sus encantos turísticos, los generales han decidido no sólo copiar uno de los principales reclamos del país, sino también trasladar hasta Naypyidaw a los animales del zoo de la antigua capital. No puedo ir a la escuela porque mi familia es tan pobre que debo venir aquí a trabajar todos los días se lamenta Su Haling, ataviada con un pañuelo y una gorra que la protegen del intenso sol cenital, junto a un montón de arena donde un bebé gatea mientras sus padres se afanan erigiendo un muro de hormigón. Esta es la mano de obra que también ha sido utilizada en los siete hoteles de lujo construidos en la zona de servicios establecimientos regentados por los generales u hombres afines al régimen, como el multimillonario U Ta Zay, el yerno del general Than Shwe y propietario de los principales negocios del país. Además de dirigir la aerolínea Air Bagan y de poseer un centro comercial en Rangún donde se venden para la élite bolsos de Vuitton, zapatos de Dior, perfumes de Chanel y champán Moet Chandon, U Ta Zay es el dueño del hotel Aureum Palace, gigantesco resort enclavado en un parque natural donde no faltan los servicios de sauna y masajes. Casi todas nuestras habitaciones están ahora vacías porque se acaban de marchar unos clientes rusos que habían venido en viaje de negocios indica uno de los empleados del hotel. Aunque no sabe cuáles eran tales negocios, es bastante probable que los generales cerraran el trato en el campo de golf donde suelen llevar a sus invitados, según desgrana otro habitante de Naypyidaw que prefiere ocultar su identidad. La dictadura militar ha impuesto entre la población un paranoico estado de terror que ha sembrado la desconfianza y ha llenado las calles de soplones. Desde el búnker diseñado por ingenieros norcoreanos, la Junta pilotada por el general Than Shwe sigue controlando a su antojo Birmania y expoliando sus ricos recursos naturales aislada en su nueva capital fantasma. La explotación infantil, a la orden del día en esta ciudad Bajo los auspicios del astrólogo del general Than, la Junta anunció el traslado de la capital un viernes. El lunes debían estar los funcionarios en sus puestos de trabajo Todos los inquilinos de cada bloque de viviendas pertenecen a un mismo Ministerio, allí sólo hay un teléfono instalado en la casa del chivato al servicio del gobierno