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6 7 08 EN PORTADA España ¿Un nuevo patriotismo? (Viene de la página anterior) que tiene mucho de paterna y heroica, como el Kutuzov de Guerra y paz Cazurro, tesonero, intuitivo, autoritario. Un modelo de padre para una sociedad de adolescentes crónicos, que en el fondo suspira por alguien que se tome en serio la función paterna y esté dispuesta a asumirla. Yo creo que Chikilicuatre ha puesto en escena lo peor de la deriva infantiloide del país, produciendo cierta vergüenza colectiva, y que Aragonés nos ha devuelto algo de autoestima. Todo en el plano del espectáculo, que es en el único en que somos capaces de vivir- -como simulacro- -emociones nacionales. Luis Aragonés, obviamente, no es un padre, sino un seleccionador. Pero menos da una piedra. Reconozco que Aragonés me enternece, José Tomás me conmueve y Chikilicuatre me indigna. Catarsis sentimentales, en cualquier caso prepatrióticas. Unión, Progreso y Democracia (UPyD) y el Manifiesto por la Lengua Común pertenecen al mismo orden y tienen un mismo origen: la izquierda antinacionalista, que es, por definición, antisentimental. Rosa Díez y Fernando Savater pretenden encarnar un patriotismo pragmático, que huye de los símbolos y subraya lo que en la nación de ciudadanos hay de sentido común En la misma línea abunda la escritora Irene Lozano, que acaba de publicar El saqueo de la imaginación sobre las manipulaciones del lenguaje: No creo que haya un nuevo patriotismo que se haya encauzado a través del triun- fo de la selección. El fervor popular ante una victoria futbolística es antiguo, lo que pasa es que aquí no se vivía desde hacía varias décadas. Mucha gente, y sobre todo gente joven (los más dispuestos a salir a la calle a celebrar cualquier cosa) ha llevado la bandera de España tranquilamente: es la de su país, y no le da más vueltas. La identificación con una enseña es emocional y tan comprensible es que les dé urticaria a las generaciones de más edad como que los jóvenes la lleven para manifestar externamente su apoyo a la selección sin acordarse de Franco. Ojalá hubiera un nuevo patriotismo, menos irracional, más consciente del privilegio que supone vivir en un país en el que existen los derechos y los impuestos, como éste, y también más exigente frente a la corrupción y la opacidad de los gobernantes. Eso sí sería novedoso. En cuanto al manifiesto, lo he leído más de una vez y muy despacio, y me da la impresión de que sus autores han tratado deliberadamente de evitar una adhesión emocional a la lengua, atribuirle las esencias nacionales o presentar su defensa como una cuestión de patriotismo, probablemente para no caer en los excesos del nacionalismo llamado periférico que con frecuencia muchos hemos criticado Para el polemista Arcadi Espa- da, en los muchos análisis sobre la selección española de fútbol faltaba uno que le parecía decisivo: Veo en la calle barcelonesa, gritando ¡España, España! a muchísimos inmigrantes. La nueva España, de veras La presencia de inmigrantes en el Ejército no ha dejado de crecer desde que en 2002, con un Gobierno presidido por Aznar, se abrieran las puertas del garante de la soberanía patria a los no nacionales para paliar el déficit de nuevos reclutas que trajo como consecuencia la supresión de la mili Son inmigrantes que se juegan la vida por España (y que han mordido el polvo del Líbano y Afganistán) Se queja Espada en su Ebro Orbe de que los furores nacionalistas han acabado con la trama de los afectos que unía a los españoles. España es, ciertamente, una empresa difícil, fracasada, utópica. Una de las pruebas indiscutibles de la estúpida dificultad española se produce cuando algunas de las comunidades autónomas deben ponerse de acuerdo para impulsar algún proyecto en común, dictado por la geografía o la historia Su melancolía se recrea en la Transición: Hubo un momento, piensa el viajero, cegado por la sal, en que esa trama de afectos pareció consolidarse institucionalmente. Fue la Transición, pero como su nombre indica sólo se trataba de ir a alguna parte. El dónde lo han decidido los nacionalismos para terminar con cierta tristeza lúcida, que me temo que los fastos de la Eurocopa no han aminorado: Quedan afectos, pero no hay trama. Sin trama no hay trasvase. Agua entre las manos. Trasvase, repite el viajero. ¿Cuál es su antónimo? España. La España antónima, ya mero pleonasmo Una triste constatación que el lector quisiera pensar que algún día podrá borrarse, además del egoísmo desaforado, el narcisismo enfermizo de tantos españolismos a la inversa, el alicatado moral hasta el techo. Barrerlo para que volvieran los afectos y pudiéramos trabar de nuevo la trama de un país, de una fogata civil llamada España. Porque se había acabado la tontería financiada por el presupuesto, por la sopa boba, por la saturación de la identidad bajo el pretexto de defenderse del imperialismo español, con raíces en el torvo, rancio franquismo que tantos estragos ha hecho en el alma y el entendimiento. Lo dicho, melancolías. Versión extensa en: www. abc nacional prensa noticias domingos domingos 200807 04 alfonso arm ada. xml Los nacionalismos deciden Jon Juaristi: El fervor por la roja pertenece al orden de lo espectacular el único en que somos capaces de vivir- -como simulacro- -emociones nacionales Dos seguidoras del equipo español celebran el triunfo en la Eurocopa de fútbol AFP