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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE La Nydeggkirche, una de las emblemáticas agujas de Berna en el casco antiguo. Es el espectacular panorama desde la terraza del restaurante Rosengarten la fuente del Kindlifresser (El comeniños) Este curioso nombre se debe a que el motivo central de esta fuente pública es, precisamente, una especie de ogro policromado comiéndose tranquilamente a ocho niños, que con caras despavoridas aguardan aterrorizados su negro final. No está claro el porque ni los motivos de este chocante motivo ornamental, pero, en una ciudad de cuento de hadas, como Berna, realmente no es algo que no deba esperarse. parecen despertar a la luz de la primavera y la ciudad comienza a vivir en la calle, y uno de los distintivos de ello es el mercado que toma al asalto las calles, callejas y soportales del centro. Cientos de cajas de verduras se apilan al borde de la carretera mientras los vendedores vocean su mercancía, tratando de captar la atención de los miles de compradores o curiosos que disfrutan del paseo por entre los puestos de venta. Frutas exóticas que nadie se explica cómo han llegado a esas tierras alpinas. Quesos llegados de todos los valles suizos. Al lado de los ementales, los gruyeres, los bries, cheddars, y otras 20 ó 30 especialidades más que, sin embargo, palidecen ante la variedad del pan que, calentito, se vende en el mercadillo. Más de 30 especialidades diferentes he llegado a contar. Desde los famosos prätzels (lazos salados) hasta los panes oscuros de centeno integral. Embutidos de todas las clases imaginables, pero sobre todo, la zona de la artesanía en la que se venden jabones con hierbas de la montaña, zuecos de madera, bálsamos aromáticos, hierbas medicinales, juguetes de madera, y, parada obligada, todas las variantes posibles de relojes de cuco, uno de los productos más típicos de estos valles alpinos, que inundan el aire de sonidos hora a hora. Comer en Berna no es un problema, la cocina suizo- alemana es apetitosa, exquisita y nutritiva, pero es obligatorio si se va a Berna parar a comer en el restaurante Rosengarten (jardín de rosas) que, además de una cocina moderna, exquisita y de calidad ofrece el atractivo de sus inmensos jardines con una increíble variedad de rosas cultivadas y su localización, en medio de una agradabilísima arboleda sobre una colina desde la que hay una extraordinaria panorámica sobre la ciudad de los cuentos. Una recomendación Mercado al aire libre La primavera y el verano aportan una dimensión turística y colorista diferente a la capital alpina. Desaparecidos los hielos del invierno y colgados los esquíes en los trasteros, las gentes de Berna El mercado al aire libre que se celebra todos los días en Berna es un espectáculo de luz y color en el que puede encontrarse alguna atractiva pieza de artesanía popular