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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE Gene Robinson, recientemente ordenado obispo de New Hampshire (Estados Unidos) pese a haberse confesado gay y contraer matrimonio flexible en lugares tan diferentes como América del Norte, Nigeria o Australia, por poner algunos ejemplos. En el seno de esa Comunidad Anglicana tenemos en primer lugar a la Iglesia de Inglaterra, cuya cabeza es el Monarca y cuyo Primado, el Arzobispo de Canterbury, actualmente el reverendo (y casi tan intelectual como el Papa Benedicto XVI) Rowan Williams. La Iglesia de Inglaterra se mantuvo absolutamente católica en sus usos y creencias durante el largo reinado de Enrique VIII, quien siguió luchando toda su vida contra la reforma luterana. Más tarde, durante el reinado de Isabel I, la componente evangélica comenzó a instalarse en la confesión, tendencia acelerada y consolidada en 1.688 por el nuevo Rey Guillermo de Orange, holandés y protestante de toda la vida. Curiosamente, y pese a su carácter de religión estatal, la Iglesia de Inglaterra no recibe dinero público para sus gastos corrientes. Son los fieles quienes cubren esos gastos (además de los bienes muebles e inmuebles de los obispados) El anglicanismo se extendió a América del Norte a principios del siglo XVII, extendiéndose después por los dominios coloniales británicos. Hoy, el mayor contingente de anglicanos se encuentra en Nigeria, con unos 18 millones de fieles, casi cinco más de los 13 millones de la antigua metrópoli. En Uganda hay 8 millones y en Sudán unos 5 millones. En Australia hay 3,8 millones y en EE. UU. 2,3. Excepto en el Reino Unido, donde la proporción de anglicanos bautizados anda por el 22 en ningún otro país su presencia supera el 10 de la población. Así las cosas, el cónclave de Lambeth es posible que marque el comienzo de una escisión de consecuencias imprevisibles. Desde hace catorce años, cuando se admitió el ordenamiento sacerdotal de mujeres, el camino por el que han marchado las más liberales iglesias de Inglaterra, Canadá y Estados Unidos ha admitido la ordenación de sacerdotes gays, que incluso han podido casarse. En Inglaterra fue ordenado obispo Jeffrey John, homosexual y defensor de la causa gay, aunque después se le obligó a renunciar para evitar mayores controversias. Lo que no ha ocurrido en la ordenación del aguerrido Gene Robinson como obispo de New Hampshire (EE. UU. quien, para más irritación de los conservadores, decidió contraer matrimonio hace menos de un mes. Aún más recientemente, la aprobación de la investidura de mujeres como obispos de la Iglesia de Inglaterra ha acabado por encender los ánimos hasta el punto de que 250 de los obispos convocados han decidido boicotear la conferencia de Lambeth y celebrar una reunión alternativa en Jerusalén, preludio de un cisma en toda la regla. Reunión compuesta fundamentalmente por obispos africanos, aunque también acudieran de otros continentes. Mientras aguantó el poder colonial, luego imperial, la Comunión Anglicana pudo mantener unida sus diferentes tendencias apelando a su tradición de compromiso. El progresivo engrandecimiento de la nación implicó el ascenso de una iglesia embebida en el estado. Parece lógico que con la bajamar de tal poder, la confesión anglicana vaya perdiendo su cohesión y quizás su mismo sentido. ¿Hasta caer en lo superfluo? Lo que ocurre en estos días forma parte de la respuesta. Mientras aguantó el poder colonial británico, la Comunidad Anglicana mantuvo la unidad de sus diferentes tendencias. Sin imperio, crece la tendencia a la dispersión Lo original del cisma anglicano es que fuera el Rey, como encarnación de la nación, quien se convirtiera en la mismísima cabeza de la Iglesia y no en su protector