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27 7 08 EN PORTADA Karadzic El veneno en el alma (Viene de la página anterior) rir. El asedio a Sarajevo, el más largo de la historia de la guerra moderna, duró desde el 5 de abril de 1992 al 29 de febrero de 1996. Hubo unos doce mil muertos, el 85 por ciento civiles, y cincuenta mil heridos. El profesor Dragan Dabic ya vuelve a ser Radovan Karadzic y puede que ya haya emprendido vuelo hacia la prisión de Sheveningen en La Haya. O que se disponga a hacerlo. Puede que ocupe la celda de su mentor, el caudillo serbio Slobodan Milosevic que murió en aquella cárcel. Como Milosevic, ha anunciado que asumirá su propia defensa, como hace también otro de los grandes criminales de guerra serbios cautivos, el líder del Partido Radical, Vojislav Seselj. Cuando La vida de Radovan Karadzic tiene objetivamente mucho más interés que la del zafio político, brutal en su ambición, que era sin duda Slobodan Milosevic Nunca aceptado por las elites de Sarajevo en los 60 y 70, se convirtió en el caudillo del asalto a la ciudad de los pezuña como se llamaba a las gentes procedentes del monte se abra su juicio, Karadzic aprovechará la oportunidad de nuevas horas estelares, mayores aun que la que habría tenido como doctor Dagic en su anunciada conferencia de agosto sobre medicina natural. Quizás en este juicio al psiquiatra, intelectual en su pretensión y mucho más sofisticado que su salvaje retórica bélica dejaba entrever, podamos intuir mejor que en el de un Slobodan Milosevic obcecado y obtuso en una autodefensa política, cuales fueron las claves del mal y la anulación de la piedad, como se puede movilizar tanto odio hacia la vida de los otros. La vida de Karadzic tiene objetivamente mucho más interés que la del zafio político brutal en su ambición que era Milosevic. ¿Fueron sus resentimientos por el maltrato recibido en la universidad, como montenegrino montaraz, los que desarrollaron su odio a la ciudad, a la urbe, a Sarajevo? Nunca aceptado por las elites intelectuales de Sarajevo en los años sesenta y setenta, se convirtió en el caudillo del asalto a la ciudad de los papac de los pezuña como despectivamente se trataba a los procedentes del monte. Este intelectual erigido en caudillo del odio a la urbe y en apologeta de la pureza de la cultura campesina. Aquel arrogante y petulante hombre de letras convertido en teórico de la matanza y adalid del exterminio vuelve a una sociedad cada vez más abierta disfrazado o quizás convertido en moderado curandero. ¿Por qué después de años inmerso en la clandestinidad en esta cultura campesina remota se arriesgó a bajar a la ciudad, esta vez a Belgrado, donde su riesgo era mayor y en todo caso creciente? ¿Añoranza de la cultura plural, hastío de lo predicado? ¿Quizás incluso algo de arrepentimiento o una oculta compulsión a expiar sus actos, los ocho mil muertos de Srebrenica que él siempre negó que hubieran muerto? El juicio a Karadzic puede ser, es deseable que lo sea, un proceso de similar calado al de Eichmann en Israel. El criminal de guerra nazi alemán nos proporcionó algunas de las claves más profundas sobre lo que Hannah Arendt llamó la banalidad del mal. El doctor Dagic quería ilustrar a su audiencia sobre pócimas para el cuerpo. Su alter ego Karadzic quizás nos pueda ilustrar a la sociedad moderna sobre los procesos venenosos en el alma. Hombre de letras, genocida La banalidad del mal Karadzic luce su imagen de curandero, gurú y predicador de la bioenergía terapéutica REUTERS Hermann cubrió las guerras de los Balcanes como enviado especial. Vivió el asedio de Sarajevo y conoció las consecuencias de la política de depuración étnica llevada a cabo por el presunto criminal de guerra Radovan Karadzic