Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 7 08 CLAVES DE ACTUALIDAD La cólera de Sarkozy POR JUAN PEDRO QUIÑONERO. PARÍS FOTO: AFP ¡Truenos! En sus arrebatos de ira el presidente de Francia se deja llevar por un lenguaje intemperante y barriobajero, en el que no ahorra insultos, centellas e interjecciones en un estilo insólito en el Elíseo l presidente Nicolas Sarkozy ha introducido en el arte de la comunicación y la acción política francesa un lenguaje y unas tácticas que causan estragos: giros y palabras de taberna y barriadas inmigrantes, tuteo barriobajero, confidencias secretas destinadas a difundir verdades atroces, confesiones personales sin precedentes, difusión interesada de intimidades utilizadas como armas asesinas. Con la perspectiva de un largo quinquenio de ocupación permanente de la escena pública, convertida en campo de batalla sin cuartel, ya es posible fechar ese giro de la acción política en el corazón del Estado. El 20 de junio del 2005, Nicolas Sarkozy, por entonces ministro del Interior, realizaba una visita oficial a un barrio pobre, La Courneuve, en la periferia norte de París, acompañado de una guardia pretoriana de fotógrafos y equipos de radio y televisión v, tras el homicidio de un niño de once años, víctima de balas perdidas, quizá cruzadas en el enfrentamiento entre dos bandas de maleantes. Ante las cámaras, Sarkozy, rodeado de inmigrantes pobres declaraba: ¡Yo limpiaré este barrio de gentuza, recurriendo a los medios que sea necesario Era el comienzo de una inflamable escalada verbal. El 26 de octubre de aquel año, cuando visitaba otro barrio pobre, en Argenteuil, el entonces ministro fue recibido a pedradas e insultos por bandas de adolescentes. Desde la ventana de un edificio de inmigrantes sin recursos, una madre rompió a gritar: ¡Sarkozy, libéranos de estas bandas de golfos y granujas! A paso de carga verbal, ante las cámaras que filmaban, Sarkozy respondió a gritos: ¡Señora, está usted har- E ta de estos golfos, eh... pues bien, yo me ocuparé de limpiar este barrio de gentuza! La palabra racaille (gentuza, chusma, granuja, gamberro) fue un detonante explosivo. Días más tarde, el mismo Sarkozy insistía: Si es necesario, recurriré a las fumigadoras para limpiar esos barrios de golfos y granujas (racaille) La Francia profunda reaccionó automáticamente en apoyo del uso público de un lenguaje viril popular Semanas más tarde estallaron las violencias más graves que ha conocido el país desde la guerra de liberación de Argelia. Ministro del Interior, Sarkozy tardó varios semanas en cerrar la crisis. Pero no hubo muertos. Se consumaron centenares de detenciones. Y la introducción del lenguaje barriobajero en la acción política irrumpía de manera espectacular en la acción política del político. Durante un viaje de trabajo a Alsacia, Sarkozy coincidió con otro ministro de Jacques Chirac, Azouz Bégag, ministro delegado de Integración, de origen norteafricano, que se atrevió a ironizar públicamente contra su deslenguado colega en el Gobierno. De vuelta a París, ante un grupo de periodistas, Sarkozy lo ajusticiaba con brutalidad: Cuando yo hablo, tu cierras tu bocaza, gilipollas Unas semanas después, durante una visita oficial al Salón de la agricultura, un visitante se apartó aparatosamente de Sarkozy, diciéndole ante un micrófono. No Cierra la bocaza Estoy rodeado de payasos. En esta casa (el Elíseo) no tengo confianza en nadie. Son todos una banda de nulidades. Los buenos consejos me vienen de fuera me de la mano, que me ensucia Ante el mismo micrófono, Sarkozy respondía: Largo de aquí, cabroncete Con el tiempo, los mejores analistas, psiquiatras, publicitarios y especialistas en comunicación política, interrogados por semanarios, radio y televisión intentando comprender el caso Sarkozy han llegado a la misma conclusión: Sarko comprendió hace años que había una demanda de lenguaje directo en la opinión pública. Los excesos verbales caen mal entre las elites. Pero pasan o caen más o menos bien entre otras capas sociales. Y, por su parte, Sarkozy había comenzado a utilizar los excesos verbales, en