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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE Supervivientes de Srebrenica, en el interior de un memorial a las víctimas de aquella matanza impulsada por Karadzic y Mladic Eran los jóvenes, los que eran niños pequeños durante el asedio, los que tomaron las calles. Son aquellos niños que veían con terror el rostro de aquel monstruo que desde la pantalla de los televisores- -cuando había electricidad, cuando había combustible para el generador, cuando no había que refugiarse en los sótanos de los agotadores bombardeos- -les aseguraba que todos serían degollados. Ellos vieron las fotografías del melenudo gurú y druida y, aunque jamás lo hubieran podido identificar horas antes en una calle o un café, reconocieron enseguida esos ojos grandes y húmedos del hombre uniformado y con flequillo canoso que hacía palidecer y llorar de horror a sus madres y que les decía en su propio idioma que en Sarajevo no van a contar los muertos. Al final van a contar a los que queden vivos Creo recordar que la última vez que le ví fue en un hotel de Ginebra, en la recepción. Su inevitable corte de escoltas era lo más granado del submundo de la mafia proxeneta de Sarajevo y Belgrado. Por entonces su delegación, o él mismo, ya había comprado una magnífica villa en aquella ciudad suiza. Eran tiempos en los REUTERS Hacía palidecer y llorar de horror a sus madres y les decía en su propio idioma: En Sarajevo no van a contar los muertos. Al final van a contar a los que queden vivos que su suerte ya estaba girando y desde Washington, el presidente Bill Clinton ya barruntaba una acción que acabara con el espectáculo vergonzoso al que Occidente se había prestado en sus negociaciones con esta tropa de delincuentes. Antes de imponer el asedio a Sarajevo se le veía mucho en el Holiday Inn, hotel que después bombardeó aunque- -o precisamente porque- -se alojaba allí la prensa internacional. Era por entonces un héroe y ya rozaba la categoría del mito entre la población serbia rural. El héroe y el mito El intelectual se había convertido en el ídolo del razonamiento plano. En Han Piljesak, pueblo de alta montaña en el que se instaló el alto mando militar que había organizado con órdenes de Belgrado la guerra, ya se le recibía como un auténtico Mesías del pueblo serbio. Y en el viejo balneario de Ilidza donde se organizaron los últimos detalles para el asedio de Sarajevo coincidíamos en el restaurante en el que compartía mesa con los otros dos intelectuales asesinos de aquella cúpula política de la limpieza étnica, la profesora Biljana Plavsic y Momchilo Krajsnik, aquel al parecer exquisito traductor de Shakespeare al serbo- croata, que explicaba con toda suerte de detalles que los no serbios entre ellos ya mayoría de sus estudiantes debían elegir entre rendirse o mo (Pasa a la página siguiente) Venganza sin vergüenza ÁNGEL DE FRUTOS SALVADOR AP No querer saber es una pasión humana; borrar las huellas, otra. Huellas, que fue lo primero que Sigmund Freud descubre en el psiquismo humano, huellas psíquicas que dan cuenta del ser. Él las perseguía desde el inicio de sus descubrimientos. Lo que organizaba su campo era Eros, y así durante treinta años de escucha del dolor humano, donde la dialéctica era entre Eros y yo ¿Cómo no puedo atisbar en este tiempo la pulsión de muerte? Estaba sordo, tal vez porque escucharla era sobrehumano. Una paciente eslava se lo había recordado, mostrándole la relación mortífera madre- hija. La Gran Guerra por fin le despierta. La dialéctica es entre Eros y Thánatos. ¿Qué es lo que despierta Radovan Karadzic? Psiquiatra formado en Estados Unidos, fue líder político en la guerra yugoslava, ideólogo de la limpieza étnica Adolf Hitler fue pintor, Slobodan Milosevic fue abogado. No se sabe mucho de la biografía de Karadzic. Sí que vivió últimamente bajo el nombre de Dragan Dabic, un muerto. Muertoviviente. Ahora, capturado, dará cuenta con su nombre de la huella de tantos muertos. Esta guerra habla como la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto de lo que Jacques Lacan denomina, en 1946, la humillación de nuestro tiempo humillación realizada por los enemigos del género humano Cual pequeño Hitler, Karadzic es un enemigo del género humano. Lo insoportable para el hombre del siglo XXI: esta vuelta de lo reprimido, esta compulsión de repetición, la aparición de lo unheimlich (siniestro) que presentifica este personaje de la guerra de extermino. Presentificaría las formas más monstruosas y premeditadamente superadas del holocausto, del drama del nazismo. Revela que la ofrenda a los dioses oscuros de un objeto de sacrificio es algo a lo que pocos pueden no sucumbir, en una monstruosa captura Difícil resistir al sacrificio si no se está animado, como Baruch Spinoza, por el Amor intellectualis El autor es psicoanalista. Acaba de publicar el libro Afuerismos. Puentes en el desierto