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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE El famoso luchador mexicano posa ataviado con una de sus características máscaras y una camiseta de la selección española de fútbol SUPERESTRELLA DE LA WWE Rey Mysterio Nuestra obsesión es que los niños nos imiten sólo en la videoconsola TEXTO: M. A. B. FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO a cita es en un céntrico hotel de Madrid. Óscar Gutiérrez Rubio, más conocido como Rey Mysterio, viaja con un séquito de agentes de prensa. Está entusiasmado con dos tópicos españoles de estos tiempos: la selección española de fútbol y José Tomás. Lleva puesta la camiseta de la roja y lee en ABC la crónica de la última faena del mito del toreo. Estuve viéndole en las Ventas. Arriesga mucho y por eso le quieren tanto. Es tan apasionado que parece que quisiera morir en la plaza. A mí no me gustaría morir en el ring bromea. Es bajito (1,67 metros) y habla con un dulce acento mexicano, pero es matón como pocos. En un mundo de gigantes, su ágil y peculiar estilo, y su movimiento final (el célebre y acrobático 619 le han permitido atesorar L un envidiable currículo, que incluye ocho campeonatos de peso crucero, cuatro campeonatos por parejas de la WWE y una victoria en el Royal Rumble. Actualmente se recupera de una lesión. ¿Cómo nace Rey Mysterio? -Llevo la lucha libre en la sangre. Mi tío, el primer Rey Mysterio, me introdujo en este deporte de gran tradición en México, muy vocacional y que exige mucho sacrificio. No te das cuenta de este último aspecto hasta que estás casado, tienes hijos y debes dejarlos atrás. De soltero está muy bien, es una actividad que me ha permitido viajar y conocer mundo. Después maduré y comprendí la preocupación de mis padres, aunque ellos apoyaron mi empeño desde el primer día. Empecé a los ocho años; yo era el más chamaquito en la escuela de mi tío, que me tra- taba como a cualquier otro luchador y me hablaba de usted. Cuando los otros chicos me hacían llorar o sangrar me arrinconaba en una esquina para que nadie me viera, pero acababa por regresar al ring. ¿Soñaba alguna vez, siendo niño, con enfrentarse a esas moles de dos metros de altura que salían en televisión? -Soñaba con ser luchador, pero claro, veía a Hulk Hogan y otras estrellas del pressing catch y me decía están grandísimos ni se me pasaba por la mente alcanzar ese nivel. Por suerte el éxito ha llegado poco a poco, desde que siendo un adolescente inicié mi carrera en Tijuana (México) hasta mi debut en la WWE en 2002. -Su inimitable estilo volador ha supuesto una revolución en la lucha libre... -Al principio ni yo mismo aceptaba el cambio. Pero había gente que me aseguraba que estaba cambiando el concepto de la lucha libre, que era un ídolo en México porque había puesto a los latinos en todo lo alto... Bueno, a lo mejor es cierto, nunca he sido muy creído, he tenido los pies en el suelo. Ahora sé por qué mi tío me hacía llorar: para respetar lo que hago. ¿Cuáles son los rivales que han marcado su carrera? -Sin duda Eddie Guerrero ha sido especial. Con Batista como pareja también he compartido muy buenos momentos. Yo traía velocidad y él fortaleza; muy pocas veces se ha visto esa combinación. -Los luchadores son, además de deportistas, consumados actores. ¿Mantienen el control sobre sus personajes? -Básicamente sí, aunque si algo no va bien la empresa te aconseja y te guía. A mí en ocasiones me han dicho que no sea tan agresivo, pero es que me siento como un chamaco al que haces enojar y me sale la furia. -Gran parte de sus fans son chavales. Debe ser complicado encontrar el equilibrio entre violencia y entretenimiento. -Nuestra obsesión es que los niños nos imiten sólo en la videoconsola. Les decimos: somos profesionales entrenados y, aun así, sufrimos lesiones. Así que, por favor, no lo hagáis en casa.