Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
34- 35 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ Y sin nibelungos ni valkirias asi todo puede parecer gracioso si le pasa a otro. O a otra. A esa señora alemana que tuvo que llamar a la policía para que sacaran de su casa al amigo que no dejaba de hablar. Una noticia de estas provoca más preguntas que otra cosa pero como es una tontería y no la más que explotada liberación de Ingrid Betancourt (huy, me quedo más tranquila al saber que, como Zidane, la habría dado un cabezazo a Materazzi) nos tenemos que conformar con la información básica (y posiblemente, falsa) Una alemana llamó a emergencias para que la rescataran de un amigo que llevaba en su casa 30 horas sin parar de hablar. Los problemas personales, el alcohol y las ganas de hablar son una mala mezcla. La pobre víctima llamó a una ambulancia pero sus responsables la mandaron a paseo y no se llevaron al pesado, cosa que sí hizo la policía (la segunda llamada de socorro) que acabó depositándolo en su casita. Nunca había visto las ventajas de chatear vía internet (sí, desde luego, la de no dirigir la palabra a nadie) Ahora sí. Desconectas y ya está. A paseo. Somerset Maugham tenía la impresión de que escuchar directamente al doctor Johnson habría sido mucho menos placentero que leer las conversaciones transcritas por Boswell en su tochazo. Si el tío que te da la tabarra no es Johnson y, además, está borracho, el placer debe de ser todavía menor. La bola extra es que el tipo al que escuchas sin ganas te está hablando, encima, en alemán (vale, ella también era alemana) Y treinta horas. Ni la tetralogía de El anillo del nibelungo tiene esa duración. Sólo catorce horas. Y viene con música de Wagner, enanos nibelungos, oro robado, cabalgatas, valkirias, espadas y dioses. A saber el C Isabel Preysler se ha dejado ver más de lo habitual, tal vez con idea de pasar el testigo de la notoriedad a sus hijas peajes que se magnifican antes de llegar a ventanilla y pagar su importe. Es como cuando uno dice que no y comprueba que no pasa nada después de estar toda la vida diciendo que sí. Pues con los famosos ocurre. Se ponen de los nervios pensando que les van a pillar con su pareja o amigo más cercano y en cuanto se relajan comprueban que no se cae el mundo porque te vean por la calle de la mano o en el barco dándose un beso. Cuanto más te ven menos interesas. Cosas del mercado. Por eso a quien creo que se está viendo en demasía y eso no beneficia el halo de misterio que siempre han acompañado sus salidas es Isabel Preysler. Una semana más aparece en Hola ahora posando con su único nieto, el hijo de Chábeli, que es la locura de su vida. Isabel quiere a ese niño con toda su alma y se nota hasta en las fotos donde posa con el pequeño. La señora de Boyer viajó hasta la casa de su hija para hacer ese reportaje y demostrar que está fantástica, mejor que sus herederas, y con una talla envidiable para una mujer que pasa de los 50 y ELENA CARRERAS El caso Preysler ha tenido cinco hijos. Se dice pronto. Lo que ya me extraña más es todo lo que se está dejando ver Preysler en los últimos meses. Me consta que quiere pasar el testigo de sus publicidades a sus hijas (Tamara es quien mejor la releva) pero no entiendo a qué tanto bolo cuando siempre había contado con los dedos de una mano sus salidas en público. Únicamente sus encuentros con Porcelanosa y sus dos citas anuales con la joyería Suárez la enfrentaban a los medios sin posibilidad de photoshop ¿Se habrá contagiado del miedo a la crisis? Una pareja que no teme a las cámaras es la que forman el tenista Feliciano López y la miss María José Suárez. Juntos presentaron en el estadio Santiago Bernabéu el torneo de pádel Sony Ericsson y hasta bajaron a la cancha para demostrar que en la vida no todo se pega y es que por muy deportista que sea su novio María José no quiere saber nada de la raqueta. Echándole ganas y humor peloteó con López con quien en breve se irá a pasar unos días a Ibiza antes de que empiece el Abierto de Estados Unidos. rollo que le estaría metiendo el tío ese. Y a saber si utilizaría artefactos como generalstaatsverordnetenversammlungen o waffenstillstandsunterhandlungen, que según el escritor y estudiante de alemán Mark Twain no eran palabras, eran más bien procesiones alfabéticas. Hay gente que no entiende lo que es una visita (ni tampoco entiende o valora la educación del que recibe) Bueno, yo acabo de enterarme de lo que significa una visita privada es eso que el presidente del Gobierno y su mujer han hecho a la Acrópolis ateniense. Es privada no tanto porque esté fuera de un programa oficial sino porque no había nadie más (nadie más es sinónimo de turistas en pantalón corto) Nada parecido a Sarkozy y Carla Bruni en Petra, con todo aquel gentío alrededor, que hasta un niño tenía que llevar encima el presidente para hacer sitio por el suelo. Ver la Acrópolis en visita privada sí es un lujazo y no el menú de los mandamases del G 8 en Japón, que yo en alguna boda paleta he comido más (aunque no me han dado boniatos) El lujo es el espacio y la tranquilidad, no 18 platos. Pero rebobino a la línea de que hay gente que no entiende lo que es una visita. Hace meses publicaba The Times que Hans Christian Andersen fue unos días a la casa londinense de Dickens (invitado por éste tras una carta del otro) y acabó quedándose cinco semanas y hartando a la familia entera. La hija de Dickens, ya con el danés entre ceja y ceja, le empezó a llamar huesudo aburrido Para colgar un apodo sin gracia basta la primera impresión. Pero cinco semanas para acabar llamando a alguien huesudo aburrido dan una ligera idea de lo poco que la hija heredó intelectualmente del padre. En fin, desde que sé que Hans Christian Andersen era un pesado de tal categoría lo veo menos con el aspecto de Danny Kaye y más con el de El cobrador del frac. La sirenita me sigue gustando, pero siempre he preferido la película al libro. La conversación está sobrevalorada y denota falta de confianza (o demuestra que no se es tan amigo) Estar al lado de otra persona en silencio es lo más. Otra cosa sería que estuviéramos en el siglo XVIII francés y que regentáramos un salón especialmente creado para pegar la hebra, como Madame du Deffand. Para que Voltaire, Montesquieu o Madame de Staal se entretuvieran. Pero la modalidad por parejas con un borracho pesado, pues no. Aquí sí que entendería el ennui Y citaría Amanece que no es poco (a los clásicos) Me cago en todos tus muertos uno a uno. La paliza que me estás dando