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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE antes de que la parca les cerrara los ojos. La decisión de MorenoOcampo, sin embargo, ha desatado cierta controversia. Como mostraba Itziar Ruiz- Giménez en Las buenas intenciones Intervención humanitaria en África donde analizaba el caso somalí, queriendo hacer un bien a veces se causa un mal mayor. En mi opinión, estamos viviendo un momento histórico, que puede durar al menos una década, en la que colisionan el interés de reforzar los mecanismos internacionales de derechos humanos y el realismo que se necesita para finalizar algunos conflictos armados dice Vicenç Fisas, director de la Escuela de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona: En el caso de la actuación de la CPI sobre un conflicto armado abierto, es inevitable la tensión que puedan producir algunas órdenes de detención, en la medida que reavivan las fidelidades del grupo que se siente acusado, con lo que puede intensificar sus acciones armadas y causar mayor sufrimiento. Sucede en Darfur y en Uganda, por ejemplo, de forma muy clara, y podría pasar en Zimbabue. Otra cosa es cuando la CPI ordena la detención de un dictador una vez ha finalizado el conflicto armado y este dictador no ocupa un cargo gubernamental importante. El impacto de su detención sería menor No se aleja mucho de las cautelas de Fisas el autor de Hierba alta. Historias de paz y sufrimiento en el norte de Uganda José Carlos Rodríguez: En noviembre de 2003 empezamos a oír los primeros rumores sobre una posible intervención de la CPI en el caso del norte de Uganda. La primera reacción de los que trabajábamos en iniciativas de paz fue bastante negativa, ya que temíamos que la entrada en escena de este nuevo actor complicaría más las cosas. Cuando el presidente ugandés, Yoweri Museveni, y Ocampo lo anunciaron formalmente el 29 de enero de 2004, afloraron cuestiones como que la CPI sólo hablaba de juzgar a los líderes del Ejército de Resistencia del Señor (LRA es su acrónimo en inglés) Esto dio una primera impresión muy negativa: que la CPI no era imparcial, ya que mostraba que no tenía intención de investigar crímenes de guerra cometidos por el otro bando, el gubernamental Rodríguez, que acaba de regresar a España después de dos décadas entregadas a Uganda, recalca, como Fisas, que los tribunales para la antigua Yugoslavia, Ruanda y Sierra Leona han juzgado a criminales de guerra una vez que el conflicto había termi- Juan Carlos Rodríguez: Nos guste o no, a veces teta y sopa no puede ser y justicia y paz a la vez suele resultar casi imposible de obtener. Quién le pone el cascabel al gato El régimen sudanés es instigador, maestro armero y genio maléfico de los yanyauid (diablos a caballo) que han causado la muerte de al menos 300.000 almas en Darfur nado, pero querer hacer esto cuando la guerra sigue aún en curso tiene dos inconvenientes: Primero, que no se puede llamar a un líder rebelde a la mesa de negociaciones y al mismo tiempo darle la señal de que por cierto, y cuando venga usted vamos a detenerle Y es que nos guste o no, a veces teta y sopa no puede ser y justicia y paz a la vez suele resultar casi imposible de obtener. Segundo, la eterna cuestión de quién le pone el cascabel al gato, o quién detiene a un criminal de guerra aún en activo No participa de la misma opinión el historiador congoleño Mbuyi Kabunda, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Basilea y miembro del Instituto de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid: La orden de Ocampo de llevar al presidente sudanés y a medio centenar de sus colaboradores ante la CPI me parece acertada. Lo único que deploro es que ha intervenido muy tarde. Desde comienzos de 2003, Al Bashir, con su grupo de autoproclamados árabes, han cometido graves crímenes de genocidio, crímenes de guerra, y crímenes de lesa humanidad en Darfur, por los yanyauid interpuestos, las famosas milicias progubernamentales, intentando presentar el conflicto como nacido de rivalidades entre ganaderos y agricultores, o entre sedentarios y nómadas, cuando en el fondo se trata de una agresión por un gobierno a su propio pueblo, el de Darfur. Se aprovechó durante mucho tiempo del carácter ambiguo del genocidio en Darfur: unos negros que matan a otros negros, unos musulmanes que matan a otros musulmanes. Ya todo el mundo se ha dado cuenta de la jugada: los verdugos fueron armados y entrenados por el gobierno No desconoce Kabunda, autor de libros como Derechos humanos en África: teorías y prácticas los posibles efectos perniciosos de la acusación contra el líder (Pasa a la página siguiente) Cautelas y temores AFP la picota por el fiscal jefe de la Corte, Luis Moreno- Ocampo, que acaba de acusar al cabecilla del golpe de Estado que en 1989 le dio el tiro de gracia al sistema democrático de genocidio y crímenes de guerra. El régimen sudanés es instigador, maestro armero y genio maléfico de los yanyauid (diablos a caballo) que han causado la muerte de al menos 300.000 almas en Darfur y convertido a 2,5 millones de sudaneses en refugiados o desplazados. Como Koultuuma Abdelkarím, de 37 años, masalit de la aldea de Bigbekar, con nueve hijos, que lleva cinco años refugiada en el campo de Ryad junto a otros miles de sudaneses africanos como ella. Pero hay más figuras en el parque jurásico africano- -como Robert Mugabe, de Zimbabue- -que merecerían disfrutar de la atención de un tribunal que nació para que los responsables de crímenes atroces tuvieran que responder no sólo ante Dios y ante la historia, sino ante sus congéneres, y Al Bashir, presidente de Sudán, acusado por la CPI de crímenes contra la humanidad REUTERS