Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 7 08 EN PORTADA ¿Un nuevo patriotismo? EE. UU. Patriotas épicos, patriotas críticos Hay en este país un patriotismo henchido de orgullo y leyenda. Pero no deja de ser curioso que la otra América- -la que lee a Chomsky y Gore Vidal- -sea tan patriota y amiga de la bandera como la primera POR: ANNA GRAU. NUEVA YORK a lo decía Anthony Machado: Americanito que vienes al mundo, guárdete Dios; una de las dos Américas ha de helarte el corazón Bromas aparte, es verdad que existen dos ideas de América, dos maneras de ser patriota americano, que pueden llegar a ser tan irreconciliables como las dos Españas de Machado. La primera América hunde sus raíces en los peregrinos ingleses bajándose del Mayflower y culmina con la gloriosa declaración de independencia de la Gran Bretaña. Los niños estadounidenses aún estudian el poema de Longfellow donde se describe la legendaria cabalgata nocturna de Paul Revere, platero de Boston y patriota, para avisar a los revolucionarios americanos de que los regulares británicos venían a por ellos. Otro gran patriota de la época fue el cervecero Sam Adams, cuyo néctar se paladea con un plus de exaltación. Es como acercar los labios a la Historia de una América idealizada: a los valientes pioneros fundando un inconmensurable país ganado a la naturaleza y a los indios. Luego vinieron los negros, que al principio lo pasaron muy mal, pero al final incluso ellos tuvieron la oportunidad de ser buenos americanos gracias a la grandeza de Lincoln. Norteamérica es tan maravillosa que es normal que todo el mundo anhele cambiar su patria por ella. Gente de toda raza y condición que, cuando viene a dar lo mejor y a trabajar duro, encuentra siempre su sitio. La tierra de los libres. La casa de los valientes. El nuevo mundo que siempre tiene que ir al rescate del viejo. EE. UU. ganó la guerra fría y para la guerra de Irak le ha faltado el canto de un dólar. Esta es una América. Luego está la América que cuando oye to- Y do esto se pone de los nervios. La América que lee a Noam Chomsky y a Gore Vidal y- -a otra escala- -ve películas de Michael Moore, que hace campaña contra la pena de muerte, contra la prisión de Guantánamo y contra el cambio climático, del que considera a su país el principal culpable. La antiépica americana también viene de lejos. Empieza cuestionando a los padres fundadores, que parecen un poquito menos heroicos si en vez de a la poesía de Longfellow se atiende al eslogan de las colonias contra el Reino Unido: No taxation without representation es decir, no pagaremos impuestos si no tenemos representación política. Nación y negocio Seguramente no fue casualidad que todos los independentistas americanos fuesen plateros o cerveceros, es decir, gente con negocio propio. La versión desmitificadora presenta la fundación del país casi como la de una empresa: con una mano se sacuden al accionista inglés, con la otra echan a los dueños originales de la tierra, que eran los indios. Y cuando ya se la han quitado, ponen a trabajar en ella a los negros. De aquellos polvos vienen lodos como el Ku Klux Klan y unas leyes de segregación racial vigentes hasta hace menos de un siglo. Más los asesinatos de Kennedy y de Luther King, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, la caza de brujas de McCarthy, la matanza de My Lai (soldados norteamericanos asesinaron a sangre fría a 504 vietnamitas, en su mayoría ancianos, mujeres y niños) el caso Watergate... Y por supuesto George W. Bush. Pero este tipo de patriotismo a la contra no es menos ardiente que el otro. A patriotas inapetentes de otros países les choca llegar a EE. UU. y ver que allí hasta los más antisistema ven normal una bandera en cada esquina. Con muy pocas excepciones el antiamericano no odia su país. Piensa que es el mejor y más grande del mundo, sólo que secuestrado por una turba de fundamentalistas y canallas. Luego vienen los que están pero no son. La vasta masa de re-