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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE A. COLINA Henry Morgan, saqueador de Panamá a quien el Rey inglés hizo gobernador de Jamaica AP Depp) Si los expedicionarios se llaman a sí mismos alimañas, hay a quien se lo podrían llamar con más propiedad. Sir Francis Drake, pirata en nuestro país, héroe para los ingleses, fue enemigo con mayúsculas de Felipe II y amigo con patente de corso de Isabel I de Inglaterra. Y no sólo fue enemigo en su faceta de saqueador de galeones, también tuvo su importancia en la derrota de la Armada Invencible como vicealmirante de la flota a las órdenes de Charles Howard, por no hablar de sus ataques a Cádiz y otras ciudades españolas (como La Coruña, donde se encontró con la respuesta de María Pita) Un señor destacado en la lista de enemigos históricos de España. Es verdad que Sir Francis Drake, no era un pirata sino un corsario (como años después lo sería Henry Morgan) Se trataba de marinos que en época de guerra (y de treguas) saqueaban naves y asentamientos enemigos con el consentimiento de sus gobiernos. Incluso con su patrocinio. Trabajaban al servicio no tan secreto de Su Majestad. De hecho, la propia Isabel I salió a recibir a Drake y a su Golden Hind (El Pelícano cuando salió y el único barco que quedaba de los seis que zarparon) Se embarcó la reina Tudor, la hija de Enrique VIII y Ana Bolena, en Plymouth cuando su patrocinado regresó en 1581 (había partido en 1577) siendo el primer inglés en dar la vuelta al mundo e incluso el primer explorador antártico. Volvía, claro, con tesoros suficientes a costa de españoles (atacados por las costas del Pacífico, tras cruzar el Estrecho de Magallanes) y de portugueses (por las Molucas) ¿Por qué le habéis hecho esto a mi querido hermano el rey de España? le decía la soberana acusándole con el dedo índice y para satisfacción de los embajadores ibéricos. Luego lo nombró caballero y reclamó su parte del botín. La historia de la piratería no es la historia del minué en Versalles, pero tampoco lo es la historia de la conquista de América. Quien más y quien menos vulneraba los manuales de buenos modales a la hora de saquear, robar, quemar, violar y practicar otros verbos de la primera conjugación. En la época de Drake (circa 1540- 1595) y de Morgan (1635- 1688) no había llegado la edad dorada de la piratería en el Caribe (aproximadamente de 1715 a 1725) cuando los piratas lo eran de verdad, delincuentes también para sus propios países. Pero los nombres del inglés y el galés siguen evocando al perfecto forajido de leyenda. John Steinbeck tómo la vida de Henry Morgan y la toma de Panamá para su primera novela, La taza de oro El galés también fue referencia para Sabatini (junto a Thomas Blood) a la hora de escribir El capitán Blood que sería llevada al cine por Michael Curtiz. Y el supuesto tesoro de Drake (su herencia) fue el gancho utilizado por Oscar Hartzell, el mayor estafador de EE. UU. en los años 20. Pero el romántico personaje de Errol Flynn poco tenía que ver con el tipo que el 28 de enero de 1671 saqueó y destruyó Panamá (lo que ahora es Panamá la Vieja) así como a sus habitantes estando vigente un tratado de paz entre Inglaterra y España. Una bárbara incursión sin muchos frutos que fue considerada entonces la más salvaje cometida por un corsario británico contra la Améri- El castigo de Morgan Malísimos modales La vida de Drake acabó en Portobelo en 1596. Ya era un héroe en Inglaterra. Allí se describían sus hazañas en pasquines chamuscándole la barba al rey de España Los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA han estado en los decorados reales pisados por piratas reales (pero menos atractivos que Tyrone Power o Johnny Depp) ca española. Morgan recibió su castigo. Carlos II se lo llevó a Inglaterra, le dio acomodo razonable en prisión y acabó nombrándolo caballero y gobernador de Jamaica. Para esa toma de la ciudad de Panamá, Morgan partió desde el fuerte de San Lorenzo, en la desembocadura del río Chagres, donde los muchachos de la Ruta Quetzal estuvieron acampados un par de días. Un lugar mágico (y sin los turistas de El Morro en San Juan de Puerto Rico) en plena selva (con monos aulladores a escasos metros de las tiendas) y cuajado de historia (incluso de pequeña historia de la Ruta: todos los que estuvieron recuerdan la clase de esgrima bajo la lluvia en lo alto del fuerte a cargo del profesor Martin Kronlund, fallecido hace unos meses) El Fuerte de San Lorenzo, la fortificación española más impresionante que aún queda en pie en Panamá, fue construido en 1597 en la desembocadura del río Chagres con el fin de proteger la costa de los piratas (fue una de las edificaciones encargadas por el rey Felipe II al ingeniero militar Juan Bautista Antonelli) El habitual gentío de la Ruta fue superado siglos atrás por los 500 hombres que el pirata dejó en la fortaleza (y más 150 en barcos en el río Chagres) antes de partir con 1.200 hacia la ciudad por el Chagres y por el Camino de Cruces (la vía colonial que unía el Pacífico y el Atlántico antes de que lo hiciera el Canal de Panamá) Los ruteros también atravesaron el antiguo Camino, aunque solo con la mochila pequeña en los hombros, nada parecido a lo que acarreaban por la misma ruta tanto los españoles (las mercancías procedentes de Perú, Baja California o Chile) como los hombres de Morgan (cañones y otras herramientas necesarias para sus fechorías) Tras la destrucción de la ciudad de Panamá, camino de vuelta para los piratas. En el Fuerte de San Lorenzo se repartieron el botín y luego lo destruyeron (los españoles lo reconstruyeron en 1677 para que en 1740 Edward Vernon lo volviera a destruir) En ese mismo fuerte en el que Morgan pirateó, en esa impresionante atalaya sobre el Chagres y el Caribe, los ruteros hicieron su tradicional aerobic mañanero (lo primero que hacen después de que Jesús Luna, el jefe del campamento, los despierte) Y algunos se comunicaron con sus padres en Arganda del Rey por videoconferencia gracias al satélite Hispasat (el mismo a través del que días después, el 29 de junio de 2008, en Nombre de Dios, pudieron ver, aunque ya empezada, la final de la Eurocopa) No todo va a ser leer a Lope de Vega.