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13 7 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Enigma Vuelo de Tetuán a Sevilla (Viene de la página anterior) ñol. Además, los escuchas de las baterías españolas de Algeciras declararon que a la hora del accidente no habían oído ruidos de disparos. Y en las comunicaciones secretas mantenidas entre los consulados británicos de Tetuán y Tánger con la embajada en Madrid en ningún momento se hacía mención a posibles actividades sospechosas de espionaje del avión de Iberia. Ahora, casi 70 años después, documentos encontrados en el Archivo Nacional de Londres sitúan a los alemanes detrás de la desaparición del avión. Así lo confirmó a su embajada en Madrid el cónsul británico en Tetuán, R. Monypenny, un día después del siniestro. Según Monypenny, la misma tarde del accidente tres pilotos alemanes, que habían operado previamente en el mismo servicio de Iberia, reaparecieron en el Hotel Nacional de Tetuán Esta reaparición, según las averiguaciones del diplomático inglés, no era casualidad, sino que se debía a que habían participado de forma directa en una acción criminal contra el aparato español, que consistía en introducir una elevada cantidad de agua en el depósito de combustible. El cónsul británico en Tetuán fue más lejos y dijo que había oído decir que si los pilotos alemanes, cuyos nombres dio, fuesen arrestados e interrogados, saldría la verdad de lo sucedido Sin embargo, las autoridades españolas no estaban por la labor de abrir esta línea de investigación y enrarecer sus relaciones con sus aliados nazis. Pero, ¿qué interés podrían tener los alemanes en impedir que Nuevos documentos ese vuelo llegara a su destino? Cuando en plena Guerra Civil, en agosto de 1937, la compañía Iberia reanudó sus vuelos en España, los aviones y tripulaciones eran alemanas. En ese momento, Iberia era propiedad de la aerolínea germana Lufthansa, que había comprado todas las acciones al empresario Horacio Echevarrieta. Esta situación se mantuvo hasta el final de la contienda. No fue hasta el mes de septiembre de 1939 cuando el Gobierno español decidió reorganizar el transporte civil y relevar a las tripulaciones alemanas por pilotos españoles procedentes del Ejército. Esta decisión no cayó bien entre los alemanes. El momento no era el más oportuno para sus intereses. Coincidía prácticamente con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la línea Tetuán- Sevilla era la atalaya ideal para observar, con pocos riesgos, los movimientos de la marina inglesa en el Estrecho de Gibraltar. Sin embargo, recién relevados los tripulantes alemanes, si se producía un accidente muy grave en esa línea, se pondría en entredicho la capacidad de los españoles para hacerse cargo con seguridad de los vuelos de Iberia. Esto facilitaba el regreso de los pilotos germanos, que hasta entonces habían operado entre Tetuán y Sevilla sin incidentes. Este accidente puede resultar muy favorable para los alemanes insistía en un informe secreto el cónsul británico en Tánger, Álvary Gascoigne, porque desacreditando a sus colegas españoles, los pilotos alemanes pueden ser reincorporados a esa línea de Iberia Gascoigne lamentaba la pérdida del aparato de Iberia, pilotado, según sus palabras, por un as de la aviación española, como era Eugenio Gross, porque se produjo justo después del cambio del personal alemán y esto podría tener consecuencias negativas para nuestros intereses en la zona añadía. La extraña desaparición de la aeronave de Iberia dio paso a una intensa colaboración entre los diplomáticos británicos y franceses para evitar la reincorporación de los pilotos alemanes. Los efectos de esta iniciativa no se hicieron esperar. Tres días después del accidente, el 21 de diciembre de 1939, un avión de Iberia que volaba de Larache a Canarias fue obligado por las autoridades francesas a aterrizar en Agadir, ante la sospecha de que fuera tripulado por alemanes. Al final, permitieron que el aparato reanudara el vuelo, pero sin la presencia de los tres alemanes que viajaban en él. A partir de ese momento, la presión anglo- francesa fue insistente sobre el Gobierno español para que durante la Segunda Guerra Mundial ningún piloto alemán volviera a ponerse a los mandos de un avión de Iberia en esa zona. ¿Accidente? ¿Derribo por fuego antiaéreo? ¿Sabotaje? El misterio sobre lo que le sucedió al Ju- 52 MCABA de Iberia permanece aún casi setenta años después. El avión español guarda el secreto en aguas del Estrecho de Gibraltar, a más de trescientos metros de profundidad. Colaboración En septiembre de 1939 el Gobierno decidió sustituir a la tripulación alemana que operaba en Iberia por pilotos españoles. Una decisión que no gustó nada a los nazis Avión Junkers JU- 52, como el desaparecido aquel 18 de enero de 1939 en aguas del Estrecho ABC