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13 7 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Duro cuerno Éxodo de somalíes y etíopes a Yemen Su drama apenas ha sido contado. No hay ojos electrónicos que den cuenta del espanto que sufren miles de migrantes que atraviesan el golfo de Adén y se juegan la vida. Huyen del Cuerno de África POR ALFONSO ARMADA FOTOS: MÉDICOS SIN FRONTERAS n el barco te golpean brutalmente, tienen armas de fuego y cuchillos. Las condiciones a bordo eran realmente malas. Prefería morir a seguir recibiendo palos. No teníamos agua ni nada que comer. Vas amontonado, la gente se te sienta encima y no te puedes mover. A veces se orinan o hacen sus necesidades encima de ti Son palabras de un somalí de 50 años procedente de Afgoye que, como miles de compatriotas y de etíopes, han puesto su suerte en manos de traficantes de almas del golfo de Adén. Abandonar el atribulado Cuerno de África es para muchos de ellos la única opción: llegar a Yemen, como destino final, o como tránsito hacia ámbitos menos arduos en Arabia Saudí o en los E Un equipo de MSF atiende a un refugiado llegado de noche a Yemen en septiembre de 2007 Emiratos. Atrás dejan países devastados por la sequía, el hambre, la corrupción, el despotismo, la guerra... la desesperación que se amartilla cada día, entre la indiferencia general del mundo. Las mismas aguas que surcó Arthur Rimbaud cuando decidió dejar atrás la civilización y la poesía para convertirse en traficante de armas y otras mercancías nada inocentes, son ahora territorio de caza de piratas somalíes y campo de maniobras de los traficantes que sacan partido a la necesidad. Sin otra opción: refugiados, solicitantes de asilo y migrantes somalíes y etíopes que cruzan el golfo de Adén hacia Yemen es el título del estremecedor informe elaborado por Médicos sin Fronteras, en el que se recogen testimonios como el de ese somalí de Afgoye, y de otros igualmente tristes. No tienen piedad. Me metieron en la peor parte del barco, en la bodega. Cuando levantaba la cabeza para respirar, los traficantes me pegaban con las culatas de sus rifles cuenta un mecánico de coches de 49 años procedente de Mogadiscio. Una de las pocas organizaciones no gubernamentales que siguen operando en el infierno somalí- -un país en ruinas desde que en 1991 fuera derribada la viciosa dictadura de Siad Barre y el régimen fue sustituido por un cafarnaún de señores de la guerra MSF se ha visto obligado a retirar a su personal internacional de localidades como Mogadiscio, Johar o Galkayo, porque la industria del secuestro es ya una de las más florecientes de la región. Desde que en septiembre del año pasado iniciaran un proyecto de puntos de vigilancia y equipos móviles en la extensa costa de Yemen, MSF ha prestado asistencia a 6.000 refugiados y migrantes. Si en el año 2007 fueron no menos de 30.000 personas las que emprendieron el viaje desde el puerto somalí de Bossaso, en la semiautónoma provincia de Puntlandia, en los cinco primeros meses de este año han arribado a las playas yemeníes más de 20.000 exiliados, más del doble de los llegadas durante el mismo período del año pasado. Las tasas de mortalidad son muy elevadas: más del 5 por ciento mueren en el intento. Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) fueron 654 los muertos confirmados y 754 los desaparecidos en 2007, aunque se cree que las cifras reales son mucho más altas. Salimos de Bossaso en una barca en la que viajaba mucha gente, unas 130 personas. Los etíopes fueron separados de los somalíes. A los somalíes se les trataba mejor. A nosotros, los etíopes, nos metieron en la parte de abajo. Los traficantes nos golpeaban con palos e incluso con cinturones. Cuando nos aproximamos a la orilla, nos ordenaron que saltásemos al agua. Algunos no sabían nadar y cuatro murieron ahogados relató un grupo de seis etíopes.